Rusia promete intensificar los ataques contra Ucrania tras la amenaza de Zelenski a las refinerías

El Ministerio de Defensa ruso responde a la promesa de Zelenski de golpear las refinerías y anuncia más ataques en Kiev y otras regiones. Moscú atribuye a Ucrania un ataque con más de 1.600 drones sobre la capital el 19 y 20 de septiembre.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Ministerio de Defensa ruso ha anunciado que intensificará los ataques contra instalaciones militares e industriales de Ucrania tras la amenaza de Zelenski de golpear las refinerías rusas.
  • ¿Quién está detrás? Moscú responsabiliza a Kiev y al propio Zelenski; Ucrania mantiene su estrategia de castigar la infraestructura energética rusa.
  • ¿Qué impacto tiene? La guerra energética entra en fase de represalias cruzadas, con los puertos del sur de Ucrania y la industria de defensa como objetivos prioritarios.

Rusia intensificará sus ataques contra Ucrania después de que Zelenski amenazara con golpear las refinerías, según el Ministerio de Defensa ruso. El anuncio convierte la guerra energética en el eje de la escalada y eleva el pulso de un conflicto que entra en su quinto invierno.

Conviene precisar de dónde sale el dato. La nota la difunde el medio estatal ruso RT y no ha sido verificada de forma independiente por fuentes ucranianas, por la OTAN ni por organismos de seguimiento del conflicto. Hablamos, por tanto, de una afirmación de parte, con toda la carga propagandística que eso implica.

El Ministerio de Defensa ruso asegura que los ataques se dirigirán contra ‘instalaciones militares e industriales, así como la infraestructura asociada’ en Kiev y otras regiones. La nota no precisa qué objetivos concretos serán alcanzados ni el calendario previsto. La advertencia llega después de que, según Moscú, Ucrania haya intensificado sus golpes contra las refinerías de petróleo rusas en las últimas semanas.

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Qué ha dicho exactamente el Ministerio de Defensa ruso

La amenaza de Zelenski, formulada el sábado, prometía elevar la presión sobre la infraestructura energética rusa en respuesta a los ataques sobre los puentes del río Dniéper en Kiev. Es la pieza que Moscú utiliza ahora como justificación formal para subir el tono.

Rusia ya había redoblado sus golpes contra la logística militar ucraniana, incluido el puerto de Odesa, y contra la base industrial de defensa. En este contexto, el puerto de Odesa, vital para la exportación de grano, se ha convertido en un objetivo recurrente. Moscú enmarca toda esa campaña como respuesta a lo que describe como una ‘campaña de presión’ de 40 días orquestada por Kiev.

Cada golpe a una refinería se traduce en un golpe a un puerto, y así hasta que una de las dos partes calcule mal el próximo movimiento.

El relato de Moscú: 1.600 drones y un 1% del PIB

refinerías rusas

El relato ruso enumera agravios. Moscú cita el ataque con más de 1.600 drones ucranianos lanzados contra objetivos en Moscú los días 19 y 20 de septiembre, los intentos de sabotear el Foro Económico Internacional de San Petersburgo en junio y los ataques contra zonas residenciales de Bélgorod. Añade seis civiles muertos en puntos de votación durante las elecciones a la Duma.

Vladímir Putin ha reconocido que los golpes a las refinerías han costado en torno al 1% del PIB ruso. Matiza que las plantas dañadas se reparan con rapidez y que el sistema energético opera con reserva suficiente. Sostiene, además, que Ucrania se ha quedado sin industria siderúrgica tras las represalias rusas.

La cifra del 1% merece contexto. Equivale a una fracción sustancial del gasto federal ruso de un año, y confirma que la campaña ucraniana contra las refinerías ha dejado de ser una molestia para convertirse en un coste estructural. Los análisis del ISW llevan meses señalando las refinerías como el punto más vulnerable de la economía rusa, un diagnóstico que ahora asume el propio Putin al ponerle cifra.

Equilibrio de Poder

La escalada se inserta en un tablero donde Washington mira hacia el Indo-Pacífico y Bruselas intenta sostener el pulso sin la capacidad industrial suficiente. La administración de Donald Trump mantiene su lógica transaccional: menos cheques en blanco para Europa y presión para que los europeos carguen con el grueso del sostenimiento a Kiev. Moscú lee ese gesto como una grieta y sube el tono justo cuando el invierno vuelve a poner a prueba la red energética ucraniana. No es la primera vez: el otoño de 2022 ya trajo una campaña sistemática contra la red eléctrica ucraniana que dejó a millones de personas sin luz durante semanas.

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Para España, el movimiento tiene dos lecturas. La primera es energética: cualquier escalada sobre las refinerías rusas agita los precios del crudo y del diésel, y golpea a una economía todavía expuesta a la volatilidad de los mercados. El crudo y el gas siguen pesando en la cesta de importación española, y una nueva ronda de volatilidad se traslada con rapidez a los precios industriales y al transporte. La segunda lectura es estratégica: la guerra de Ucrania compite por recursos y atención con el flanco sur, donde España tiene sus intereses más sensibles, de Marruecos al Sahel.

Las bases de Rota y Morón, con el despliegue antimisiles estadounidense en territorio español, forman parte de la ecuación de disuasión europea. Cualquier reconfiguración de prioridades a ambos lados del Atlántico se deja notar en Madrid antes que en Bruselas. El precedente está en la propia campaña ucraniana contra las refinerías, iniciada en 2024: entonces, como ahora, la lógica era golpear el músculo económico del adversario para encarecerle la guerra.

El riesgo inmediato es una espiral de represalias sobre la infraestructura civil y los puertos del sur de Ucrania, con Odesa en el punto de mira. La próxima ventana crítica será el invierno, cuando el déficit energético ucraniano se cruce con una nueva tanda de ataques rusos. Moscú ha puesto el contador a cero. Kiev, también. Lo que ninguna de las dos partes controla es hasta dónde aguanta la otra antes de calcular mal.