Vox sostiene que la distancia entre bloques el 29-N será menor de la que auguran las encuestas y pide movilización.
No es una cautela retórica. En la dirección que preside Santiago Abascal se trabaja con un escenario más ajustado que el que dibujan los sondeos, y se insiste en que dar el resultado por hecho sería el mejor favor al PSOE. La sede nacional admite que sus cálculos internos no se van a publicar, de modo que cualquier cifra que circule estos días debe leerse con reservas.
Los sondeos conocidos sitúan la suma de las dos formaciones de la derecha por encima de los 200 diputados y, en el peor de los escenarios, por encima de los 190. La referencia que de verdad importa es otra: los 176 escaños que fijan la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. En 2023, el bloque de la derecha esperaba 180 y se quedó a cuatro de esa barrera. Nadie quiere repetir el trago.
Qué sostiene Vox y por qué no se fía de las encuestas
El cálculo de la cúpula es explícito. ‘La distancia entre bloques podría ser de apenas tres o cuatro diputados’, trasladan desde la dirección del partido, que evita detallar qué reparto arrojan sus sondeos internos. La conclusión se repite en cada reunión: nada está cerrado y el margen de error es el verdadero adversario.
Entre las variables que maneja Vox figuran la movilización extra que el PSOE pretende activar en la calle y el espacio que pueda captar Alvise Pérez. A estos factores se suman lo que en el partido se describe como un posible fraude en el voto por correo y la conocida como ley de nietos. Sumadas, admiten en la dirección, pueden jugar una mala pasada a cualquier pronóstico.
La dirección de Vox no discute el optimismo de los sondeos, discute el margen: avisa de que tres o cuatro escaños pueden decidir quién gobierna.
A eso se suma una sospecha que la dirección repite desde hace semanas: que el PSOE tiene interés en inflar a Vox en las encuestas para agitar el miedo y movilizar a su propio electorado. El objetivo de Moncloa sería también poner nervioso al PP para que cometa errores de campaña. El cálculo interno de la formación sitúa su resultado algo por debajo del 18 % que recogen otros estudios demoscópicos.
La cúpula insiste en que el diagnóstico no altera el objetivo. La prioridad sigue siendo sumar lo suficiente para desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa, y para eso el partido no se plantea abrir una batalla con el PP durante la campaña. Los reproches, señalan, quedan para después de las urnas.
El aviso del PP, el cálculo de Moncloa y el riesgo de las expectativas
Ese aviso no es exclusivo de Vox. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ya pidió tras la convocatoria electoral que nadie se confiara, y la parlamentaria Ester Muñoz insistió este martes en el mismo mensaje. El propio Santiago Abascal ha apelado a idéntica idea. También la portavoz en el Congreso, Pepa Millán, ha repetido la consigna: la experiencia de hace tres años sigue pesando.
En el PP se ha decidido, además, no entrar al choque con Vox. Dirigentes populares resumen la consigna en dos ideas, ‘sangre fría’ y ‘paso firme’, y descartan reproches cruzados más allá de las diferencias ya marcadas en los debates de los últimos años. ‘No nos equivocaremos de enemigo’, defienden, con la mirada puesta en Pedro Sánchez.
El manejo de las expectativas condiciona también la lectura de la noche electoral. Si la derecha suma por un margen estrecho, el presidente del Gobierno podría presentar el resultado como una resistencia y quedarse en la oposición con margen de maniobra. El PP se mueve en el entorno del 30 % de voto y de los 125 escaños. Si Vox está realmente fuerte, Feijóo tendrá que explicar por qué defendió que gobierne la lista más votada.
Qué se juega la derecha el 29-N y por qué pesa la serie histórica
La serie histórica avala la prudencia. En la primera convocatoria de 2019, los sondeos daban a Vox 60 escaños y la formación acabó con 24. En las últimas elecciones de Castilla y León, se auguró que superaría el 20 % del voto y se quedó por debajo. En ambos casos, el partido pagó el precio de unas expectativas que nunca se correspondieron con el resultado final.
Hay factores que juegan a favor y Vox los pone sobre la mesa. La convocatoria no cae en período vacacional, por lo que la participación debería repuntar; el partido llega preparado desde hace meses, a diferencia de lo ocurrido en 2023, y ambos bloques comparten un diagnóstico sin matices. ‘Esta puede ser la última oportunidad de echar a Pedro Sánchez’, repiten en la derecha. Con esa premisa, nadie da un escaño por ganado antes del 29-N.

