La sequía deja sin setas el interior de Castellón: la campaña micológica se hunde y frena el turismo rural de otoño

Restaurantes y alojamientos de El Bellestar detectan menos visitantes entre semana y pierden los ingresos con los que afrontan el invierno. El sector confía en que las lluvias de noviembre reabran la temporada micológica.

Las terrazas del Bellestar están vacías en pleno otoño: la sequía tumba la campaña micológica y el turismo rural de Castellón.

En el corazón de la Tinença de Benifassà, un parque natural de montaña en el norte de la provincia de Castellón, la temporada de setas es mucho más que una afición. Es el motor del otoño. La campaña boletaire, que cada año atrae visitantes a los pueblos de montaña, no termina de arrancar, y los negocios de restauración y alojamiento ya notan las consecuencias.

«: menos setas, menos excursiones, menos mesas ocupadas.

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La explicación está en el monte, pero empieza en el cielo. La sequía acumulada y unas temperaturas por encima de lo habitual en el arranque del otoño han dejado el suelo seco, y sin humedad el hongo no fructifica. El AEMET mide unas precipitaciones que este año no llegan a tiempo. Sin lluvia, no hay setas. Sin setas, no hay excusa para subir a la montaña un martes cualquiera.

El otoño que no llega: terrazas vacías en el corazón de la Tinença

Las terrazas vacías de El Bellestar son la imagen más elocuente de lo que ocurre este octubre en el interior de Castellón. El desplome se concentra entre semana, cuando el visitante de proximidad y el aficionado a la micología llenaban bares y casas rurales. El fin de semana resiste algo mejor, aunque no compensa.

Sin setas no hay excursión; sin excursión, no hay mesa ocupada. El otoño del interior de Castellón se sostiene sobre un hongo que este año no sale.

La campaña micológica no es un adorno del calendario rural: es la parte del año en que muchos negocios hacen caja para sostener los meses flojos. Lo que se pierde ahora no se recupera en primavera, porque el visitante de setas no vuelve más tarde: busca otra cosa, en otro sitio, o sencillamente no sale.

De la seta al menú: cómo se encadena la pérdida en la economía del interior

Todo se encadena. Menos pernoctaciones en casas rurales, menos menús de temporada en los restaurantes, menos compra de producto local a los pocos vecinos que aún recogen setas para vender y menos horas de trabajo para quien refuerza las plantillas en otoño. Cada eslabón arrastra al siguiente en una comarca donde el turismo rural no es un complemento, sino la actividad principal durante buena parte del año.

A eso se suma el contexto demográfico. Los pueblos de la Tinença de Benifassà están entre los menos poblados de la Comunitat Valenciana, con municipios que en algunos casos no llegan al centenar de vecinos. Para ellos, cada visitante que no sube es una factura que no entra y, de paso, un argumento más para hacer las maletas.

El sector no pide milagros; pide agua. La confianza está puesta en las lluvias de noviembre, que podrían reabrir una campaña que aún no ha empezado y salvar parte de la temporada. Si llegan, la seta aparece en pocos días y el calendario se puede recomponer a tiempo. Si no llegan, quedará el recuento y una pregunta incómoda sobre cuánto de este otoño depende del clima y cuánto de las decisiones que se toman lejos del monte.

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El Escenario Valenciano

Hay una dimensión política que conviene no perder de vista. La campaña micológica del interior de Castellón llega al Consell de Pérez Llorca por la vía de las competencias compartidas: Agricultura, Turismo y Emergencias miran el mismo monte seco. El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, encabeza un ejecutivo de coalición con Vox que ha hecho de la España vaciada una de sus banderas discursivas. Enfrente, la oposición de PSPV y Compromís tiene en el turismo de interior uno de sus argumentos recurrentes para exigir un plan de apoyo estable, que no dependa de la meteorología de cada otoño ni del color del Consell de turno.

La dimensión nacional es la misma que explica el resto del mapa. La sequía ha dejado de ser un episodio para convertirse en una variable estructural de la España interior, y las decisiones sobre agua se toman muy lejos de El Bellestar, entre organismos de cuenca y planes hidrológicos. El Ministerio para la Transición Ecológica gestiona esas infraestructuras; la Generalitat ordena el territorio; los ayuntamientos, casi todo lo demás. Nadie responde solo, y por eso nadie acaba de responder del todo. El precedente útil no es una catástrofe, sino una costumbre: durante décadas, la montaña se organizó por estaciones y el turismo rural aprendió a vivir de la seta, el sendero y la caza. Cuando una pata falla, el resto no aguanta el peso.

De aquí a final de año hay dos fechas que el sector mira de reojo. La primera es la llegada de la lluvia. La segunda, la campaña de Navidad, el segundo pico de reservas del curso en el interior. Entre medias, el próximo pleno de las Corts Valencianes (el parlamento autonómico, con 99 escaños) y la siguiente reunión del Consell servirán para saber si este otoño seco se queda en mala temporada o se convierte en una factura política. El termómetro no es la seta: es la nómina de noviembre.

Ficha del Caso

  • El caso: La sequía y las temperaturas altas han frenado la campaña micológica en la Tinença de Benifassà, en el interior de Castellón, y con ella el turismo rural de otoño.
  • Datos importantes: Restaurantes y alojamientos de la zona detectan menos visitantes entre semana; el sector confía en que las lluvias de noviembre reabran la temporada.
  • Resumen: La caída de la actividad micológica golpea la economía de los pueblos menos poblados de la Comunitat Valenciana y evidencia la dependencia del turismo de interior respecto al clima.