Sánchez convoca elecciones generales el 29-N y Vox arranca campaña con inmigración y fiscalidad

El decreto de disolución se publica este martes 6 de octubre y sitúa la cita con las urnas en el día 54 posterior a la convocatoria. Vox encara la precampaña con el control de fronteras y la rebaja de impuestos como banderas.

Sánchez convoca este lunes elecciones generales para el 29-N y Vox arranca campaña con la inmigración y la fiscalidad como ejes.

El anuncio llega después de un fin de semana de reuniones con su núcleo duro y de un segundo periodo de reflexión. El presidente del Gobierno disuelve las Cortes tras el fracaso de los dos reales decretos ley sobre vivienda y el portazo de Junts, que dejó al Ejecutivo sin mayoría para sostener su agenda legislativa. Con esa decisión, Pedro Sánchez se convierte en el primer presidente de la democracia que no presenta unos Presupuestos Generales del Estado.

Este mismo lunes se reúne el Consejo de Ministros extraordinario, sin rueda de prensa posterior, y la Ejecutiva Federal del PSOE ha desplazado su cita a las 17.00 horas. El decreto de disolución y convocatoria se publica este martes 6 de octubre en el Boletín Oficial del Estado, lo que sitúa la cita con las urnas en el día 54 posterior a la convocatoria, el domingo 29 de noviembre, tal y como fija la ley electoral para los supuestos de disolución anticipada.

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En su declaración institucional, sin preguntas, Sánchez se presentó como víctima de la ‘peor oposición de la historia democrática’ y cargó contra el Partido Popular y contra Vox. Apuntó incluso a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso: ‘Hemos transferido a esos gobiernos autonómicos más recursos que nunca para que invirtieran en sanidad, en educación, para que construyeran vivienda. Y ellos han comprado áticos y han privatizado hospitales’. Moncloa quiere que la vivienda sea el gran asunto de la campaña.

Los ejes de Vox: inmigración y fiscalidad

Vox entra en campaña con dos banderas propias. La dirección del partido coloca el control de la inmigración ilegal y la bajada de impuestos en el centro de su mensaje, y sostiene que son los dos asuntos que más pesan sobre el bolsillo de las familias y sobre la calidad de los servicios públicos: sanidad, educación y, de forma muy señalada, el acceso a la vivienda. El razonamiento que repiten sus portavoces es simple: sin control de fronteras no hay política social sostenible, y sin alivio fiscal no hay crecimiento capaz de financiarla.

En materia fiscal, el partido defiende una rebaja del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, la supresión de tributos que considera ideológicos y una revisión del gasto público que devuelva margen a las familias. En inmigración, reclama control efectivo de las fronteras, expulsión de quienes se encuentran en situación irregular y una política de flujos ordenada y vinculada al mercado de trabajo. La tesis que une ambos ejes es la misma: un Estado no puede garantizar derechos que no está en condiciones de financiar.

Vox no aspira tanto a ganar el 29-N como a fijar el marco de la derecha y a condicionar cualquier mayoría en la que el PP precise sus votos.

La reacción del PSOE y el tablero del 29-N

El PSOE ha cerrado filas con Sánchez sin fisuras visibles. ‘El secretario general tiene todo nuestro apoyo’, trasladan desde la dirección federal, que asegura afrontar la cita con ‘proyecto, equipo y fuerza’. Los socialistas presentan la campaña como una defensa del empleo, del salario mínimo y de la revalorización de las pensiones, y sitúan la vivienda, la inteligencia artificial y el cambio climático como los grandes retos de la década. Frente a ellos colocan a Partido Popular y Vox, a los que describen como ‘la coalición de los buitres, de los retrocesos y del miedo’.

La aritmética manda. Vox llega a la cita con los 33 escaños que le dieron la condición de tercera fuerza del Congreso de los Diputados y con una red territorial consolidada en parlamentos autonómicos y ayuntamientos. Para el Partido Popular, la convocatoria abre una ecuación incómoda: cualquier mayoría alternativa exigiría socios de signo muy distinto, y cualquier mayoría con Vox pasaría por negociar condiciones verificables antes de la investidura.

En Moncloa, el cálculo es otro. El Gobierno apuesta por una campaña corta y por un adversario identificable: el bloque de la derecha. Sin embargo, la vivienda es un asunto de gestión y el PSOE lleva años al frente del Ejecutivo. A eso se suma un dato difícil de esquivar: es el primer mandatario de la democracia que cierra el mandato sin unas cuentas públicas aprobadas.

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La lectura estratégica: una campaña en los temas de Vox

Nuestra lectura es que el adelanto llega en el momento más cómodo para el partido de Santiago Abascal. La vivienda se ha convertido en el asunto que más moviliza el malestar social y conecta con el discurso de Vox sobre presión migratoria y suelo disponible; la fiscalidad, con el desgaste del poder adquisitivo. La formación llega con músculo territorial, con 120 escaños autonómicos y miles de concejales, y con la experiencia de la ruptura de los gobiernos de coalición con el PP en 2024.

El riesgo para el Gobierno está en su propio marco. Si la campaña se decide por la gestión de la vivienda, el debate se traslada al balance de un Ejecutivo que no logró aprobar unas cuentas y que dependió hasta el último día de Junts para sostener su agenda. Vox, mientras tanto, tiene ante sí un calendario definido: publicación del decreto en el Boletín Oficial del Estado el 6 de octubre, una precampaña que arranca de inmediato y una campaña que se cerrará el viernes 27 de noviembre, antes de la jornada de reflexión. Con 54 días por delante y dos banderas claras, el partido busca que el 29-N se vote sobre inmigración y fiscalidad, no sobre el relato de Moncloa.