Leonardo y Rheinmetall cierran 4.160 millones en blindados A2CS y carro MBT para el Ejército italiano

Los dos contratos encajan en el programa de modernización terrestre de Roma y llegan sin confirmación oficial de las compañías. Rheinmetall gana escala industrial justo cuando España ultima sus decisiones sobre el carro de combate.

Leonardo y Rheinmetall habrían cerrado dos contratos con el Ejército italiano por 4.160 millones de dólares en blindados A2CS y carros MBT. Lo adelanta el diario MF, sin confirmación oficial de ninguna de las partes.

Lo que se ha firmado, lo que se niega y lo que todavía no cuadra

La información la publicó el pasado jueves el diario financiero italiano MF, la cabecera que mejor sigue los entresijos del Ministerio de Defensa en Roma. El paquete, según esa versión, asciende a 4.160 millones de dólares —del orden de 3.800 millones de euros al cambio de este otoño— y cubre dos líneas distintas: la familia de vehículos de combate A2CS y el nuevo carro de combate de generación MBT (main battle tank). Ambos pedidos se inscriben en el programa de modernización militar que Italia viene desplegando desde hace tres ejercicios.

Ninguna de las dos empresas lo confirma. El consorcio alemán del blindaje declinó hacer comentarios. El consejero delegado de Leonardo, Lorenzo Mariani, se refugió en la prudencia: no puede confirmar que el contrato esté firmado porque ‘cualquier comunicación sobre este asunto debe coordinarse con nuestros clientes. Traducido al lenguaje de la industria, la firma existe cuando la anuncia el cliente, no cuando la filtra el proveedor.

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Sobre el estado real del programa, en cambio, Mariani fue mucho más locuaz. Lo hizo en Roma, al margen de la reunión anual del Fondo Italiano d’Investimento. ‘El programa está listo para entrar en producción por nuestra parte. Trabajamos activamente tanto en el programa del carro como en el sistema de combate futuro y avanzamos en ambos en estrecha cooperación con Rheinmetall’, declaró. La palabra que importa es producción: no estamos ante un memorando de intenciones, sino ante una cadena industrial preparada para arrancar.

Conviene glosar qué se compra. A2CS es la etiqueta con la que Roma agrupa a la nueva familia de vehículos de combate de infantería llamada a relevar de forma progresiva a los Dardo y a los transportes blindados heredados de la Guerra Fría; el carro MBT se plantea como sustituto del Ariete, un modelo que arrastra problemas de disponibilidad desde hace una década. El doble salto —caballería y infantería mecanizada a la vez— es lo que ninguna industria europea podía ofrecer en solitario hace seis años y lo que hoy solo tres o cuatro consorcios pueden entregar con plazos creíbles.

Un contrato de 4.000 millones no se mide en unidades entregadas, sino en la capacidad de imponer precio y calendario al resto del continente durante la próxima década.

El vehículo industrial ya existe: Leonardo y Rheinmetall constituyeron en 2024 una sociedad conjunta al 50% que integra electrónica, torretas y munición en una sola cadena de responsabilidad. Mariani subrayó tres razones para los carros —modernización de la defensa italiana, exportaciones y asociación con el socio alemán— y las tres apuntan al mismo sitio. La exportación no es un adorno retórico. Es lo que permite amortizar utillaje, sostener la cadena de suministro y defender ante el Parlamento un desembolso que ninguna de las partes ha desglosado por plataforma ni por anualidad. Ahí está el hueco: 4.160 millones sin reparto público entre carro y blindado, sin número de unidades y sin calendario de entregas.

Por qué Roma acelera su rearme terrestre justo ahora

El calendario político explica la prisa. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados se comprometieron a una senda de gasto que debe alcanzar el 5% del PIB en 2035, con un escalón intermedio del 3,5% en capacidades puramente militares. Italia parte de una posición incómoda, en torno al 1,5% del PIB, y llega tarde a un reparto en el que el aire y la marina ya se han llevado la mayor parte del dinero europeo. El segmento terrestre era el pariente pobre del rearme continental. Ha dejado de serlo.

Hay una segunda capa, industrial y política. La base de datos de gasto militar de SIPRI confirma que el suelo europeo concentra buena parte del crecimiento del gasto desde 2022, y ese dinero está reordenando el mapa de proveedores. Frente al eje francoalemán de KNDS y el programa MGCS, Roma y Berlín ensayan una alianza alternativa con Leonardo y Rheinmetall como socios. Italia aporta demanda y electrónica; Alemania, acero, tracción y ritmo de fábrica. Si los volúmenes italianos se confirman, el consorcio entrará en la liga de los grandes exportadores de blindados junto a los surcoreanos y los estadounidenses.

Equilibrio de Poder

Washington observa el movimiento con interés comercial y recelo estratégico. La base industrial terrestre estadounidense, dominada por General Dynamics Land Systems, ha perdido cuota en Europa frente a los fabricantes locales, y la Casa Blanca ha convertido la compra de material americano en moneda de cambio habitual en las negociaciones aliadas. Moscú, por su parte, mantiene su ventaja tradicional en volumen de carros —modernizaciones del T-90M y del T-80—, pero depende de máquinas herramienta importadas y de un ritmo de producción que la sanciones han encarecido. Bruselas tiene la llave financiera: el instrumento SAFE, con 150.000 millones en préstamos, y el programa EDIP han convertido a Italia en uno de los Estados que más financiación ha solicitado. Leer este contrato como una operación italiana es quedarse corto; es el primer gran dividendo del rearme europeo.

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Para España, la noticia no es ajena. Rheinmetall es socio del consorcio TESS Defence que fabrica el 8×8 Dragón, el vehículo llamado a motorizar las brigadas del Ejército de Tierra, y su peso negociador crece con cada pedido que suma en Europa. También pesa en el debate pendiente sobre el futuro carro de combate español, donde conviven la tentación de una evolución del Leopard 2E, la vía del MGCS francoalemán y la opción de plataformas disponibles en catálogo. Cuanto más grande sea la serie italiana, más baratas resultarán las unidades adicionales para cualquier cliente europeo que se sume después; y también más difícil será para la industria española defender cuotas de retorno industrial en una cadena ya ocupada.

En la frontera sur, el efecto es indirecto pero real. Marruecos ha modernizado su caballería con carros Abrams estadounidenses y ha diversificado proveedores con artillería israelí y sistemas turcos; Argelia sigue anclada al material ruso y las juntas del Sahel reconstruyen sus parques con equipo soviético reciclado y suministro ruso. Una Europa con base industrial terrestre propia cambia la ecuación: permite sostener en el tiempo una brigada acorazada sin depender de cadenas transatlánticas, algo que hasta ahora solo garantizaban Washington y, en menor medida, Ankara.

La lectura a cinco o diez años es la de una consolidación con pocos ganadores. El precedente más útil es el reparto de retornos del Eurofighter en los ochenta y la producción bajo licencia del Leopard 2E en Sevilla: España supo entonces convertir una compra en capacidad industrial. La diferencia es que hoy el socio tecnológico dominante no es un consorcio de Estados, sino una empresa privada con una cartera que le permite elegir interlocutor. Ese es el punto débil del análisis optimista: el rearme europeo puede acabar concentrando precio y calendario en una sola firma alemana, con los gobiernos en posición de cliente. La próxima ventana es concreta. La ley de presupuesto italiana se vota en diciembre de este año y debe contener las anualidades; después llegará la reunión de ministros de Defensa de la OTAN de febrero de 2027 y el nuevo Military Balance del IISS, que medirá si el salto terrestre europeo es real o de folleto.