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Alberto Garzón, coordinador federal de IU. Foto: Flickr.

Alberto Garzón pasa sus horas más bajas al frente de Izquierda Unida. Tan solo la falta de un candidato alternativo aplaca las críticas del sector de independientes que se revuelve frente a su liderazgo.

El diputado malagueño pretende tutelar junto a Pablo Iglesias una especie de fusión entre Izquierda Unida y Podemos que implicaría que Unidas Podemos cuente con una estructura territorial común, proporcionada en su mayor parte por IU.

Alberto Garzón es consciente de que su autoridad no es la de 2015: hace tres meses se presentó a las primarias previas a las generales y vio con pesadumbre como su candidatura recibía un 20% de abstenciones y que la unión con Podemos era sancionada con casi un 35% de votos negativos. La participación, que no llegó al 28%, provocó la preocupación en la cúpula del PCE.

LOS INDEPENDIENTES SE REBELAN CONTRA GARZÓN

Alberto Garzón cuenta con el respaldo sin fisuras del PCE, comandado por Enrique de Santiago, pero al menos se ha quitado de su vista al barón crítico más molesto, Gaspar Llamazares, que acaba de protagonizar un tortazo electoral de aúpa con Actúa.

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Eso sí, el diputado malagueño ha visto como crece la influencia de la Coordinadora de Militantes Independientes de Izquierda Unida, que ha exigido la celebración de una asamblea extraordinaria tras la decepción del 26-M con la intención de estudiar la idoneidad del pacto con Podemos.

El exdiputado valenciano Ricardo Sixto ha exigido “un debate sosegado desde las bases” y ha puesto como ejemplo el triunfo en Zamora de Francisco Guarido, con “un perfil propio y claro como IU”. La Coordinadora dice que “el proyecto llevado hasta ahora y la confluencia con Podemos ha sido rechazada por el electorado en esta cita electoral”.

Garzón y su equipo, sostienen, “siguen empeñados en un modelo de confluencia que ha fracasado convocatoria tras convocatoria (…) Ha dejado a la izquierda sin referentes, el pacto de los botellines ha sido un fracaso”.

Cayo Lara, antecesor de Alberto Garzón, señaló con claro enfado vía Twitter que “dimitir y pasar a segundo plano es lo que suele hacer la gente seria cuando equivoca el rumbo. Pero eso lo hace la gente seria”.

LA MAYORÍA ABSOLUTA DE GUARIDO

La mano derecha de Francisco Guarido denunció en 2016 a Jorge Navas, responsable de la página web estatal de IU y protegido por Alberto Garzón, por crear una cuenta de Twitter llamada “Rancios Izquierda Unida” en la que salía malparado el alcalde de Zamora. Esta anécdota reveladora evidencia la falta de sintonía entre el emblemático edil y Garzón.

El emblemático alcalde de Zamora ha logrado una espectacular mayoría absoluta, pero no ha cumplido dos objetivos que le hubiesen dado fuerza respecto a su ‘enemigo’ y compañero, Alberto Garzón.

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Alberto Garzón, coordinador federal de IU y Pablo Iglesias, líder Podemos. Foto: Flickr

Guarido no rompió la hegemonía del centro-derecha en la Diputación de Zamora, aunque al menos sí evitó la mayoría absoluta al PP, e Izquierda Unida perdió su escaño en las Cortes de Castilla y León pese a no acudir junto a Podemos, tal y como sostenía el alcalde zamorano.

José Sarrión, íntimo de Guarido, dimitió tras asumir su fracaso en las autonómicas: “Asumo la responsabilidad y vuelvo al oficio que me apasiona: la docencia universitaria y la investigación. Ha sido un honor dirigir IU durante cuatro durísimos pero maravillosos años”.

Guarido afirmó que “habría que haberle obligado a permanecer más en la silla” y señaló que el pacto de IU con el Partido Castellano y Anticapitalistas “no ayudó mucho. Sigo pensando que José Sarrión debería haber ido solo a las elecciones”.

El alcalde de Zamora ya advirtió en campaña de su enfado porque Podemos, según su versión, quiere digerir a IU: “Lo está intentando. Y tengo la impresión de que Izquierda Unida se deja. No se hace nada desde dentro por evitar que nos disolvamos como un azucarillo, pero hay una resistencia. Tanto de los municipios y comunidades que reivindicamos nuestras siglas como de una minoría insatisfecha con este proceso de asimilación”.

Y añadió: “Defendemos nuestra aldea gala no solo porque sea Zamora, sino porque queremos que sea la expresión política de una realidad local, autonómica y nacional posible, verosímil. No somos localistas. Tenemos una visión internacionalista. Ponemos farolas y asfalto, pero aspiramos a la transformación de la sociedad”.

Tras su triunfo señaló ante el asombro generalizado que Garzón no se había dignado a felicitarle: “No he recibido ninguna llamada, pero no me preocupa ni se lo echo en cara, ni mucho menos. Cuando ha comparecido, habla de los resultados de las elecciones municipales y siempre cita el magnífico resultado de Zamora, como el de Rivas u otros lugares”.

“Él sí se ha dado cuenta de que en Zamora hemos tenido un éxito especial. Me basta con que se haya dado cuenta, focalice en Zamora y nos incluya en sus análisis. Las llamadas son una cuestión protocolaria y no soy nada protocolario“, recalcó.

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Garzón no se pasó en la campaña del 26-M por Zamora. Sí que lo hizo Pablo Iglesias, que pidió un alcalde “culto” para la ciudad: Podemos no logró ni un concejal y se conformó con ser la octava fuerza con menos del 1% de los votos. IU rozó el 50%.

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