El PSOE despliega el voto útil en una docena de provincias medianas para arañar escaños al espacio de Sumar, y la operación apunta directamente a la fragmentación de los confluentes. La maniobra no es nueva, pero nunca se había activado con tanta precisión territorial.
Óscar Puente, ministro de Transportes y portavoz oficioso de la campaña de Pedro Sánchez, ha retuiteado en los últimos días mensajes que apelan a concentrar el voto socialista allí donde la izquierda situada a su izquierda ya no tenía opciones realistas de lograr representación. No es una operación improvisada: responde a un análisis minucioso que en Ferraz manejan desde hace semanas.
Una docena de provincias y el reparto de los restos
La base del cálculo es el reparto de los restos, las papeletas que se quedan sin escaño después de la primera asignación de diputados. En la sala de máquinas socialista tienen identificada una docena de circunscripciones en las que ese reparto podría beneficiarles a costa de PP y Vox si lograran canalizar el apoyo que Sumar obtuvo en 2023 sin capacidad para rentabilizarlo.
El foco se pondrá sobre todo en las provincias que reparten cinco asientos, ocho en total. Con los datos del escrutinio de las generales de hace tres años, de haber acaparado los sufragios de su socio de coalición, los socialistas habrían logrado un tercer parlamentario en Huelva, Jaén, y Badajoz, dejando a cero al partido de Santiago Abascal y superando en uno al de Alberto Núñez Feijóo.
La fórmula también es aplicable en circunscripciones más pequeñas. Si los votantes de Sumar en 2023 hubieran optado por la papeleta socialista en Lugo y Orense, donde se eligen cuatro diputados, Sánchez habría ganado un escaño más en cada una, arrebatándoselo en ambos casos al PP. Lo mismo habría ocurrido en Huesca y Cuenca, que reparten tres de las 350 actas de la Cámara Baja.
El voto útil no busca laminar al espacio de Sumar: busca rentabilizar una fragmentación que la propia izquierda no supo convertir en escaños en 2023.
El objetivo, insisten en la dirección socialista, no pasa por laminar por completo el espacio de la izquierda. Sabedores de que hay un sector al que nunca llegarán por mucho llamamiento al voto útil que hagan, según los cálculos internos que se manejan, sus socios minoritarios en La Moncloa tendrían que lograr al menos una veintena de representantes —sacaron 31 en los últimos comicios— para que hubiera alguna opción de reeditar la coalición tras el 29-N.
El porqué interno: la fragmentación que Sumar no rentabilizó

Aquí está la clave que explica por qué el PSOE se mueve. El espacio de Sumar, reconvertido en Frente Amplio tras el proceso de sucesión de Yolanda Díaz, llega al 29-N sin haber resuelto la fragmentación que arrastra desde su fundación. Los confluentes —Izquierda Unida, Más País, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista, Galicia en Común y Catalunya en Comú, entre otros— compiten por un mismo electorado sin una marca única que los aglutine en las provincias pequeñas.
Los mensajes que Puente ha amplificado dibujan ese electorado con precisión. Uno de ellos resume la lógica: un votante que apoyaría a Más Madrid si viviera en Madrid o a Compromís en Valencia, pero que en Zamora concluye que solo le queda una opción, ‘PSOE o nada’. Otro lo traduce en primera persona: votará al PSOE aunque le pese, porque le pesa menos que Feijóo o Abascal.
El precedente que Ferraz tiene en la cabeza es el de 2000. Entonces, Joaquín Almunia intentó convencer a Izquierda Unida de que no se presentara en las 34 provincias donde la división del voto favorecía al PP, y no lo logró: José María Aznar firmó una amplia mayoría absoluta. Esa lección explica por qué ahora nadie en la Ejecutiva Federal ha planteado pedir a Frente Amplio que se retire en las circunscripciones donde sus marcas nunca han obtenido representación. Se prueba por la vía de los hechos.
La Dinámica de Coalición
Dentro de Sumar el momento es delicado. La formación llega a la cita del 29-N en plena reconstrucción tras la salida de Yolanda Díaz, con los confluentes midiendo su peso relativo y sin una estructura de campaña común en las provincias medianas. Eso es exactamente lo que el PSOE detecta y explota.
La paradoja es que ambos partidos siguen siendo socios en La Moncloa. El gobierno de coalición no se rompe, pero cada llamamiento del PSOE al voto útil es un mensaje a los votantes de que su socio es prescindible donde no suma. La lectura que hacemos es clara: la concesión que Sánchez no hará es pedir a Frente Amplio que se retire; la que ya está haciendo es absorber su espacio por la vía de los hechos.
El calendario aprieta. Con la campaña arrancando en Dos Hermanas, ciudad talismán de Sánchez, y el 29-N como horizonte, cada escaño de las provincias de cinco asientos vale doble. Si Frente Amplio no alcanza esa veintena de diputados que la dirección socialista considera el mínimo para reeditar la coalición, la aritmética posterior al 29-N puede dejar al PSOE con un socio debilitado o sin socio al que recurrir.
Ficha del Caso
- El caso: El PSOE activa el voto útil en una docena de provincias medianas para captar el apoyo que Sumar obtuvo en 2023 y que no logró convertir en escaños, de cara a las elecciones del 29 de noviembre.
- Datos importantes: Circunscripciones de cinco asientos: Huelva, Jaén y Badajoz. De cuatro: Lugo y Orense. De tres: Huesca y Cuenca. El espacio de Sumar logró 31 diputados en 2023; la dirección socialista calcula que necesitaría al menos una veintena para reeditar la coalición.
- Resumen: La ofensiva del voto útil tensa la relación con su socio de gobierno sin romperla, y pone a prueba la capacidad del espacio de Sumar para movilizar un voto propio donde está más fragmentado.
