4Por qué funciona: repaso espaciado, curva del olvido y recuperación activa
El punto de partida es la curva del olvido que Hermann Ebbinghaus describió en 1885 tras memorizar listas de sílabas sin sentido y medir cuánto retenía con el paso de las horas. Sin repasar, conservaba cerca del 44% al cabo de una hora, un 33,7% al día siguiente, un 27,8% a los dos días y un 25,4% a los seis. Dos rasgos de esos datos explican por qué la regla funciona: la caída es muy pronunciada en las primeras 24 horas y después se aplana, y con contenido con sentido el desplome es mucho menor que con material sin estructura. Una réplica moderna del experimento, publicada en 2015, volvió a confirmar esa forma más de 130 años después, lo que convierte la curva en uno de los hallazgos más sólidos de la psicología de la memoria.
El repaso espaciado ataca justo esa pendiente inicial. Cada repaso reactiva el recuerdo antes de que se desvanezca por completo y hace que la siguiente caída sea más lenta, de manera que los intervalos pueden ir alargándose sin perder eficacia: no es lo mismo repasar cuatro veces seguidas que repartir esas cuatro vueltas en el tiempo. Y el repaso solo consolida si obliga a recuperar de verdad. Tapar los apuntes, intentar reproducir el tema de memoria y comprobar después qué se ha escapado es lo que convierte la sesión en recuperación activa. Ese esfuerzo de evocación, que la relectura pasiva no exige, es el que deja una huella más duradera y explica por qué el sistema rinde más que estudiar de un tirón.

