Un motorista de 45 años ha muerto este sábado en la M-50, a la altura del kilómetro 61, en Alcorcón. El siniestro se produjo en la vía de servicio del anillo exterior de la autovía, ya dentro del término municipal de la localidad del sur de Madrid.
El aviso entró en el 112 de la Comunidad de Madrid en torno a las 06:35 de la mañana. Hasta ese punto del anillo exterior se desplazaron los recursos sanitarios de urgencia. Cuando llegaron, el hombre presentaba politraumatismos severos incompatibles con la vida y los facultativos no pudieron más que certificar el fallecimiento.
El conductor perdió el control de su motocicleta y sufrió una caída aparatosa, según el relato de los servicios de emergencia. No hubo margen para nada más.
Qué se sabe, y qué falta, del siniestro del kilómetro 61
La única versión oficial disponible es la de una pérdida de control por causas que todavía se investigan. La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil se ha hecho cargo del atestado y del análisis de la dinámica del accidente. Traducido: no hay hipótesis confirmada sobre la velocidad, el estado de la calzada, las maniobras previas ni la eventual implicación de un tercer vehículo.
Ese kilómetro 61 pertenece a una vía de titularidad estatal. No es un detalle menor. La gestión del asfalto, la señalización, el balizamiento y las campañas de conservación de la M-50 dependen del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, no de la Comunidad ni del Ayuntamiento de Alcorcón. La respuesta sanitaria, en cambio, es autonómica, y la investigación del siniestro, estatal.
Tres administraciones distintas intervienen en un mismo tramo de asfalto; el vecino solo ve la carretera donde murió un hombre.
Quién manda en la M-50 y por qué eso importa al conductor
La M-50 es la segunda corona de la red estatal en la región y absorbe buena parte del tráfico de paso del suroeste. Sus vías de servicio funcionan como red local para accesos a polígonos, urbanizaciones y áreas comerciales de Alcorcón, Móstoles y Villaviciosa de Odón. Ahí conviven vehículos pesados, turismos y motos, con incorporaciones cortas y cambios de rasante.
El Ayuntamiento de Alcorcón no tiene competencia sobre la calzada principal ni sobre sus vías de servicio. Puede señalizar el entorno, ordenar el tráfico municipal en los enlaces y reclamar mejoras, pero la obra depende de Madrid y del Estado en función del tramo. Los planes de seguridad vial de los municipios del sur, en la práctica, terminan donde empieza el arcén.
Los motoristas, el punto ciego que la estadística repite cada año
La Dirección General de Tráfico hace públicos cada año sus recuentos de siniestralidad y en ellos los usuarios de motocicleta aparecen de forma recurrente entre los colectivos más expuestos en vías interurbanas. La protección del cuerpo es mínima, la velocidad diferencial respecto al resto del tráfico es alta y las caídas, incluso sin impacto contra otro vehículo, se vuelven fatales cuando la calzada no perdona. En una vía de servicio con accesos rápidos y sin separación física entre carriles, ese cóctel se agrava.
Madrid no es una excepción, pero sí un caso peculiar: la Comunidad tiene competencias propias en tráfico y seguridad vial de alcance autonómico, mientras que las principales arterias del área metropolitana son estatales. En otras ciudades, como Barcelona, las rondas urbanas dependen del ayuntamiento, lo que unifica la interlocución entre quien asfalta, quien sanciona y quien publica los datos. Aquí esa cadena se rompe en al menos tres eslabones.
La consecuencia práctica se mide en tiempo. Una actuación de calmado de tráfico, la instalación de una barrera de separación, o la revisión de una incorporación peligrosa en una vía estatal requiere una petición municipal que sube al Estado y vuelve. Mientras el expediente circula, el tramo sigue igual. Ese es el punto débil del modelo madrileño y no se corrige con una campaña de concienciación en la televisión autonómica.
La Guardia Civil mantiene abierta la investigación y cualquier testigo que circulase por la vía de servicio del anillo exterior entre las seis y las siete de la mañana puede aportar datos al atestado. Se trata, en muchos casos, de la única prueba material disponible cuando no hay otro vehículo implicado.
Para el resto de conductores, la lectura es sencilla. Las vías de servicio no son un atajo: son el punto donde más se mezclan vehículos con velocidades muy distintas y donde la visibilidad en la primera hora de la mañana todavía es escasa. Alcorcón amanece este sábado con un motorista de 45 años que no llegó a su destino. Y con un kilómetro 61 que seguirá sobre la misma carretera el lunes.

