La Policía Nacional ha constatado la presencia de ciudadanos españoles captados como teleoperadores en centros de ciberestafa de Turquía, Ucrania y los Balcanes. Lo confirma un inspector de la Unidad de Ciberdelincuencia del cuerpo, que describe oficinas clandestinas organizadas como empresas: formación, fichajes, objetivos y comisiones. Las redes vacían cuentas de víctimas en Europa con llamadas que suplantan a policías y a empleados bancarios.
Qué ha constatado la Policía Nacional: españoles captados como teleoperadores
«Tenemos constatada la presencia de ciudadanos españoles que han sido captados como teleoperadores», explica el investigador. Unos llegan engañados por anuncios de empleo; otros conocen en parte la actividad. El negocio mueve millones de euros y ya no se limita al Sudeste Asiático.
El inspector recuerda el caso de una fuente policial reclutada que abandonó la oficina una semana después. «Se volvió por remordimiento de conciencia». En las fronteras de Birmania, Laos y Camboya miles de personas han acabado sometidas a redes de trata; en los centros europeos investigados, las condiciones se acercan más a las de una empresa clandestina.
Del polígrafo a las comisiones: así funciona una de estas oficinas
El aspirante debía superar un polígrafo para demostrar que no tenía vínculos con la policía ni pretendía delatar el negocio. Si pasaba, recibía formación breve: le enseñaban a mentir, a manipular a la víctima y a convencerla de que transfiriera sus ahorros. Después, la rutina de cualquier oficina: fichar, ocupar una mesa, cumplir objetivos.
El modelo reproduce la estructura de una compañía comercial. Un responsable aporta el edificio y la infraestructura tecnológica. Debajo, equipos divididos por mercados geográficos, cada uno con un jefe de mesa que aspira a independizarse y abrir otra oficina. «Eran como franquicias», resume el inspector.
En los centros europeos investigados no constan castigos físicos por incumplir objetivos: la presión llega por metas y comisiones.
En la red desmantelada en Ucrania, los operadores cobraban hasta el 7% de cada fraude consumado. En Tirana, los empleados percibían unos 800 euros mensuales y trabajaban en equipos organizados por el idioma de las víctimas, incluido el español.
Las operaciones que han puesto cifras al negocio
La dimensión de la industria quedó al descubierto en marzo de 2025 con Scam Empire, una investigación del consorcio OCCRP y más de 30 medios internacionales basada en una filtración de 1,9 terabytes de información interna.
El material permitió reconstruir dos redes asentadas en Georgia, Israel y varios países europeos: entre 2021 y 2025 recibieron al menos 275 millones de dólares de más de 32.000 personas. España figuraba entre los principales mercados de una de ellas.
Las operaciones posteriores confirmaron que no eran episodios aislados.
- Diciembre de 2025, Ucrania. Una investigación coordinada por Eurojust (la agencia de cooperación judicial de la Unión Europea) actuó contra centros de estafa en Kiev, Dnipró e Ivano-Frankivsk: un centenar de personas reclutadas, más de 400 víctimas y pérdidas superiores a diez millones de euros.
- Abril de 2026, Albania. Tres centros desmantelados en Tirana con 443 ordenadores y 238 teléfonos incautados. Las pérdidas estimadas superaban los 50 millones de euros.
- Julio de 2025, Barcelona. La Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos desarticularon una organización que había estafado más de diez millones desde oficinas de la ciudad. Hubo 21 personas detenidas.
El rastro del dinero y el estado de la investigación
La modalidad más extendida es la suplantación de autoridad. La víctima recibe una llamada de alguien que dice representar a un organismo oficial y le advierte de que su dinero corre peligro; le ofrecen trasladar los fondos a una cuenta segura que pertenece a la organización.
«No es una llamada a puerta fría», advierte el inspector. Los operadores manejan datos previos de la entidad financiera, el teléfono y el correo electrónico, y con ellos construyen un relato creíble. La inteligencia artificial refuerza el engaño con voces sintéticas y documentos manipulados.
Seguir el dinero es la vía principal de investigación. Los fondos robados circulan primero por cuentas nacionales o europeas y viajan después a Turquía, Hong Kong o China. La técnica pierde eficacia, admite el inspector, por la velocidad del dinero y la lentitud de los sistemas judiciales. A ello se suma la dispersión de servidores, cuentas, y carteras de criptomonedas entre jurisdicciones.
Carmen Jordá Sanz, criminóloga de la Universidad Camilo José Cela, advierte de que algunas redes captan a jóvenes con conocimientos tecnológicos o de idiomas mediante falsas ofertas laborales y después los someten a amenazas y deudas ficticias. «La organización criminal convierte a la propia víctima en instrumento del delito», señala. Las estafas sentimentales dejan ansiedad, depresión y vergüenza, y muchas víctimas no denuncian.
La Policía Nacional no ha conseguido irrumpir en ninguno de estos centros internacionales. «No hemos podido entrar todavía a romper una puerta en un scam center. Nos gustaría muchísimo», reconoce el inspector. La información procede sobre todo de antiguos trabajadores y colaboraciones internacionales. No hay detenciones confirmadas en los centros de Turquía, Ucrania y los Balcanes: la investigación sigue abierta.

