Sánchez encuadra a Abascal en «el club de los tijeretazos» con Trump y Milei y llama a votar el 29-N

El mitin de precampaña en Granada sirvió al presidente para equiparar al líder de Vox con Trump, Milei y Le Pen. La dirección de Vox replica que la etiqueta evita debatir su programa fiscal y de inmigración.

Sánchez ha convertido el pulso con Abascal en el eje de su precampaña. En el mitin que el PSOE ha celebrado este sábado en Granada, el presidente del Gobierno ha situado al líder de Vox en lo que ha bautizado como ‘el club de los tijeretazos’, junto a Donald Trump, Javier Milei y Marine Le Pen, y ha reclamado el voto progresista para el 29-N.

Qué responde Vox al marco del ‘club de los tijeretazos’

El encuadre elegido por el jefe del Ejecutivo no entra a discutir el programa de Vox: discute su legitimidad. Según el argumentario que el partido despliega en el Congreso de los Diputados, la etiqueta sirve para esquivar el debate sobre propuestas concretas y para presentar cualquier alternativa a la izquierda como una amenaza, sin entrar en el contenido de lo que se propone.

En materia fiscal, la posición de Vox es la contraria a la que le atribuye Sánchez. El partido defiende una rebaja generalizada del IRPF, la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio y una poda del gasto político y de las duplicidades autonómicas. Su tesis es que el ajuste real lo sufre el bolsillo de los trabajadores por la vía de la inflación y de la presión fiscal, y que hablar de recortes es una forma de no hablar de eso.

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El segundo eje es la inmigración y la seguridad. Vox sostiene que la frontera es un asunto de soberanía nacional, exige control efectivo de los flujos migratorios y defiende la expulsión de los extranjeros que delinquen. A eso suma la defensa de la unidad de España y la derogación de la Ley de Memoria Democrática, dos banderas que considera irrenunciables en cualquier negociación con el PP.

En el plano internacional, el partido sitúa su ofensiva contra la Agenda 2030 y el Pacto Verde europeo, y reivindica su alianza con formaciones como Patriotas por Europa. Sánchez ha utilizado precisamente esos vínculos —Trump, Milei, Le Pen— como argumento de campaña, con una advertencia: ‘lo que no queremos para el mundo, no lo queremos para nuestro país’.

El marco del club de los tijeretazos no discute el programa de Vox: discute su legitimidad. Y en ese terreno el partido no piensa conceder nada.

La réplica, por tanto, pasa por dar la vuelta al eje del debate. Si el 29-N va de solidaridad o egoísmo, razona el partido, va también de quién paga la factura de las decisiones del Gobierno y de qué modelo de país se financia con impuestos.

El envoltorio y el regalo: qué persigue el PSOE con este encuadre

El movimiento del presidente del Gobierno tiene una lectura electoral evidente. Al plantear el 29-N como una disyuntiva entre avanzar o retroceder, Sánchez desplaza el foco desde su gestión a la identidad del adversario y convierte a Alberto Núñez Feijóo en comparsa del líder de Vox: ‘Feijóo es el envoltorio, pero Abascal es el regalo. ¡Y hay regalos que no merece la pena abrir!’, ha advertido en Granada.

El PP queda emplazado a definirse. La dirección de los populares sostiene que su proyecto es autónomo y rechaza la equiparación con Vox, pero el marco socialista le obliga a elegir entre marcar distancia —y asumir el coste entre su propio electorado— o mantener abierta la puerta a un acuerdo tras las urnas y cargar con la etiqueta que le cuelga el PSOE.

Desde Vox, la lectura es distinta: el problema del PP no sería Vox, sino su propia ambigüedad. El partido recuerda que los populares han gobernado con sus votos cuando han necesitado los escaños y han marcado distancia después, y sostiene que ese doble juego es lo que la campaña socialista explota.

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La lectura estratégica: un 29-N que se decide por la derecha

El precedente más ilustrativo sigue siendo la ruptura, en julio de 2024, de los gobiernos de coalición que Vox y PP compartían en cinco comunidades autónomas. El partido justificó entonces su salida por el reparto de menores inmigrantes no acompañados y dejó una lección que ambos lados recuerdan: la relación se rompe por los símbolos y se recompone por los números.

Para Sánchez, el riesgo es que la campaña acabe siendo un plebiscito sobre su gestión y no sobre Vox. El presidente ha prometido blindar el aborto en la Constitución y subir el salario mínimo cada año ‘con o sin acuerdo de la patronal’, anuncios que movilizan a su electorado pero que también fijan el terreno donde el partido de Abascal quiere combatir. También ha acusado a PP y Vox de ‘jugar a la desmovilización’ por cuestionar el voto por correo.

Queda por delante algo más de un mes de campaña hasta el 29 de noviembre. Los 33 diputados del GPVOX, tercera fuerza del Congreso, se juegan consolidar su posición como alternativa útil a la derecha del PP, mientras el PSOE intenta que cada escaño que pierda la derecha lo cobre en la etiqueta del miedo. El primer termómetro llegará en las encuestas de la última semana; el definitivo, en las urnas.