España, Italia y otros 15 países desafían a Alemania con una carta contra los recortes del presupuesto UE

Diecisiete gobiernos reclaman preservar casi 900.000 millones en agricultura y cohesión del MFP 2028-2034. La carta, coordinada por Meloni y Dan, presiona a la presidencia irlandesa antes de la cumbre del 15 y 16 de octubre.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Diecisiete gobiernos de la UE, entre ellos España, Italia y Polonia, han firmado una carta para exigir que no se recorten los casi 900.000 millones de euros de agricultura y cohesión del próximo presupuesto comunitario.
  • ¿Quién está detrás? Los firmantes forman el grupo de los Amigos de la Cohesión, coordinados por la primera ministra italiana Giorgia Meloni y el presidente rumano Nicușor Dan. Enfrente, un bloque de seis países liderado por Alemania.
  • ¿Qué impacto tiene? La carta presiona a la presidencia irlandesa del Consejo antes de que presente su propuesta de negociación y de la cumbre del 15 y 16 de octubre. España es uno de los principales beneficiarios de la PAC y de los fondos de cohesión.

Diecisiete gobiernos de la Unión Europea han plantado cara a Alemania en la negociación del próximo presupuesto comunitario. España, Italia y Polonia encabezan la firma de una carta que reclama blindar los casi 900.000 millones de euros destinados a la agricultura y a los fondos regionales en el marco financiero plurianual 2028-2034.

La misiva llega en un momento delicado. La presidencia irlandesa del Consejo debe presentar en los próximos días su propuesta de negociación —la conocida como negobox—, que servirá de base para el pulso entre los Veintisiete durante la cumbre de Bruselas del 15 y 16 de octubre. El texto de los diecisiete quiere dejar claro, antes de que empiece la discusión formal, que no piensan aceptar el hacha alemana.

Un pulso de 900.000 millones entre el sur y el norte

La carta está dirigida al primer ministro irlandés, Micheál Martin, y lleva la firma de diecisiete Estados: Bulgaria, Croacia, Chipre, Chequia, Estonia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y España. En el documento, estos países sostienen que ‘la financiación global de la política de cohesión y de la PAC debe preservarse en el próximo MFP’.

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No es una petición menor. El marco financiero plurianual (el MFP, el presupuesto de siete años que financia desde las ayudas a los agricultores hasta la cooperación al desarrollo) es una de las negociaciones más duras de Bruselas. En 2025, la Comisión Europea propuso un techo cercano a 2 billones de euros para el periodo 2028-2034 y trasladó cientos de miles de millones desde la agricultura y la cohesión hacia nuevas prioridades: defensa, y competitividad.

Frente a ese planteamiento, un bloque de seis países liderado por Alemania ha reclamado esta misma semana, en otra carta, recortes de varios cientos de miles de millones de euros en todas las partidas. El movimiento de los diecisiete responde a ese órdago. La política presupuestaria europea funciona así desde hace décadas: los receptores netos del sur y del este frente a los contribuyentes netos del norte, con Berlín ejerciendo de locomotora frugal.

La carta de los diecisiete no defiende solo unas partidas contables: es la primera señal de que el eje sur-este quiere condicionar el próximo presupuesto antes de que Alemania dicte su marco.

Lo que está en juego no es menor. Las nuevas prioridades —el rearme, la competitividad frente a Estados Unidos y China, la transición energética— compiten por el mismo dinero. Y el dinero se ha vuelto más caro para todos. El coste de la deuda europea vinculada al fondo de recuperación post-pandemia ronda los 25.000 millones de euros anuales, una losa que ahora reclama su hueco en el presupuesto ordinario.

El calendario que juega contra Bruselas

Hay prisa. La mayoría de los gobiernos quiere cerrar un acuerdo entre ellos antes de que termine el año, conscientes de que las elecciones nacionales previstas en Francia, Polonia e Italia pueden descarrilar la negociación si esta se demora más allá. Cada semana que pasa es una semana menos de margen.

A eso se suma el asunto más sensible: la creación de nuevos recursos propios, es decir, impuestos a escala europea para financiar el presupuesto común. La Comisión propuso cinco nuevas figuras fiscales que, según sus cálculos, generarían unos 66.000 millones de euros al año. París apoya el paquete con entusiasmo, pero varios gobiernos temen que los gravámenes les golpeen de forma desproporcionada.

Los diecisiete han querido dejar su posición por escrito: los nuevos recursos propios deben ser, según la carta, ‘genuinos, justos, simples y no regresivos’. En paralelo, han vuelto a pedir que se retrase la devolución de la deuda post-Covid y han rechazado los descuentos presupuestarios —los llamados rebates— que benefician a los países más ricos. El pulso no es solo por el dinero: es por el método.

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El Eje del Poder Europeo

La maniobra de los diecisiete reordena el tablero europeo. España aparece en el grupo de cabeza junto a Italia y Polonia, tres países que rara vez coinciden con esta claridad. Roma y Bucarest coordinan. Madrid firma. Varsovia, que mantiene un pulso abierto con Bruselas por el Estado de Derecho, se alinea con el sur en un gesto que revela cómo los fondos europeos siguen funcionando como argamasa de geometrías imprevistas.

La lectura estratégica es clara. Cada vez que Bruselas intenta rediseñar el presupuesto para responder a nuevas prioridades, los receptores netos de cohesión y PAC cierran filas para proteger el statu quo. Ya ocurrió con el MFP 2021-2027 y con el fondo de reconstrucción post-pandemia: Alemania quería condicionalidad, el sur quería dinero sin tantas ataduras, y el resultado fue un compromiso que satisfizo a medias a todo el mundo.

Para España, el envite es directo. El país ha sido uno de los mayores beneficiarios de la política de cohesión y de la PAC en el ciclo actual. Un recorte profundo en estas partidas afectaría al campo, a las comunidades autónomas que gestionan los fondos y a la capacidad de Moncloa de presentar el presupuesto europeo como palanca de modernización. La España vaciada, los regantes y las cooperativas agrarias tendrían un problema serio si el MFP adelgaza.

Berlín, por su parte, tiene un argumento difícil de rebatir en términos de lógica presupuestaria: después de la pandemia, del plan de rearme y de la guerra de Ucrania, el dinero europeo tiene más demandantes que nunca. La cuestión es quién paga la factura y quién decide las prioridades. Ayuda a entenderlo mirar atrás: nunca una negociación del MFP se ha cerrado sin un forcejeo entre las capitales que aportan y las que reciben.

El próximo hito está a la vuelta de la esquina. La cumbre del 15 y 16 de octubre servirá para medir fuerzas, y la propuesta irlandesa será la primera piedra de una negociación que, si el calendario electoral aprieta, puede alargarse hasta bien entrado 2027. En 2020 hizo falta una cumbre maratoniana de cuatro días para cerrar el MFP y el fondo de recuperación; ahora el margen es aún más estrecho.