La COP17 biodiversidad reúne desde el 19 de octubre en Ereván a los 196 países firmantes del convenio de la ONU para evaluar por primera vez el Marco Kunming-Montreal, con menos de la mitad de las metas nacionales en camino.
La capital armenia acoge hasta el 30 de octubre la primera gran revisión de un acuerdo que se cerró en 2022 en Canadá y que aspiraba a hacer por la naturaleza lo que el Acuerdo de París hizo por el clima. Cuatro años después, la pregunta ya no es qué se prometió, sino cuánto se ha movido.
El balance de partida no invita al optimismo. Los técnicos del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD) reconocen avances, pero admiten que el progreso es desigual y no alcanza ni el ritmo ni la escala comprometidos. Estados Unidos sigue siendo el único Estado de la ONU que no ha firmado el tratado.
El 30×30 llega al examen con la mochila a medio llenar
El marco fijó 23 metas y cuatro objetivos a largo plazo con 2050 como horizonte. La más citada es el objetivo 30×30: colocar bajo alguna figura de conservación el 30% de la superficie terrestre y del océano antes de 2030. Faltan cuatro años. El reloj corre más rápido que los decretos.
Sobre el papel, la maquinaria funciona. Cerca del 90% de los firmantes ha registrado metas nacionales alineadas con el marco y casi el 60% ha aprobado planes de acción. El problema no es la documentación. Es la ejecución: según los datos que publica la propia secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, menos de la mitad de los gobiernos afirma estar en camino de cumplir alguno de los 23 objetivos que se dio la comunidad internacional.
Un 90% de países con objetivos sobre el papel y menos de la mitad con opciones reales de cumplirlos: la brecha no es de ambición, es de ejecución.
La secretaria ejecutiva del convenio, Astrid Schomaker, puso palabras a esa brecha en la jornada inaugural: pasos significativos, sí, pero con un avance desigual que no llega a la escala necesaria. Los ámbitos que ella misma señala como más deficitarios tienen poco que ver con los ministerios de Medio Ambiente. Son finanzas, incentivos perjudiciales, acción empresarial y consumo sostenible.
La biodiversidad no se pierde en los ministerios ambientales, se pierde en los balances de las empresas y en los presupuestos que financian justo lo contrario.
La factura: 200.000 millones al año y 500.000 millones de subsidios nocivos
El capítulo financiero concentra la tensión. Cumplir el marco exige, según los cálculos de la CBD, al menos 200.000 millones de dólares anuales hasta 2030. La otra mitad de la ecuación es menos popular: recortar en no menos de 500.000 millones de dólares al año los incentivos que destruyen biodiversidad, desde las subvenciones a la agricultura y la ganadería intensivas hasta las exenciones fiscales a la extracción de combustibles fósiles.
La aritmética no cuadra por sí sola. Los flujos actuales de financiación para naturaleza están muy por debajo de esa cifra y buena parte de lo que se contabiliza como ayuda verde sigue siendo inversión con impacto neutro o negativo sobre los ecosistemas. De ahí que el debate en Ereván no sea solo cuánto dinero nuevo se pone, sino cuánto dinero perjudicial se retira.
Hay un tercer mecanismo pendiente de encaje: el Fondo de Cali, aprobado en la COP16 celebrada en Colombia, que debe recaudar fondos de las industrias que utilizan secuencias genéticas digitalizadas. Farmacéutica, cosmética y biotecnología agrícola e industrial aparecen en la lista. Su puesta en funcionamiento vuelve al debate armenio sin fecha cerrada.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Superficie a proteger: el 30% del territorio terrestre y marino del planeta antes de 2030, según el objetivo 30×30.
- Financiación necesaria: 200.000 millones de dólares anuales hasta 2030, según las estimaciones de la CBD.
- Subsidios a retirar: no menos de 500.000 millones de dólares al año en incentivos perjudiciales para la biodiversidad.
- Metas en camino: menos de la mitad de los 23 objetivos del marco, según los propios gobiernos firmantes.
Fuera de las salas oficiales, la sociedad civil fiscaliza el proceso con la estructura de siempre. La CBD Alliance, confederación de organizaciones ecologistas nacida en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992, vuelve a ser la voz crítica dentro del recinto. También hay delegación española: Ecologistas en Acción ha desplazado a Ereván a su responsable de Conservación de la Biodiversidad, que describe un ambiente de poco optimismo en el arranque.
De Cali a Ereván: las asignaturas que nadie quiere aprobar
La comparación con la COP16 de Cali es inevitable. En Colombia el encuentro tuvo músculo político y un relato propio; en Ereván el termómetro marca otra temperatura y varias delegaciones asumen que el objetivo realista es no desactivar la convención. La diferencia importa porque el marco no tiene mecanismo sancionador. Su fuerza depende de la presión reputacional y de que los planes nacionales se revisen con la misma seriedad con la que se presentan.
Hay un segundo riesgo, menos discutido: medir el 30×30 en hectáreas y no en salud ecosistémica. Declarar un área protegida sin presupuesto de gestión ni vigilancia produce titulares, no biodiversidad. El texto habla de conservación efectiva, y ahí los países llegan cortos por la misma razón por la que llegan cortos en financiación.
Para las empresas, la señal es doble. La normativa europea ya aprieta: la CSRD obliga a reportar impactos sobre la naturaleza y la Taxonomía Verde exige demostrar que una actividad no daña la biodiversidad para etiquetarla como sostenible. Pero el marco global no traduce esas exigencias en obligaciones homogéneas para las cadenas de suministro que operan fuera de la UE.
Quien dependa de materias primas agrícolas, pesca o agua carga hoy más riesgo del que refleja su memoria de sostenibilidad. La mayoría de las delegaciones asume que el resultado de Ereván será modesto. Vamos a los datos: menos de la mitad de las metas en marcha y cuatro años por delante.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: proteger el 30% del planeta antes de 2030 frenaría la pérdida de servicios ecosistémicos de los que dependen la alimentación y el agua de miles de millones de personas.
- Modelo que cambia: retirar los 500.000 millones anuales en subsidios nocivos es la palanca más barata del acuerdo, cuesta menos que restaurar lo destruido.
- Para las próximas generaciones: el marco se juzgará en 2030 por hectáreas efectivamente conservadas, no por declaraciones; hoy solo la mitad de las metas va en camino.

