El PP y Vox sumarían 212 escaños el 29-N, según una encuesta que descarta que la vivienda mueva el voto.
El sondeo de NC Report, que publica La Razón este jueves y recogen otras cabeceras, sitúa el trabajo de campo entre el 1 y el 6 de octubre. La ventana temporal arranca después del estallido del caso Maricarmen y, en su mayor parte, con los dos decretos de vivienda del Gobierno ya tumbados en el Congreso de los Diputados. La conclusión es nítida. Ni las acampadas, ni las movilizaciones, ni el pulso parlamentario han alterado el reparto del voto de forma significativa. Eso sí, se trata de un dato de fuente única, que este medio no ha podido cotejar todavía con el documento primario del instituto demoscópico.
Qué proyecta la encuesta y por qué refuerza el argumento de Vox
Los populares pierden tres décimas respecto a comienzos de septiembre, se quedan en el 34,1% y mantienen una horquilla de 146 a 148 diputados. El PSOE gana una décima y sigue en el 25%, uno de sus registros más bajos de la legislatura, con entre 98 y 102 escaños. Vox, por su parte, cede una décima escasa y se mantiene en el 18,2% de intención de voto, con entre 61 y 64 diputados.
Para la dirección de Vox, el resultado confirma la tesis que la formación viene defendiendo desde el arranque del curso: el problema de la vivienda no se resuelve con decretos de urgencia ni con una normativa que, a su juicio, penaliza a los propietarios y encarece el alquiler. El partido sostiene que el acceso a una vivienda pasa por liberar suelo, garantizar seguridad jurídica frente a la ocupación ilegal y aligerar la carga normativa que lastra la construcción, según el argumentario que sus portavoces han repetido en las últimas semanas. Su lectura es que el ruido de la calle no se ha traducido en votos y que el debate continúa instalado en el terreno de la propiedad y la seguridad.
El trabajo de campo se solapa, además, con la semana en la que la Cámara rechazó los dos decretos de vivienda del Ejecutivo, un episodio que la dirección de Vox enmarca en el desgaste parlamentario del Gobierno y en su falta de apoyos estables. Junts, que votó en contra de esas normas, no paga precio alguno: sube del 1,6% al 2,9% y pasaría de seis diputados a diez u once. El PNV, que sí respaldó uno de los decretos y podría volver a hacerlo en la Diputación Permanente, se deja una décima y cae al 0,9%, con el riesgo de perder uno de sus cinco escaños.
El desahucio, las acampadas y los decretos han llenado portadas durante semanas, pero no han movido un solo escaño en la proyección demoscópica.
La aritmética del bloque: 207 escaños en el suelo y 212 en el techo

La suma de PP y Vox se mueve entre 207 y 212 diputados. Con 350 escaños en juego, la mayoría absoluta —la mitad más uno, esto es, 176 actas— quedaría garantizada en los dos extremos de la horquilla, con un margen que va de 31 a 36 escaños. Es la aritmética que la dirección de Vox subraya en cada comparecencia: la única mayoría alternativa al PSOE pasa por su concurso.
En la izquierda del PSOE el movimiento se limita a un intercambio de votos entre Sumar y Podemos. La formación que concurrirá como Frente Amplio pierde cuatro décimas, se queda en el 5,3% y baja a entre seis y ocho diputados. Podemos gana cinco décimas, alcanza el 3,9% y se mueve entre dos y cuatro escaños en su proyeción, de modo que el bloque que sostiene al Gobierno no gana terreno.
Qué busca Vox con este tablero y qué precio paga el PP
La estabilidad de Vox en el entorno del 18% admite una lectura estratégica que la dirección maneja con tranquilidad, según fuentes del partido consultadas por este medio. La formación llega al 29-N sin haber capitalizado el ruido de la vivienda, pero tampoco lo sufre: cede una décima escasa mientras el PP deja tres y el PSOE apenas araña una. En clave interna, el sondeo consolida la tesis de que su suelo electoral es sólido y de que su electorado responde antes a la agenda de seguridad, inmigración y rebaja fiscal que a las convocatorias de la calle.
El sondeo refuerza, sobre todo, la posición negociadora de Vox frente al PP. Con 207 escaños como suelo común, el PP necesita a Vox para gobernar y Vox lo sabe. Las condiciones que ha venido poniendo encima de la mesa —inmigración, seguridad, rebaja de impuestos, derogación de normas y revisión de los compromisos climáticos— seguirán marcando la relación entre ambos partidos. El precedente también pesa: la ruptura de los gobiernos de coalición autonómicos que ambos compartían sigue presente en cada negociación, y la dirección del partido la ha convertido en aval de que sus exigencias se cumplen o no hay acuerdo.
En el otro lado, la contradicción del adversario queda al descubierto con los propios números del sondeo. El PSOE se quedaría por debajo de los 100 diputados en el escenario bajo pese a haber convertido la vivienda en su bandera del curso, y el PP cede tres décimas con una oposición que Vox considera insuficiente en inmigración. Por delante quedan siete semanas de campaña y un calendario institucional apretado, con la Diputación Permanente, el órgano que mantiene viva la actividad de la Cámara cuando esta está disuelta, como escenario de nuevos pulsos parlamentarios. Cada votación se leerá ya en clave de 29-N.
