Garzón
El líder de IU, Alberto Garzón. Foto: Europapress.

Izquierda Unida está en la ruina. Desde que el partido liderado por Alberto Garzón expulsara a gran parte de su estructura y fuera absorbido por Unidas Podemos, ha perdido fuerza como formación a nivel nacional. El discurso y la posición de Garzón, crítico con la dureza de Pablo Iglesias en las negociaciones con el PSOE, está motivado por dos razones: la incapacidad de IU para ir a las elecciones generales en solitario y que, a pesar de todo, el diputado aún cree en el proyecto de Unidas Podemos.

IU ha sido muy crítica con Iglesias. Incluso quiso romper la disciplina de voto del partido en la sesión de investidura del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. Lo que Garzón quiere para su partido es presencia. Poder (y dinero). Por eso, en un principio estuvo de acuerdo con aceptar cargos intermedios, una de las primeras ofertas de los socialistas a los de Podemos. Algo que Iglesias rechazó, como si de un insulto se tratara. Ni que decir tiene que la última oferta de Sánchez (una vicepresidencia y tres ministerios) estaba vista con muy buenos ojos por Garzón. Pero Iglesias se plantó.

Garzón necesita recursos para su partido. Con la purga que se cobró, solo en Madrid, a más de 5.500 miembros, la formación quedó tocada. Ni gente, ni dinero. Y al mismo tiempo, Podemos entraba en el panorama político pisando fuerte. Tanto, que la amenaza de ser fagocitado por Iglesias impulsó al coordinador federal de IU a unirse a las filas de la formación morada en el conocido como pacto de los botellines.

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La izquierda por fin se unía, pero IU estaba coja. Antes, la formación recibía las subvenciones y las repartía entre sus baronías autonómicas. Pero ahora es un grupo más dentro de la amalgama de Unidas Podemos que espera su porción de tarta. Que depende de las subvenciones que recibe Pablo Iglesias para su supervivencia. Por este motivo Garzón es radicalmente contrario a jugar con unas posibles nuevas elecciones generales. Ya que todas las encuestas pronostican otro batacazo de la formación morada.

Aún así, dentro de los grandes enfrentamientos internos de Podemos, desde la escisión de Más Madrid hasta los choques con los anticapitalistas, Garzón se ha mostrado fiel a la doctrina de los pablistas. Tanto, que incluso su nombre circuló como posible ministrable. La guinda de un pastel que ni el coordinador federal de IU se esperaba. Pero la tozudez de Iglesias con el Ministerio de Trabajo le alejó de cualquier cartera del Ejecutivo. Y Garzón dejó ve su enfado.

Primero, rompió la disciplina de voto. Y ahora critican abiertamente la dura postura de Iglesias en las negociaciones con los socialistas. Una derrota de Podemos en unas nuevas elecciones podría llevar a menos subvenciones. A menos dinero. Y a condenar a IU a depender de Iglesias por las próximas legislaturas.

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Ahora Garzón habla de acuerdos de legislatura. De acuerdos programáticos. Pero fuentes cercanas al partido lo desmienten. “Lo dice con la boca pequeña”. Lo que el coordinador de IU quiere es recuperar un espacio ya perdido. Una estructura de partido nacional y un poder económico suficiente que haga recuperar a IU la presencia que tuvo en décadas pasadas. Y el primer paso para ello es entrar en el Ejecutivo. Como sea.

El líder de IU disimuló su gran enfado ante las cámaras. Cuando Iglesias no fue capaz de aceptar los tres ministerios y a su pareja como vicepresidenta, Garzón puso el grito en el cielo. Disponer de esa presencia significaba la salvación de IU, arruinada, endeudada y sin capacidad de autonomía política. Pero Iglesias forzó la máquina. Algo que le costó enfrentarse no solo con IU, sino con otras de las formaciones que componen Unidas Podemos.

La ruina económica de IU viene de lejos. La causa: las deudas económicas. Debe dinero y los bancos no ofrecen línea de crédito a un partido tan endeudado y con una perspectiva política que decae, según todas las encuestas realizadas este verano. Por este motivo Garzón presionará durante el restante mes de agosto a su líder para que acepte la oferta de los socialistas.

Pero a pesar del enfrentamiento latente, Garzón no quiere abandonar Unidas Podemos. No solo por su dependencia económica. Sino porque no tiene un argumento sólido para hacerlo. Cuando muchas voces críticas dentro de IU se negaron a la confluencia con Podemos, él se mantuvo firme. Botellín en mano, selló un matrimonio con el que asaltarían el cielo, aunque ahora estén más cerca del infierno.

Aún así, la izquierda se ha mantenido fiel a su filosofía. Ni Unidas Podemos ni Izquierda Unida pueden presumir de la tan repetida unidad. Dentro de IU hay voces que se han alzado para criticar la confluencia con Podemos y, por tanto, la doctrina de Alberto Garzón. Es el caso del recién elegido por mayoría absoluta alcalde de Zamora, Francisco Guarido, que en cada entrevista que ha realizado no ha dudado en criticar las consecuencias de ir junto a Podemos a las elecciones.

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