El independentismo llega a las elecciones del 29-N con ERC y Junts en guerra abierta y la CUP sin decidir si se presenta.
La jornada del lunes ha dejado dos movimientos que retratan el momento. La secretaria general de ERC, Elisenda Alamany, ha reivindicado a Gabriel Rufián como ‘el mejor candidato’ de los republicanos al Congreso, pocas horas después de que el entorno del dirigente dejara claro que todavía ‘reflexiona y escucha’. En paralelo, la CUP, que publica sus convocatorias en su web oficial, ha situado en el sábado la asamblea en la que decidirá si concurre a los comicios. Quedan ocho semanas y ningún actor tiene el terreno despejado.
Por qué ERC cierra filas con Rufián antes del 17 de octubre
Alamany no dejó espacio a las dudas. ‘Pensamos que Rufián es el mejor candidato’, afirmó en rueda de prensa, el mismo día en que ERC abría el proceso interno de candidaturas y fijaba el 17 de octubre como fecha tope para tener cabeza de cartel y lista cerrada, un calendario que el partido canaliza a través de sus canales oficiales. ‘Hace tiempo que nos preparamos para el ciclo electoral. Ya tenemos aprobados los reglamentos’, añadió.
El calendario convive ahora con una ambigüedad que la dirección no ha resuelto. Fuentes del entorno de Rufián sostienen que el dirigente ‘reflexiona y escucha’ y que quiere oír ‘a todo el mundo’ antes de decidir, además de insistir en su apuesta por un frente común con las izquierdas españolas. Traducido: el nombre que ERC reivindica en público todavía no ha dicho sí. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
Junqueras también se ha movido. En X escribió que los republicanos están ‘preparados para defender Catalunya y rompernos la cara para mejorar la vida de la gente‘, y mantiene su intención de ser el candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat. Son dos carreras separadas y la dirección lo repite para que nadie las confunda: una cosa es el Congreso y otra, el Palau.
ERC y Junts llevan una década compitiendo por el mismo electorado y ninguno ha logrado traducir esa pugna en poder real en Madrid.
Lo que observamos es una operación de encaje. ERC necesita un nombre reconocible para el 29-N y Rufián lo es. Necesita, además, que la militancia no lea la jugada como un reparto de sillones antes de tiempo. De ahí el tono: reivindicación pública, decisión aplazada y una puerta abierta al frente amplio que nadie ha concretado. Aquí nadie regala nada.
Junts, el enemigo señalado de la campaña republicana

Alamany cargó contra la formación de Carles Puigdemont con una acusación gruesa: ‘tres años torpedeando la legislatura’ y ‘cualquier avance para la clase trabajadora y media’. En su lista de daños coloca los 4.700 millones de euros anuales que, según ERC, debían llegar a Catalunya al calor de los acuerdos con el Gobierno central. La cifra equivale a unos 590 euros por catalán y año y sirve de argumento de campaña contra cualquier relato de gestión compartida.
La dirigente fue más allá y situó a Junts fuera del interés general: ‘Junts ha dinamitado cualquier interés de la clase media y trabajadora catalana y solo defienden los intereses de unos pocos en Catalunya’. El reproche tenía un destinatario doble. Alamany apuntó también a Salvador Illa, a quien echó en cara no estar ‘nada preocupado por haber perdido 4.700 millones de euros’ y sí, en cambio, por ‘defender los intereses del PSOE’.
Hay una contradicción que ERC evita poner sobre la mesa. Los acuerdos con el Gobierno central que Junts habría dinamitado son los mismos que sostienen la legislatura de Illa, y ERC sigue siendo el socio parlamentario del Govern socialista. Atacar a Junts por bloquear y sostener a la vez al PSOE en Catalunya es defendible, pero exige explicarlo con cuidado. Nadie lo ha dicho en voz alta.
El independentismo no concurre unido a unas generales desde hace más de una década y el 29-N no tiene pinta de romper la costumbre. ERC y Junts compiten por el mismo electorado desde hace años, con una diferencia de fondo: ahora la pelea se libra con un Govern del PSC en el Palau y con la CUP pendiente de confirmar si añade una papeleta más a la oferta soberanista o se queda fuera del reparto. Las cuentas no salen solas.
Lo que el 29-N revela del tablero catalán
La lectura política es otra. El 29-N se juega menos en Madrid de lo que ambos bandos sostienen y más en casa: quién capitaliza el desgaste, quién fija el relato del agravio, y quién queda como socio previsible del Gobierno central. ERC se coloca como la fuerza que garantiza la defensa de Catalunya en el Congreso —’el 29-N solo habrá una papeleta con la que puedas defender Catalunya y esta es la de ERC’—, mientras Junts seguirá explotando la vía del enfrentamiento.
El precedente más próximo está en las elecciones catalanas, donde el soberanismo conservó músculo pese a las divisiones internas. En unas generales el terreno es otro: se vota también Gobierno de España y el electorado catalán reparte su voto entre la identidad y el cálculo. Esa tensión explica por qué el frente común que Rufián reivindica no arranca. Sin ERC y sin Junts, el bloque no suma.
Para los republicanos, el riesgo es de calendario. Si el candidato no queda cerrado el 17 de octubre, la campaña arrancará con dudas internas instaladas. Si la CUP confirma el sábado su concurrencia, el espacio soberanista se fragmentará un poco más y las cuentas de la izquierda se complicarán en más de una circunscripción. Y si Rufián acaba diciendo no, ERC tendrá que inventarse otro nombre en tiempo récord. Cosas que pasan en política.
Nadie en el independentismo admite que el 29-N vaya de esto. El guion, sin embargo, ya está escrito. Cada partido mueve piezas antes de que las reglas se hagan públicas, y esta semana la CUP tiene la suya: el sábado sabremos si la oferta soberanista al Congreso se presenta con tres siglas o con cuatro, y el 17 de octubre, si ERC llega a la campaña con el cartel puesto o con la interrogante abierta.
