PP y PSOE podrían ir de la mano en Canarias
Pedro Sánchez y Pablo Casado antes de su encuentro en La Moncloa.

El candidato del Partido Popular (PP) a la presidencia del Gobierno, Pablo Casado, está valorando muy seriamente alcanzar algún tipo de acuerdo con el presidente en funciones, Pedro Sánchez, para que el candidato del PSOE se mantenga en el Palacio de la Moncloa tras el 10–N, si el bloque conservador no suma suficientes escaños para alcanzar la mayoría absoluta. 

Fuentes del entorno de Casado aseguran a MONCLOA.COM que la condición indispensable para facilitar la investidura será que el PSOE se comprometa por escrito a “no traspasar determinadas líneas rojas” que permitan al líder popular justificar ante su electorado un eventual acuerdo con Sánchez. “Esperamos que en algún momento los socialistas nos pidan que nos abstengamos si son ellos los que logran a lista más votada y será entonces cuando planteemos nuestras exigencias”, señalan.

Cada día son mayores las presiones internas en el seno de la formación popular para que se produzca este escenario y muchas de estas voces provienen del equipo económico que capitanea la ex ministra Elvira Rodríguez, especialmente de aquellos que temen un deterioro rápido de la economía en 2020 y, sobre todo, en el arranque de 2021.

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“Aunque antes de las elecciones nadie se va a pronunciar públicamente, lo cierto es que si la suma de PP, Ciudadanos y VOX no es suficiente para que Casado sea investido presidente, lo que tiene más sentido de Estado es facilitar al PSOE el Gobierno, bien mediante la abstención o con un acuerdo más amplio, aunque esta segunda posibilidad es más complicada y llevaría aparejada una agenda global de reformas. Hay que acabar con el desbloqueo porque España se juega mucho en los próximos años, especialmente en materia económica”, señalan las fuentes consultadas.

La razón principal de que los populares se planteen este giro de 180 grados en su postura respecto al PSOE –aunque sea sotto voce– es evitar que suceda lo mismo que en 2008, cuando José Luís Rodríguez Zapatero ganó las elecciones y puso en marcha un programa de gasto público que situó a las cuentas públicas españolas al borde de la bancarrota. De hecho, en 2010 el PSOE se vio obligado por la Comisión Europea a aplicar una serie de ajustes justo en el peor momento de la crisis, dando la puntilla a una economía española que ya estaba al borde del desastre.

Los defensores de este pacto post-electoral han visto un halo de esperanza en la intervención de Pedro Sánchez durante el debate televisivo del pasado lunes, porque aunque descartó cualquier tipo de acuerdo con el PP el presidente realizó algunos guiños estudiados y que no fueron fruto de la improvisación. 

PP

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Uno de ellos fue la defensa de Amancio Ortega frente a los ataques de Pablo Iglesias, que ha hecho de la figura del empresario una especie de muñeco de paja con el que golpear todo lo que representa al gran capital. El presidente del Gobierno en funciones alabó la labor filantrópica del fundador de Inditex respondiendo al candidato de Podemos: “discrepo rotundamente con usted”.

Y precisamente es Iglesias quien está más convencido de que un pacto entre PP y PSOE es muy factible, convirtiendo este posible acuerdo en una de sus armas electorales para robar el voto de izquierda a la formación socialista.

Para el candidato de Podemos, la supuesta coalición “traerá recortes, degradación de los servicios públicos y mano dura en Cataluña”, según ha indicado en una reciente entrevista a Canal Sur. Para Iglesias, el factor clave es, paradójicamente, Vox, “porque si está fuerte Casado lo tendrá más difícil” para alcanzar un pacto de Estado que, en las elecciones futuras, pueda pasarle factura entre los votantes más conservadores.

LA PREOCUPACIÓN DEL PP POR LA PINZA PSOE-VOX

En cuanto al papel de Ciudadanos, el propio Iglesias ha dicho públicamente que los de Albert Rivera se sumarían al acuerdo con PSOE y PP si este finalmente se produjera, algo que el propio Rivera ha confirmado este miércoles “para que no haya una mayoría con Podemos y con separatistas” y para que las leyes en el Parlamento pasen por el “filtro” de una “oposición de Estado”. 

De esta forma se eliminaría la inestabilidad que producirían los dos partidos políticos de ideología más extremista (Podemos y Vox) y, a priori, sería más fácil sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, que son la pieza clave para afrontar la desaceleración económica con alguna garantía de éxito.

Para introducir un elemento más de incertidumbre, las fuentes consultadas admiten que existe preocupación en el PP por los contactos extraoficiales que están manteniendo miembros de los equipos de Pedro Sánchez y Santiago Abascal para batir a un enemigo común: la propia formación popular. Casado sabe que sus posibilidades se reducen si Vox consigue atraer a los tradicionales votantes del PP anteriores a la era Rajoy y, si la fuga es importante, acabará beneficiando indirectamente al PSOE. 

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