El azulejo español celebra el acuerdo del CBAM sobre CO2 pero espera el visto bueno del Consejo

Ascer pide prudencia: el texto aún debe superar el trílogo entre Parlamento, Consejo y Comisión antes de ser definitivo. Francia y Alemania se desmarcaron del benchmark específico que ahora respalda la Eurocámara.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Parlamento Europeo ha respaldado por amplia mayoría introducir un benchmark sectorial para las baldosas cerámicas en la asignación gratuita de derechos de emisión del EU ETS, lo que dejaría sin efecto el recorte que la Comisión Europea tenía previsto para 2026-2030.
  • ¿Quién está detrás? La Eurocámara frente a la Comisión y al Consejo de la UE. Francia y Alemania se habían desmarcado del benchmark específico; Ascer, Cerame-Unie y la industria italiana lo impulsan desde hace meses.
  • ¿Qué impacto tiene? Beneficio directo para el clúster cerámico de Castellón, aún pendiente del trílogo. Si prospera, evita costes de CO2 que amenazan la competitividad frente a Turquía, India y China.

El azulejo de Castellón celebra la votación del Parlamento Europeo sobre el CO2, pero la batalla del CBAM sigue abierta. La Eurocámara ha respaldado por amplia mayoría introducir un benchmark sectorial —el indicador técnico que fija cuántos derechos gratuitos de emisión recibe cada industria— adaptado a la realidad del sector cerámico, lo que dejaría sin efecto el recorte que la Comisión Europea tenía previsto aplicar. La patronal Ascer lo califica de avance ‘muy relevante’, pero pide prudencia: el texto todavía debe superar el trílogo (la negociación a tres entre Parlamento, Consejo y Comisión que cierra cada ley europea) y recibir el visto bueno definitivo del Consejo de la UE.

Qué ha votado exactamente la Eurocámara y por qué se confunde con el CBAM

El respaldo parlamentario no es una victoria cerrada, sino una posición negociadora. El Parlamento Europeo ha fijado su mandato y ahora ese texto choca con la propuesta original de la Comisión Europea, que apostaba por endurecer el reparto de la asignación gratuita de derechos de emisión de CO2 dentro del mercado de carbono de la UE (EU ETS). Frente al recorte que proponía Bruselas, la Eurocámara ha respondido con un benchmark sectorial que reconoce las particularidades tecnológicas del azulejo.

Conviene separar dos conceptos que el debate público mezcla. El EU ETS regula las emisiones de las fábricas europeas y su asignación gratuita de permisos. El CBAM (el mecanismo de ajuste en frontera de carbono) es la otra pieza del puzle: grava las importaciones de sectores intensivos en carbono para que no entren en la UE productos más baratos por no pagar el coste climático. La industria cerámica española libra su batalla en el terreno del ETS, pero mira de reojo al CBAM porque, si Bruselas recorta los permisos gratuitos sin extender la protección en frontera, competirá en desventaja con Turquía, India o China.

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Cerame-Unie, la federación europea del sector, ha valorado el paso como un avance hacia ‘un marco ETS que refleje mejor las realidades de la descarbonización industrial’. La propuesta parlamentaria fija, según la organización, indicadores más realistas de calor y combustible para 2026-2030, con una tasa de reducción indicativa del 12,5%, e incorpora referencias sectoriales de respaldo para las baldosas cerámicas y los materiales refractarios. Un ajuste técnico con consecuencias económicas directas.

El impacto en Castellón: gas, empleo y competencia desleal

cerámica Castellón Bruselas

Castellón concentra la mayoría de la producción española de azulejo, un clúster exportador que sostiene miles de empleos directos e indirectos y que depende del gas natural para procesos que aún no tienen alternativa electrificable. El delegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Roger Llanes, lo ha recordado: la industria tiene ‘particularidades tecnológicas’ y no dispone todavía de sustitutos viables al gas para determinadas fases de producción. Traducido a la cuenta de resultados: si el coste de emitir sube por encima de lo que la tecnología permite reducir, el margen se lo come el recibo energético.

El Gobierno de España se ha comprometido a seguir trabajando con las instituciones europeas para que la regulación permita ‘avanzar en la descarbonización sin comprometer la competitividad ni favorecer la deslocalización’. Ahí está la letra pequeña: el riesgo no es solo pagar más por emitir, sino que la producción se traslade a países con normas ambientales más laxas y regrese luego a Europa convertida en importación.

El benchmark cerámico no es un tecnicismo: es la diferencia entre producir en Castellón o comprar el azulejo a quien no paga ni un euro por contaminar.

El Eje del Poder Europeo

El pulso no se libra solo en Bruselas. Francia y Alemania se desmarcaron hace meses de la idea de un benchmark específico para el azulejo: los dos grandes motores comunitarios prefieren reglas homogéneas que no fragmenten el mercado de carbono. Frente a ellos, España e Italia —los dos países con mayor peso cerámico de la UE— han empujado una reivindicación que el sector trabaja desde finales del año pasado junto a Cerame-Unie y los distintos grupos parlamentarios. El amplio respaldo de la Eurocámara funciona como contrapeso político frente a la resistencia del eje franco-alemán.

La geometría es reveladora. Los países del sur, con industrias intensivas en energía y un mix eléctrico distinto al del norte, reclaman reglas que reconozcan su realidad tecnológica; los frugales del norte, y los Estados con menor peso industrial, tienden a mirar el coste climático con otro prisma. Y la Comisión, que había propuesto el recorte, ahora tendrá que sentarse en el trílogo con un Parlamento que ha votado lo contrario. Nada está cerrado: el Consejo aún no ha fijado su posición final y su visto bueno es imprescindible para que el texto salga adelante.

La lectura a cinco años es clara. El Fit for 55 ha convertido el mercado de carbono en el gran campo de batalla de la competitividad industrial europea. La reforma del ETS acordada en 2023 ya avanzó la eliminación progresiva de los permisos gratuitos y el despliegue del CBAM como contrapeso en frontera. Lo que se decide ahora es cómo se reparte el coste entre sectores que pueden descarbonizarse rápido y otros, como el cerámico, que dependen de tecnologías aún inmaduras. El precedente de la crisis energética de 2021-2022 —con el gas disparado y las fábricas cerámicas al borde del cierre— pesa en cada negociación.

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El siguiente hito es el trílogo. Las próximas semanas y meses serán decisivos, según reconoce la propia patronal, para casar la ambición climática con la supervivencia de un tejido industrial que exporta desde Castellón a medio mundo. El resultado final deberá someterse otra vez a votación y nadie lo da por cerrado. Mientras el texto viaja entre Bruselas, Estrasburgo y los Estados, el azulejo aguanta el pulso con la misma prudencia con la que celebra: un paso ganado, dos por jugar.