Brasil vota hoy entre Lula y Flávio Bolsonaro. Y no es solo una elección brasileña: es el examen más duro al que se somete el bloque pro-Trump en Latinoamérica desde que Washington empezó a contar victorias en la región.
Para España, la cita no es una función ajena. Brasil es uno de los grandes destinos de la inversión española en el mundo, sostiene una parte relevante de los beneficios de Santander, Telefónica o Iberdrola y decide el destino de un acuerdo comercial que Bruselas persigue desde hace un cuarto de siglo. Lo que salga de las urnas mueve contratos, tarifas y decenas de miles de empleos.
El siete de siete del que presume Trump
La cuenta la dio el propio presidente estadounidense en septiembre, durante la Asamblea General de la ONU. Ante una docena de mandatarios afines, Donald Trump presumió de que todos los candidatos de derecha han ganado: siete elecciones presidenciales en la región desde su regreso a la Casa Blanca, siete victorias. ‘Todos a los que he apoyado han ganado’, dijo, según recogió The Guardian.
El escenario de esa exhibición tiene nombre propio: la coalición Escudo de las Américas, un bloque antidroga de quince países gobernados por la derecha o la ultraderecha. Brasil es el gigante que no está en ese tablero. Todavía.
En la papeleta, el duelo tiene apellidos. Flávio Bolsonaro, senador, es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por la trama golpista que desembocó en el asalto del 8 de enero de 2023 contra el Congreso, el Supremo y el Palacio del Planalto.
Inhabilitado por la justicia electoral, el padre no podía encabezar la candidatura; el relevo recayó en él. Frente a los Bolsonaro, Lula da Silva busca revalidar su mandato con la máquina del Estado a favor y con el aval de la etapa de crecimiento que pilotó entre 2003 y 2010.
España tiene en Brasil miles de millones invertidos y una banca que saca de allí buena parte de su beneficio trimestral: las urnas brasileñas se notan en Madrid.
La campaña ha tenido, además, un componente que aquí se mira con distancia y allí se vive con pasión: la religión. Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, ha entrado en la disputa electoral, hasta el punto de que la prensa internacional ha titulado sobre el temor a que se rompa ese vínculo con la fe popular.
Qué se juega España si vence uno u otro
Brasil es la gran apuesta española en América Latina. Santander tiene allí uno de sus mercados más rentables; Telefónica opera su mayor filial por ingresos; Iberdrola controla la eléctrica Neoenergia; y Repsol, Naturgy, Aena o Mapfre mantienen posiciones relevantes. Un giro político en Brasilia no expropia nada de un día para otro, pero sí cambia reglas, tarifas y licencias.

El segundo frente se libra en Bruselas. El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, negociado durante más de dos décadas y aún pendiente de ratificación, abriría el mercado brasileño con menos aranceles para la industria y el agroalimentario españoles. Un Ejecutivo brasileño alineado con Washington añadiría incertidumbre a un pacto que España defiende con especial interés.
Conviene no engañarse: los principales frenos siguen estando en el lado europeo, con Francia a la cabeza por el miedo a la competencia agrícola. Pero el color político de Brasilia condiciona el calendario, el tono y la letra pequeña de la ratificación.
Hay un tercer frente, más silencioso y más profundo: el espacio iberoamericano. España es la referencia cultural e institucional de la región. Si el eje político del continente se reordena en clave estrictamente hemisférica (Washington, coaliciones antidroga, cumbres sin Madrid ni Lisboa), la capacidad española de influir se estrecha.
Y hay un dato humano que ninguna elección borra. Brasil acoge una de las mayores comunidades de descendientes de españoles de América, con una huella gallega especialmente profunda, y España recibe una de las mayores colonias brasileñas de Europa. Ese vínculo no se vota, pero se cuida.
Lo que enseña el precedente: de los aranceles a la expropiación de YPF
Ya ha ocurrido antes, y conviene recordarlo. En 2025, Washington utilizó los aranceles como palanca de presión política contra Brasilia: elevó los gravámenes sobre las exportaciones brasileñas y sancionó a magistrados del Supremo mientras avanzaba la causa contra el expresidente por la trama golpista. Es el mismo manual que Trump aplica ahora en cada cita electoral de la región.
Para las empresas españolas, el precedente más duro está en Argentina. En 2012, el Gobierno de Cristina Fernández expropió el 51% de YPF a Repsol; la compañía acabó cobrando una compensación pactada en 2014, pero el golpe de valor y de imagen fue mayúsculo. Aquel episodio enseñó algo que ahora se repite: en América Latina, el riesgo político es una línea del balance.
De ahí que lo sensato, con las urnas brasileñas abiertas, sea mirar tres cosas. Primera: si habrá segunda vuelta, porque la ley electoral brasileña la sitúa el último domingo de octubre cuando nadie alcanza la mayoría absoluta.
Segunda: cómo reaccionan el lunes en la Bolsa de Sao Paulo y en el Ibex los títulos más expuestos a Brasil. Tercera: si el resultado enfría o calienta la ratificación del acuerdo con el Mercosur en Bruselas.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Brasil vota este domingo entre el presidente Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente condenado por la trama golpista de 2023.
- Datos importantes: Trump presume de siete victorias de la derecha en la región desde su vuelta al poder; el acuerdo entre la UE y el Mercosur sigue pendiente de ratificación.
- Resumen: Un giro de Brasilia hacia el eje de Washington estrecharía la influencia española en Iberoamérica y añadiría incertidumbre a las inversiones y al pacto comercial.
