El tramadol se ha convertido en uno de esos medicamentos que, aun siendo comunes en consultas y farmacias, generan tantas dudas como certezas. Su uso para tratar el dolor es habitual, pero su mecanismo de acción, sus límites y las precauciones que requiere no siempre están del todo claros para quienes lo toman. Al final, como ocurre con muchos analgésicos opioides, la clave está en conocer qué hace exactamente en el organismo y por qué los expertos insisten tanto en un uso responsable.
En España, el tramadol forma parte de ese grupo de fármacos que se recetan con frecuencia cuando otros analgésicos no funcionan. Y aun así, el debate que lo rodea no deja de crecer, sobre todo desde que profesionales como el farmacéutico Guillermo Martín han empezado a explicar en redes sociales cuál es su papel real en el tratamiento del dolor, pero también cuáles son los riesgos de utilizarlo sin la información necesaria.
1Cómo actúa el tramadol y por qué se receta tanto
Según los especialistas, el tramadol actúa directamente sobre los receptores opiáceos del cerebro y de la médula espinal, entonces, al unirse a ellos, bloquea la transmisión de los estímulos dolorosos y produce una sensación de calma que explica a qué se debe su eficacia en dolores leves o moderados. A esa acción opioide se le suma que también inhibe la recaptación de serotonina y noradrenalina, dos neurotransmisores implicados en la modulación del dolor.
Es este doble mecanismo lo que ha convertido al tramadol en una opción intermedia entre los analgésicos más suaves y los opiáceos más potentes. Tal como señala Guillermo Martín, este medicamento suele utilizarse cuando el paracetamol o los antiinflamatorios ya no son suficientes. Sin embargo, su versatilidad no significa que pueda tomarse a la ligera, pues, como todo opioide, exige un seguimiento adecuado.

