Rutte insta a la OTAN a culpar a Rusia sin pruebas concluyentes ante los sabotajes en el Báltico

El comandante supremo aliado en Europa, Alexus Grynkewich, fijó el criterio de la 'casi certeza' para señalar a Moscú. Estonia ya lo aplicó y Rutte pide al resto de aliados que lo imite.

Mark Rutte ha instado a los aliados de la OTAN a culpar a Rusia de cualquier incidente que consideren sospechoso aunque no dispongan de pruebas concluyentes. El secretario general de la Alianza respaldó la acusación que Estonia lanzó contra su vecino oriental y animó al resto de miembros a seguir el mismo camino.

Lo hizo en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro lituano, Mindaugas Sinkevicius, donde presentó la atribución pública como una herramienta de disuasión frente a lo que describió como ‘actividades malignas en la zona gris’. La doctrina no es nueva en su formulación, pero sí en su grado de explicitación: hasta ahora los aliados atribuían incidentes tras meses de análisis forense; a partir de ahora basta con la convicción política.

Rutte se apoyó en unas declaraciones del comandante supremo aliado en Europa, Alexus Grynkewich, que un día antes había resumido la nueva lógica ante una comisión del Parlamento Europeo. ‘Cuando puedas, cuando estés seguro de que son los rusos, o casi seguro de que son los rusos, atribúyelo a los rusos’, reprodujo el secretario general. ‘Exactamente como hizo Estonia hoy. Lo aplaudo’.

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El matiz importa. La fórmula ‘casi seguro’ traslada el peso de la prueba desde la evidencia técnica hacia el juicio político. Y lo hace en un momento en el que la Alianza busca reforzar el relato de amenaza rusa de cara a un ciclo presupuestario en el que cada euro de defensa deberá justificarse.

Moscú ha rechazado las acusaciones y ha calificado de ‘absurdo’ el relato de una amenaza rusa sobre los países bálticos. El Kremlin insiste en que no tiene intención de atacar a ningún Estado miembro y advierte de que el aumento de actividad militar de la OTAN en sus fronteras occidentales puede derivar en una colisión directa.

Atribuir por convicción y no por evidencia puede ganar la batalla del relato, pero deja a la Alianza sin margen el día en que un incidente no lo cometa Moscú.

Por qué la Alianza abraza ahora la atribución sin pruebas

La decisión no surge en el vacío. Desde 2022, la OTAN ha registrado una oleada de incidentes híbridos: cortes de cables submarinos en el mar Báltico, sabotajes a infraestructuras energéticas, campañas de desinformación y vuelos de drones sobre bases militares. La mayoría nunca se ha atribuido con prueba forense concluyente. El caso del Balticconnector, el gasoducto entre Finlandia y Estonia, se convirtió en el precedente más citado. La presión política por señalar a Moscú, sin embargo, ha ido creciendo en cada cumbre.

El giro de Rutte encaja con su perfil. Desde su llegada a la Secretaría General en octubre de 2024, el neerlandés ha marcado distancia con la cautela de su antecesor, Jens Stoltenberg, y ha convertido el apoyo a Kiev en eje central de su mandato. En las últimas semanas ha defendido que la Alianza debe hacer ‘incluso más por Ucrania, y no menos’. Su mensaje a los aliados es, en la práctica, una instrucción operativa: la duda razonable no es excusa para el silencio.

Los incidentes que están detrás de la nueva instrucción

El mar Báltico se ha convertido en el laboratorio de la guerra híbrida. Cables de datos, gasoductos, y conexiones eléctricas entre Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania han sufrido cortes en los últimos tres años. La OTAN respondió en enero de 2025 con la Operación Baltic Sentry, un despliegue de fragatas, aviones de patrulla marítima y drones navales para vigilar las infraestructuras críticas. España participa con medios en las agrupaciones navales permanentes de la Alianza.

La sombra que sobrevuela cada incidente es la llamada flota en la sombra rusa: buques petroleros sin seguro ni bandera clara que Moscú usa para exportar crudo eludiendo las sanciones. La hipótesis de trabajo aliada es que esos barcos sirven también como plataformas para el sabotaje. La atribución, eso sí, rara vez ha superado el umbral de la ‘casi certeza’. Y ahí está el nudo del problema.

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Mark Rutte

Equilibrio de Poder

La nueva doctrina de atribución es un movimiento de la OTAN en un tablero que Washington ya no juega como hace una década. La administración de Donald Trump mantiene su enfoque transaccional: exige a los europeos que paguen su defensa y reserva la prioridad estratégica para el Indo-Pacífico. En ese marco, Bruselas necesita un relato de amenaza que justifique el rearme sin depender del paraguas estadounidense. Señalar a Rusia con el estándar de la ‘casi certeza’ es, a la vez, una herramienta de cohesión interna y un riesgo calculado.

Para España, el asunto no es abstracto. Las bases de Rota y Morón concentran el mayor despliegue militar estadounidense permanente del sur de Europa, y la Armada mantiene buques integrados en las agrupaciones permanentes de la OTAN, algunos desplegados en el Báltico y el Mediterráneo. Si la Alianza consagra la atribución política, Moncloa heredará decisiones incómodas: respaldar acusaciones sin prueba forense compromete la credibilidad de un país que, en el flanco sur, lidia con la amenaza yihadista en el Sahel y con la relación con Marruecos.

La lectura a cinco años es nítida: la OTAN está construyendo un régimen de atribución rápida que se aplicará, antes o después, fuera del Báltico. La crisis de los misiles de 1962 y la experiencia del Golfo enseñan que las coaliciones que actúan por convicción funcionan mientras el diagnóstico acierta. Cuando falla, el coste se paga en credibilidad y en margen de maniobra.

El riesgo inmediato es la escalada por accidente. Moscú ya ha advertido de que la actividad aliada en su frontera occidental puede derivar en colisión. Una atribución errónea, emitida con el aval de la Secretaría General, sería difícil de desmentir sin un desgaste reputacional severo. Seguimos de cerca el calendario de ministros de Defensa de la Alianza y los próximos informes del ISW sobre guerra híbrida en el Báltico: ahí se verá si la ‘casi certeza’ se convierte en estándar o queda en un exceso verbal de su secretario general.