miércoles, 21 abril 2021 00:43

Sánchez inicia una purga interna para anular a los “felipistas” y de empresas afines

Ha empezado por los medios de comunicación y seguirá paso a paso por las comunidades autónomas. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quiere hacerse con el control total del PSOE, algo que no es nuevo. El líder socialista es consciente de que su particular personalismo y forma de hacer política no ha gustado a los más veteranos del partido. Hay quien se puso de perfil ante la llegada de Sánchez y hay quien ha levantado la voz. En cualquier caso, el gabinete del presidente dirigido por Iván Redondo ha decidido empezar una purga interna para hacer desaparecer a todas las voces críticas contra Sánchez y, sobretodo, para colocar en puestos clave a socialistas sanchistas, incluido en consejos de administración de empresas y de medios de comunicación.

La entrada de Miguel Barroso en el consejo directivo del grupo Prisa ha hecho saltar las alarmas en el PSOE. Sánchez ha iniciado una ofensiva en varios frentes que busca eliminar todo rastro del viejo PSOE para dejar solo a quienes le han sido leales. Para el presidente del Ejecutivo es una auténtica obsesión el que quienes tiene por debajo le sean fieles. Es celoso de su autoridad y no quiere permitir que nadie destaque lo más mínimo; prueba de ello es la condenada expresidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz. La ofensiva del presidente se da a varios niveles y en varios frentes: desde los medios de comunicación hasta la integración del partido a nivel autonómico y provincial.

Se hablaba de Felipe Sicilia como sustituto de Susana Díaz en Andalucía, pero el nombre es completamente irrelevante. Lo que de verdad interesa e importa es que sea ciegamente leal al sanchismo, una doctrina que gana adeptos en el PSOE y que consiste en adorar como un tótem al líder del partido, sin cuestionar en ningún caso sus designios o los de su mano derecha e intocable del Ejecutivo Iván Redondo. Ahora toca colocar fichas, sea en el grupo Prisa, en las delegaciones provinciales del PSOE o en los cabezas de lista autonómicos del Partido Socialista.

Otro ejemplo de este proceso de purga delicada que ha iniciado Redondo con la aprobación del presidente del Gobierno se puede ver claro en la Comunidad de Madrid. La presencia como número dos de la secretaria de Estado de Migraciones, Hana Jalloul, no viene porque haya hecho una gestión brillante o porque tenga un currículum impresionante, sino porque es fiel y adepta del sanchismo más exacerbado.

No llevan capucha ni se reúnen todos los domingos en torno a una mesa ritual para adorar a su líder, pero sí que son irrevocablemente pasionales hacia el presidente del Gobierno. ¿Por qué un personaje como Margarita Robles ha medrado tanto en este PSOE si es una acérrima defensora de algunos valores muy contrarios a los que promueve Unidas Podemos? Porque la que ahora ostenta el cargo de ministra de Defensa estuvo junto al presidente en sus horas más bajas y apostó por él. Esa apuesta ahora le trae rentas de por vida.

El problema es que ya apenas se ven voces discordantes contra Sánchez. La estrategia seguida por el presidente del Gobierno ha sido doble. Por un lado, ha pagado las viejas facturas de José Luis Rodríguez Zapatero y se ha volcado en ayudar a quienes formaron parte de su gobierno para evitar que levantaran la voz contra el nuevo PSOE. Una llamadita por aquí y un toque por allá y todo solucionado de cara al futuro. Por otro, Sánchez ha fulminado y aislado a cualquiera que se haya denominado a sí mismo como felipista o contrario a los valores de Sánchez, que son los de quererse a sí mismo. Y el problema es que esta estrategia sale poco a poco del partido y entra en las empresas que tengan más relación.

Ser sanchista es sinónimo de crecer en el partido, pero para serlo no basta con quererlo. Hay dirigentes sanchistas como Margarita Robles que también sufren las consecuencias de esta purga emprendida por Iván Redondo. Si tienes un perfil o un carisma que pueda hacer sombra al líder, también estás fuera, aunque con unas condiciones distintas. A Robles le toca dejar el Consejo de Ministros a cambio de otro puesto que esté lejos del Ejecutivo central. Sea en la Comunidad de Madrid más adelante o como candidata del PSOE a las elecciones municipales de la capital.

Andalucía es una de las obsesiones más recientes de Redondo. Se aproximan sus elecciones y no pueden hacer en un territorio históricamente perteneciente al PSOE lo mismo que han hecho con el defenestrado PSOE de Madrid, al que han traído a Jalloul y la han impuesto sin resistencia de ninguna clase. En el caso de Andalucía, el próximo paso no es solo eliminar a Díaz, sino purgar todas las delegaciones provinciales del PSOE en el territorio para asegurarse al 100% de que no queda ni un atisbo de ala crítica contra Sánchez.

La obsesión del presidente del gobierno, según detallan las fuentes, no es solo la de asegurarse un partido consolidado de cara a las próximas elecciones. El gabinete ya da por hecho que ganarán las próximas generales. El nuevo reto es que Sánchez controle al próximo candidato socialista desde el retiro, tal y como ha intentado hacer José María Aznar y otros viejos conocidos de la política española.