bomba nuclear
La explosión de una bomba atómica. Foto: Europapress.

En los años 50, muchos países aspiraban a convertirse en una potencia nuclear. Y España no era menos. El dictador Francisco Franco exploró todas las vías posibles para fabricar una bomba atómica made in Spain. El general sabía que, para ello, necesitaba uranio. Por lo que consideró que una de las posibilidades era emplear el uranio de los fertilizantes de Huelva como materia prima. Una idea que el Ejército español no tardaría en descartar.

En 1951 se creó la Junta de Energía Nuclear (JEN). El proyecto, en principio secreto, fue impulsado por el general Vigón y, después, por el mismo Carrero Blanco. Uno de los objetivos de la JEN era convertir a España en una potencia nuclear. Sin embargo, el país estaba sumido en la ruina por las consecuencias de la guerra civil. En un primer momento, los técnicos e ingenieros españoles tuvieron ayuda de los nazis. Después, entraron en juego los estadounidenses.

La Guerra Fría favoreció la supervivencia del régimen de Franco, sobretodo porque Estados Unidos no veía como un potencial enemigo a un país tan alejado del comunismo. Por esta razón, los primeros pasos de España como potencia nuclear los dio de la mano de los americanos. Eso sí, con un programa muy limitado.

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En 1962, se puso en marcha el primer reactor nuclear (experimental) español con la ayuda y supervisión de Estados Unidos. Su nombre era Arbi y estaba situado en la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao. Ese mismo año, también entró en funcionamiento el reactor Argos, situado en la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona. Pero no sería hasta el 68 cuando se inauguraría en España el reactor nuclear más importante del país: el JEN-1.

Este reactor experimental permaneció en funcionamiento hasta 1994. Estaba situado en Madrid, al lado de la sede de la JEN, y fue protagonista de uno de los accidentes radiactivos más notables del país. En 1970 se produjo un escape que contaminó tanto el río Manzanares como el Jarama e incluso el Tajo. El incidente se produjo al trasvasar más de 700 litros de desechos de alta radiactividad.

Los mimbres estaban. Solo faltaba la materia prima. Franco sabía que necesitaba uranio o plutonio para desarrollar la bomba atómica. Por lo que no tardó en abrir varias minas para extraer este mineral. Junto a los estadounidenses, el dictador exploró toda la geografía española. En Andújar (Jaen) se edificó una fábrica para extraer uranio. En 2017, de sus 126 trabajadores, ya habían muerto 106. El 70% de cáncer a causa de la exposición a este peligroso mineral. Pero la de Andújar no fue la única. También se abrieron minas en Salamanca, Badajoz…

LA BOMBA DE LOS FERTILIZANTES

Pero esto no era suficiente. La JEN sabía que los fosfatos de Huelva, traídos por las empresas químicas desde Marruecos, tenían un alto contenido en uranio (especialmente los fertilizantes). Por lo que los científicos valoraron la posibilidad de extraer su uranio y emplearlo para fabricar una bomba nuclear. Pero era una tarea compleja que no tardaron en descartar, ya que, para que el uranio pudiera funcionar como los militares querían, había que enriquecerlo.

La fantasía de Franco, además de convertir a España en una potencia nuclear, era construir submarinos nucleares. Alimentados por una energía que les permitiera permanecer bajo el agua largos periodos de tiempo. Pero a medida que avanzaba en su programa nuclear, la JEN era más consciente de las dificultades y el coste que suponía desarrollarlo.

En Vandellós se dio el accidente nuclear más grave de España

Pero los intentos del régimen no cesarían. En 1972 entró en funcionamiento una nueva central nuclear en Tarragona: Vandellòs I. Este reactor, propiedad de la empresa hispano-francesa Hifrensa, sería el protagonista del accidente nuclear más grave de España. La noche del 19 de octubre de 1989, un incendio hizo saltar todas las alarmas. No estaba garantizada la refrigeración del reactor. Muchos vecinos tuvieron que abandonar sus casas.

El accidente fue clasificado como de nivel 3 en la escala INES. Lo que quiere decir que si la temperatura hubiera subido tres grados más, las consecuencias hubieran sido muy graves. Tras el incendio de Vandellós-I, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) obligó a Hifrensa a realizar una serie de mejoras. Y su elevado coste llevó a la suspensión del reactor. Poco después, el Gobierno decidió desmantelar la central.

En el combustible nuclear gastado en Vandellós había plutonio. España llegó a un acuerdo con Francia por el que le enviaba dicho combustible y Francia extraía el plutonio para traerlo de vuelta. Pero el Gobierno español renunciaría al plutonio tras firmar el Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, bajo el mandato de Felipe González.

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