EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El PSOE ha evitado respaldar en la Eurocámara las iniciativas que buscan restringir a proveedores chinos como Huawei, según OkDiario, en plena escalada de la tensión comercial entre Bruselas y Pekín.
- ¿Quién está detrás? La Comisión Europea y una mayoría del Parlamento Europeo empujan el cerco técnico; el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, viaja esta semana a Pekín y los líderes de la UE se citan el 15 y el 16 de octubre en Bruselas.
- ¿Qué impacto tiene? España es una de las economías más expuestas al comercio con China y la posición socialista condiciona el voto español en los próximos expedientes sobre ciberseguridad y autonomía estratégica.
El PSOE ha evitado respaldar en el Parlamento Europeo las iniciativas que buscan restringir a proveedores chinos como Huawei en las redes e infraestructuras críticas de la UE. La información, adelantada por OkDiario, sitúa a los socialistas en una posición incómoda dentro del bloque progresista de la Eurocámara, donde sus socios habituales sí respaldan el cerco técnico a Pekín.
Ferraz frena mientras la Eurocámara aprieta
La decisión de los socialistas españoles contrasta con el tono que Bruselas ha adoptado en las últimas semanas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió el mes pasado ante el Parlamento Europeo de que el desequilibrio comercial con China había alcanzado un punto de inflexión y anticipó que la UE utilizaría todas las herramientas a su alcance para reequilibrar la relación.
El frente diplomático está abierto. El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, viaja esta semana a Pekín para reunirse con el ministro de Comercio chino, Wang Wentao, en una ronda de contactos que se extiende el jueves y el viernes. El objetivo declarado por el propio comisario es arrancar a China ‘resultados tangibles’ antes de que los jefes de Estado y de Gobierno se reúnan en el Consejo Europeo el 15 y el 16 de octubre, con la gestión del comercio con Pekín en lo más alto de la agenda.
Los números explican la urgencia. El déficit comercial de la UE con China en el sector de bienes supera ya los 1.000 millones de euros al día, una sangría que Bruselas atribuye al exceso de capacidad industrial chino y a las restricciones que Pekín mantiene sobre las exportaciones de tierras raras y otros minerales críticos. El desequilibrio se ha convertido en el asunto económico más sensible de la legislatura europea.
La asimetría también se aprecia en el automóvil. Las importaciones de híbridos enchufables procedentes de China han crecido un 86% en lo que va de año hasta septiembre, con una caída de precios del 20%, mientras que los vehículos eléctricos de batería han subido un 40%. Más de la mitad de estos vehículos llegan desde China pese a los aranceles que la UE aplica a los eléctricos fabricados allí.
El cerco a Huawei y al resto de proveedores chinos ya no se libra en los despachos técnicos: se libra en el hemiciclo, y cada partido decide a quién mira.
Cerca de una cuarta parte de todas las importaciones europeas están creciendo a un ritmo preocupante, con incrementos anómalos en maquinaria, textil, metales básicos y productos químicos, según datos manejados por la propia Comisión. Pekín responde que dar tanto peso a los desequilibrios y al exceso de capacidad es una forma de proteccionismo diseñada para presionar a China y frenar su desarrollo tecnológico.
El flanco político español
En clave interna, el desmarque socialista tiene lectura doméstica. El PSOE depende de socios parlamentarios que se muestran reticentes a alinearse con Washington en el pulso tecnológico, y también de un electorado al que no le entusiasma un discurso que pueda dañar la relación comercial con el gigante asiático. España exporta a China en sectores como el agroalimentario, el turismo y componentes industriales, y cualquier escalada arancelaria tendría coste directo.
La línea que defienden los socialistas no es una excepción en Europa. Varios gobiernos han apostado por un enfoque de seguridad basado en el riesgo antes que por prohibiciones explícitas por fabricante, una fórmula que comparten Alemania y otros Estados miembros. El problema es que ese enfoque mixto deja sin resolver quién decide qué es un riesgo aceptable y quién paga las consecuencias de una decisión que afecta a operadoras, empresas y ciudadanos.
El Eje del Poder Europeo
El pulso entre los grandes ejes europeos vuelve a aflorar. Berlín y París discrepan abiertamente sobre cómo tratar a Pekín: Alemania, con su industria automovilística dependiente del mercado chino, insiste en la prudencia y en evitar una escalada arancelaria; Francia, con un sector industrial más protegido, abandera el endurecimiento y reclama instrumentos de defensa comercial. Los países del sur —España, Italia, Grecia— temen represalias chinas en agricultura y turismo, mientras el grupo de Visegrado y los bálticos presionan para alinearse con Estados Unidos. Es geometría variable en estado puro.
Analizamos esta posición socialista como un movimiento de cálculo político, no como un giro estratégico de fondo. Pedro Sánchez ha construido su perfil exterior sobre un equilibrio difícil entre Bruselas, Pekín y Washington, y no quiere que el cerco tecnológico le fuerce a elegir bando en pleno ciclo electoral europeo. Lo que está en juego es el modelo de autonomía estratégica a diez años: si la UE quiere restringir proveedores chinos sin romper con Pekín, necesita que las grandes familias políticas mantengan una línea común, y el PSOE acaba de demostrar que esa línea no está garantizada.
El precedente histórico es elocuente. Cuando Washington desató su campaña contra Huawei en 2019, la UE tardó años en articular un enfoque mínimamente coordinado. Aquello dejó a los Estados miembros dependiendo de proveedores de distinto origen y con estándares de seguridad desiguales, y cada país acabó negociando por separado con Pekín y con Washington. La lección fue amarga y sigue sin corregirse del todo.
Un riesgo inmediato sobrevuela la agenda: que el desmarque socialista debilite la posición negociadora europea de cara a la cumbre del 15 y el 16 de octubre. Si Bruselas no logra compromisos tangibles de Pekín antes de esa cita, la Comisión estudiará activar nuevos instrumentos de defensa comercial, entre ellos el Instrumento Anticoerción, diseñado para responder a bloqueos económicos de terceros países. La ventana crítica se cierra pronto.
Lo que observamos, en definitiva, es un PSOE que ha decidido no poner la cara en un asunto que divide a su propio electorado y que incomoda a sus socios. La próxima cita, el 15 y el 16 de octubre en Bruselas, revelará si el gesto queda en un desmarque táctico o si anticipa un frente político más durable contra la línea dura hacia Pekín.

