5La emancipación tardía condiciona el proyecto de vida: pareja, hijos y carrera
Emanciparse en España llega de media a los 30 años —30,4 según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud, unos cuatro más que la media europea— y ese retraso se traslada en cadena a la formación de la propia familia. Solo el 27% de los jóvenes de 25 a 29 años vive en pareja, frente al 42% en la UE, y entre los 30 y los 34 años conviven con su pareja el 43% de las mujeres y el 32% de los hombres nacidos en España, frente al 85% y el 81% de 1970 (Funcas, censo de 2022). El calendario reproductivo se desplaza igual: la edad media a la maternidad se mantiene en 32,6 años y las madres españolas tienen su primer hijo a los 33,2, con 1,10 hijos por mujer. Más de siete de cada diez jóvenes quieren hijos, pero solo uno de cada cinco los tiene antes de los 34.
El aplazamiento no se queda en la esfera privada: también reordena la trayectoria profesional. Sin un hogar propio, decisiones que antes formaban parte del guion —aceptar un empleo en otra provincia, cambiar de sector, volver a estudiar, reducir jornada o asumir un riesgo laboral— quedan supeditadas al sueldo disponible y al colchón familiar. El Informe Juventud en España 2024 constata que trabajar ya no garantiza la independencia: casi tres de cada cuatro jóvenes con empleo seguían viviendo con sus padres en el primer semestre de 2024, y más de la mitad de los emancipados de 30 a 34 años lo habían hecho formando pareja, no solos. La secuencia que ordenaba los hitos de la vida adulta —formarse, trabajar, emanciparse, emparejarse, tener hijos— ha dejado de ser predecible, y con ella se difumina el propio proyecto vital.

