EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El MT On Peace, un petrolero con bandera de Panamá, recibió el impacto de un proyectil no identificado en el estrecho de Ormuz, frente a Omán. Horas después, el Aframax Rio, con bandera de Liberia, ardió tras un ataque con una embarcación no tripulada cerca de Sochi.
- ¿Quién está detrás? El ataque en Ormuz sigue sin reivindicar. En el mar Negro, Moscú confirma el uso de un dron naval contra el Aframax Rio; Ucrania señala a drones rusos en un incidente distinto, cerca de aguas rumanas.
- ¿Qué impacto tiene? Doce marineros heridos, once de ellos indios, y dos rutas energéticas globales en tensión. La OMI acumula 93 ataques confirmados a buques comerciales en Oriente Próximo.
Los ataques a buques comerciales en Ormuz y el mar Negro dejan doce marineros heridos, once de ellos indios, en apenas dos días.
El MT On Peace atravesaba el estrecho de Ormuz cuando un proyectil no identificado impactó en su casco frente a las costas de Omán. La tripulación sumaba 19 personas, 17 de nacionalidad india. Doce resultaron heridas, once de ellas indias. Los marineros fueron evacuados con apoyo de las autoridades omaníes y reciben tratamiento en Khasab, según el Ministerio de Asuntos Exteriores de la India, que reclamó el fin de lo que describió como agresión contra la navegación comercial.
A más de 4.000 kilómetros de distancia, el Aframax Rio, un petrolero con bandera de Liberia, quedó envuelto en llamas frente a la costa rusa del mar Negro, cerca de Sochi. Sus 23 tripulantes, todos indios, fueron rescatados. El Ministerio de Transporte de Rusia atribuye el fuego al impacto de una embarcación no tripulada —un dron naval— y su titular, Andrey Nikitin, confirmó que el incendio quedó sofocado sin vertidos detectados en las aguas próximas.
Un tercer episodio ocurrió un día antes. El MV Royad Mammadov se incendió cerca de aguas territoriales rumanas. Murieron dos tripulantes y un marino indio resultó herido. Las autoridades rumanas no determinaron la causa, mientras que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, culpó a drones rusos. La atribución no cuenta con verificación independiente.
El balance apunta a un patrón sostenido. La Organización Marítima Internacional (OMI) contabiliza 93 ataques confirmados contra el transporte comercial en Ormuz y el conjunto de Oriente Próximo hasta el 6 de octubre. Nueva Delhi ha respondido con seguimiento buque por buque y coordinación permanente para sus tripulaciones en las aguas de mayor riesgo del Golfo.
Dos cuellos de botella energéticos, Ormuz y el mar Negro, se han convertido en el mismo campo de batalla para las tripulaciones civiles que los cruzan a diario.
La India no es un actor secundario en esta ecuación. Es el segundo proveedor mundial de marinos, con 311.936 profesionales, el 12,16% de la fuerza laboral marítima global, según el informe de la BIMCO-ICS de 2026. Más de 4.500 marineros indios operaban en el Golfo Pérsico a finales de septiembre. El país vigila directamente doce buques, propios y extranjeros, con unos 163 tripulantes indios a bordo.
Por qué la India está en el centro de los dos ataques

La cifra de 15 marineros indios muertos y dos desaparecidos en 57 incidentes marítimos relacionados con conflictos en Asia Occidental y el mar Negro durante los tres meses previos —según el regulador marítimo indio, citado en agosto— explica la reacción de Nueva Delhi. El primer ministro, Narendra Modi, propuso una red de emergencia que conecte a autoridades marítimas y embajadas para asistir a tripulaciones en apuros. India y Liberia lanzaron además un grupo en Naciones Unidas centrado en la seguridad de la navegación comercial.
India tiene margen diplomático. Mantiene canales abiertos con Teherán, con las monarquías del Golfo y con Moscú, algo que pocas capitales pueden exhibir hoy. Esa posición la convierte en interlocutor útil, pero también en objetivo fácil: sus tripulaciones son las más expuestas por volumen, y un incidente con bajas indias puede tensar relaciones en varias direcciones a la vez.
Equilibrio de Poder
El doble foco revela la lógica de fondo. En Ormuz, el proyectil sin reivindicar mantiene la ambigüedad calculada que ya vimos en los ataques a petroleros en el Golfo de Omán de 2019, cuando nadie asumió la autoría y todos los actores ganaron espacio para negar. En el mar Negro, el dron naval es ya una herramienta consolidada de la guerra de desgaste entre Rusia y Ucrania, con el transporte comercial como daño colateral recurrente.
Para Washington, el flanco prioritario sigue siendo el Indo-Pacífico, y Ormuz su punto de fricción con Teherán. Para Moscú, cada incendio en el mar Negro complica sus exportaciones y refuerza su relato de asedio. Y para Bruselas, la factura es energética y aseguradora: cada ataque encarece las primas de riesgo de los cargueros que cruzan hacia Europa.
España lo nota en dos frentes. El crudo que llega del Golfo y el gas que atraviesa rutas marítimas tensionadas presionan la factura energética nacional. Y el flanco este de la OTAN, del que Rumanía es frontera directa, se vuelve más frágil con cada embarcación atacada en aguas próximas. La misión europea Operación Aspides en el mar Rojo ya demostró que proteger el tráfico comercial exige despliegue naval permanente y costoso.
El riesgo inmediato es de escalada por acumulación. Un proyectil mal atribuido, una baja civil más o una reivindicación inesperada pueden cerrar el margen de ambigüedad que hoy mantiene el conflicto contenido. La próxima ventana crítica llega con la reanudación de rutas tras la temporada de mayor tráfico y con la próxima reunión técnica que convoque la OMI.

