El primer cargamento de diésel ruso pone rumbo a Nueva York con el galón por encima de 6 dólares

El petrolero Agioi Fanendes, con bandera de Malta, cargó 40.000 toneladas en el Báltico y llegará a Estados Unidos el 7 de noviembre. El Tesoro ampara la operación con una licencia que caduca en abril de 2027.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El petrolero Agioi Fanendes, con bandera de Malta, cargó el jueves 40.000 toneladas métricas de diésel en el puerto ruso de Primorsk, en el Báltico, y tiene prevista su llegada a Estados Unidos el 7 de noviembre. Es el primer cargamento al amparo del acuerdo entre Donald Trump y Moscú.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca y el Departamento del Tesoro, que ampara la operación con una licencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros válida hasta el 7 de abril de 2027. Un grupo bipartidista de senadores sostiene que choca con la ley de 2022 que prohíbe importar energía rusa.
  • ¿Qué impacto tiene? El galón cotiza a 6,32 dólares, frente a los 3,63 de hace un año. En España, los barriles rusos reordenan el mercado mediterráneo del gasóleo del que dependen el transporte, el campo y la pesca.

El primer cargamento de diésel ruso navega hacia Nueva York con el galón por encima de los 6 dólares. El petrolero Agioi Fanendes, con bandera de Malta, cargó 40.000 toneladas métricas en el puerto báltico de Primorsk y tiene prevista su llegada a la costa este estadounidense el 7 de noviembre.

De Primorsk a Nueva York: 40.000 toneladas y una licencia que caduca en abril de 2027

La carga ronda los 300.000 barriles, según los datos de tráfico marítimo de LSEG que cita Reuters. Ni el comprador ni el vendedor han trascendido. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó el viernes que el primer buque amparado por el acuerdo había zarpado y advirtió de que los envíos continuarán a ritmo constante a partir de ahora. No aclaró, eso sí, si el destino era Estados Unidos.

El gasóleo promediaba el viernes 6,32 dólares el galón en Estados Unidos, frente a los 3,63 de un año antes, según la Asociación Americana del Automóvil. Casi el doble en doce meses, un dato que en un país que mueve sus mercancías por carretera tiene traducción política inmediata.

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Donald Trump anunció el 9 de octubre en Truth Social que Rusia suministraría de inmediato más de 300.000 toneladas de diésel al mercado americano y global, con otras 500.000 en noviembre y un millón adicional después. Como parte del acuerdo, Moscú levantó el veto que había impuesto a sus propias exportaciones de refinados. El viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, sitúa la vuelta a la normalidad en tres o tres millones y medio de toneladas mensuales antes de que acabe el año.

El flanco jurídico es el más delicado. Un grupo bipartidista de senadores —la republicana de Maine Susan Collins, el republicano de Carolina del Norte Thom Tillis y la demócrata de Nuevo Hampshire Jeanne Shaheen— advirtió el 11 de octubre de que estas importaciones contradicen la ley de 2022 que prohíbe comprar energía rusa. El Tesoro, sin embargo, ha emitido una licencia a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros que autoriza la entrada de diésel ruso hasta el 7 de abril de 2027.

La Casa Blanca no ha derogado la ley que prohíbe el diésel ruso: la ha rodeado con una licencia temporal que expira en abril de 2027.

Un portavoz del Tesoro defendió la operación: el presidente, dijo, ha dejado clara «la importancia estratégica del acuerdo para garantizar la máxima flexibilidad a Estados Unidos», y el departamento estudiará fórmulas para facilitarlo a petición suya. Washington no pide permiso.

Por qué 300.000 barriles no mueven el precio: la aritmética que deja frío al mercado

Los números relativizan el gesto. Estados Unidos consume unos 3,6 millones de barriles de diésel al día. Un cargamento de 300.000 barriles es, en palabras de Max Pyziur, director de investigación de la Energy Policy Research Foundation, «minúsculo» y no alterará «ni los precios ni los inventarios». Tom Kloza, asesor energético de Gulf Oil, lo llamó «bagatela» y calculó que equivale a «unos 15 minutos» de combustible global.

El diagnóstico de fondo es otro. El mundo arrastra un déficit cercano a 1,5 millones de barriles diarios de diésel, en buena parte por los ataques iraníes contra refinerías de Oriente Medio y, en menor medida, por los daños que la guerra ha causado en la capacidad rusa de refino. Los inventarios de la costa este se sitúan en unos 20 millones de barriles, diez millones por debajo de la media de los últimos cinco años. Jason Isaac, del American Energy Institute, lo resumió así: suministro adicional es buena noticia para agricultores, transportistas,, y familias castigadas en el surtidor, pero un solo petrolero no resuelve el problema.

sanciones a Rusia

La Lógica de Washington

Conviene separar el efecto real del efecto político. El diésel es el combustible del transporte de mercancías y de la calefacción en el noreste del país; un galón a 6,32 dólares se traslada en semanas al precio del flete y de la comida. Para una administración que se midió a sí misma por el surtidor, abrir una válvula de suministro exterior es política interior disfrazada de geopolítica. El problema que intenta resolver no es Ucrania: es el invierno en Maine.

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La herramienta tampoco es nueva. La ley de 2022 prohíbe importar crudo y refinados rusos, pero deja al Tesoro el control de las licencias, y ahí el Ejecutivo ha encontrado el margen. Es el manual que Estados Unidos aplica desde hace medio siglo: en 1975, tras el embargo árabe, el país prohibió exportar crudo y no levantó la veda hasta 2015; Reagan gravó el acero en 1984 y Bush lo hizo en 2002 por razones de seguridad nacional sin esperar al Congreso. La Casa Blanca usa lo que el Capitolio deja abierto.

La coalición que sostiene el movimiento es reconocible. Senadores republicanos de estados fríos, como Collins, responden ante un electorado que calienta la casa con gasóleo; camioneros y agricultores son base electoral del Partido Republicano. Enfrente, parte del Partido Demócrata y el ala intervencionista republicana sostienen que se está aliviando a Moscú en plena guerra. Volodímir Zelenski calificó el acuerdo de «muy peligroso». La cuenta no sale gratis en lo político. Eso lo sabe la Casa Blanca.

Para España, el movimiento se juega en el Mediterráneo. Las refinerías de Repsol y Moeve compiten en el mismo mercado atlántico que ahora recibe barriles rusos, y la Unión Europea mantiene desde febrero de 2023 la prohibición de importar refinados de Rusia, una línea que España ha respaldado junto al resto de socios. Si Washington legitima el flujo, la unidad europea en el veto energético se agrieta justo en el producto que más pesa en el transporte español: el gasóleo profesional mueve camiones, autobuses, tractores y la flota pesquera.

La proyección es concreta. El Agioi Fanendes atracará previsiblemente el 7 de noviembre; las 500.000 toneladas anunciadas para ese mes dirán si esto es un gesto o una corriente. La licencia del Tesoro expira el 7 de abril de 2027 y cualquier prórroga volverá a pasar por el pulso con el Congreso, que puede activar una resolución de desaprobación. Mientras, el mercado del gasóleo seguirá mirando al Atlántico. Nadie dijo que fuera gratis.

Ficha del Caso

  • El caso: El primer buque con diésel ruso autorizado por Washington navega hacia Nueva York al amparo del acuerdo entre Trump y Moscú, con una licencia del Tesoro que esquiva la prohibición legal de 2022.
  • Datos clave: 40.000 toneladas métricas y unos 300.000 barriles cargados en Primorsk; llegada prevista el 7 de noviembre; galón a 6,32 dólares frente a 3,63 un año antes; licencia válida hasta el 7 de abril de 2027; déficit global de 1,5 millones de barriles diarios.
  • Para España: los barriles rusos compiten con Repsol y Moeve en el mercado atlántico y presionan la prohibición europea de refinados, con impacto directo en el precio del gasóleo que sostiene el transporte, el campo y la pesca.