El próximo retiro presidencial de Trump no estará en Maryland: estará junto a su campo de golf de Palm Beach, en Florida.
Una propuesta presentada al condado de Palm Beach pide designar una parte del Trump International Golf Club como retiro presidencial permanente, con alojamiento para líderes extranjeros y espacio para cumbres internacionales. El suelo es del condado, no del club: terreno público, uso privado y rango federal.
La petición la firma el abogado de la instalación, Harvey Oyer, y es sencilla de resumir: que el condado ceda una parte del suelo al Gobierno de Estados Unidos y que Donald Trump pague la residencia presidencial y las instalaciones anexas. Así, tal cual.
En la carta que Oyer dirigió el mes pasado a la Junta de Comisionados del condado, la comparación es explícita: el campo presidencial será, escribe, tan reconocible en el mundo como Camp David, el castillo de Windsor o el Elíseo. Los presidentes que vengan después tendrían membresía gratuita en el club.
Oyer ha explicado al Palm Beach Post que el proyecto no estará terminado antes de que Trump deje el cargo. En la práctica, el retiro sería un regalo a sus sucesores.
La Casa Blanca confirmó al Washington Examiner que el Gobierno federal estudia desarrollar el campo como sede de reuniones ‘importantes’. El argumento del portavoz fue logístico: la finca está a minutos del aeropuerto internacional Donald J. Trump, no tiene edificios ni viviendas pegados al recorrido, cumple en seguridad y queda cerca de las fuerzas del orden.
No es un capricho inmobiliario: es el intento de institucionalizar Florida como segunda sede permanente del poder presidencial.
Todo está, eso sí, en fase preliminar. Habría que consultar a varias agencias federales, no existe estimación de coste y ni siquiera se ha decidido en qué punto del recorrido se levantaría el alojamiento. Lo que ya está sobre la mesa es que el poder presidencial pueda tener domicilio en el sur.
De Camp David a Palm Beach: qué respalda la historia y qué no tiene precedente
Camp David no nació como residencia de lujo. Se construyó entre 1935 y 1938 con fondos de la Works Progress Administration, la agencia del New Deal que daba empleo a los parados americanos, como campamento recreativo para funcionarios federales. Franklin D. Roosevelt lo convirtió en retiro presidencial en 1942; Dwight D. Eisenhower lo rebautizó en 1953 con el nombre de su nieto, David; y en 1959 recibió allí al premier soviético Nikita Khrushchev.
Usar propiedades propias como sede del poder tampoco es nuevo. Lyndon B. Johnson despachó desde su rancho de Texas; Richard Nixon convirtió San Clemente en la Casa Blanca del Oeste; Ronald Reagan tuvo su Rancho del Cielo. George W. Bush recibió en su rancho de Crawford, en 2003, al presidente del Gobierno español, José María Aznar.
La diferencia con el caso de Palm Beach es el diseño jurídico. No aparece en los archivos un precedente idéntico: suelo público cedido al Gobierno federal para levantar una residencia presidencial dentro de un club privado, con la obra pagada por el promotor. La fórmula, sin embargo, es nueva.
Qué significa esto para España y para los líderes que visitan Washington

Aquí no hay cifras de exportación que se muevan: el expediente no toca aranceles, tipos ni contratos públicos. Lo que se mueve es el protocolo. Ser recibido en un retiro presidencial es el escalón más alto del trato bilateral. Camp David ha albergado cumbres con líderes europeos y Mar-a-Lago se ha convertido en la antesala donde Trump recibe a sus invitados internacionales.
España no tiene nada equivalente. La Moncloa es residencia y despacho en el mismo edificio, el Rey despacha en La Zarzuela y el Gobierno ha usado el Palacio de las Marismillas, en Doñana, para encuentros informales. Ninguno de esos espacios tiene el perímetro de seguridad ni el estatus de Camp David. Para un presidente del Gobierno español, una cumbre en un retiro ajeno es una excepción, no una rutina.
En clave económica, el interés está en el escaparate. Florida funciona desde hace años como base de la banca española en Estados Unidos, con Santander y BBVA operando desde Miami y con cadenas hoteleras españolas asentadas en el estado. Si Palm Beach gana rango diplomático permanente, el sur de Florida pesará más en las agendas oficiales españolas. El escaparate importa.
La Lógica de Washington
El problema que intenta resolver la Casa Blanca ya existe: la presidencia de Trump pasa semanas enteras en Florida y Mar-a-Lago funciona como residencia de invierno. Formalizar un retiro permanente en Palm Beach es poner arquitectura institucional a una realidad consolidada. La lógica es la de Roosevelt en 1942, cuando convirtió un campamento de funcionarios en el lugar donde se decidían las cosas importantes: distancia del ruido, pero a tiro de teléfono del Despacho Oval.
La coalición que sostiene la operación es local antes que federal. El condado es el propietario del suelo y quien debe aprobar la cesión; el club, el promotor; el Gobierno federal, el usuario futuro. El precedente es la propia tradición americana de los retiros presidenciales, de Eisenhower a Bush, siempre en clave privada y temporal. La novedad aquí es la permanencia.
Hay dos aristas finas. La primera es el calendario: en noviembre hay elecciones legislativas y cualquier operación inmobiliaria con el apellido Trump en el centro se lee también en clave política. La segunda es la ética federal: las normas que regulan regalos y conflictos de interés tendrán que pronunciarse sobre una membresía gratuita que sale de un club privado. Ahí empieza el problema.
La próxima ventana es la respuesta del condado, que debe decidir si cede el suelo. Después llegará la revisión de las agencias federales y, más adelante, una estimación de coste que hoy no existe. El riesgo es doble: que el condado diga no y el proyecto muera en un pleno, o que un futuro presidente decida no usar el regalo. Lo que ya se sabe es que la geografía de la presidencia americana se está moviendo hacia el sur, y que las capitales que hacen cola para ser recibidas en Washington tendrán que acostumbrarse a mirar el mapa. Palm Beach ya cuenta.
Ficha del Caso
- El caso: El abogado del Trump International Golf Club ha pedido al condado de Palm Beach que ceda suelo público al Gobierno federal para levantar un retiro presidencial permanente, con alojamiento para líderes extranjeros y espacio para cumbres internacionales.
- Datos clave: La construcción la pagaría Donald Trump; el proyecto no estaría listo antes del final de su mandato; no hay estimación de coste ni ubicación decidida; los futuros presidentes tendrían membresía gratuita en el club privado.
- Para España: Sin impacto comercial directo, pero sí protocolario: cambia el mapa de las visitas de alto nivel a Estados Unidos y refuerza el peso diplomático del sur de Florida, donde la banca y la hotelería españolas tienen presencia consolidada.

