Hay quien paga el alquiler con la nómina y hay quien lo paga con guacamole. Lo segundo acaba de ocurrir en España: un usuario ha comprado 1.200 tarrinas de la salsa de aguacate de Taco Bell para ganar un sorteo de Taco Bell que cubría doce mensualidades. La cifra es literal.
Que nadie se confunda: aquí no se ha hecho rico nadie. Hablamos de una jugada calculada, ejecutada con paciencia y con un premio modesto, un año de alquiler, que dice bastante del momento que vivimos.
El Guacabono, o cómo una promoción se convirtió en una subasta encubierta
Todo arranca en julio, cuando Taco Bell lanzó su campaña Guacabono. La promesa era jugosa: olvidarte del alquiler durante un año gracias al guacamole de la casa. El anuncio en redes no daba detalles del mecanismo. Había que pedir cualquier producto con guacamole, en local o en la app y con registro previo, pulsar el banner del concurso y esperar al cierre, a principios de agosto.
Ahí entra el protagonista. En redes se le conoce como Follaldre, se define sin mucho pudor como un ‘puto loco’ y admite ser ‘muy propenso a buscar la grieta en promociones y concursos’. Vegano, encontró en esa salsa una de las pocas cosas que podía pedir en la cadena. La suerte, en cierto modo, ya estaba echada.
Le bastó leer las bases legales para ver la puerta abierta. Aquello no era un sorteo: ganaba quien más unidades hubiera comprado, y contabilizaban igual las tarrinas de un euro, los extras de salsa, y hasta un menú completo que incluyera guacamole. Con ese dato sobre la mesa, la jugada dejó de ser cuestión de azar y pasó a ser cuestión de resistencia física.
En una promoción por volumen, el premio no lo gana el más afortunado, sino quien está dispuesto a convertir su congelador en un almacén.
Su miedo no era quedarse corto, sino cruzarse con alguien igual de obsesivo plantado en la cifra redonda de 1.000. Así que subió hasta los 1.200 y agotó las reservas de hasta seis franquicias. Locura pura.
El secreto del éxito
- Leer las bases antes que el banner: el ganador no salía de un bombo, salía de un recuento. Quien no abrió las condiciones legales estaba jugando a otra cosa.
- Contar por unidades y no por menús: una tarrina de un euro valía exactamente lo mismo que el extra de salsa de un pedido grande. Comprar barato rendía más que cenar mucho.
- Blindar el récord: con 1.000 unidades la victoria era casi segura, pero él calculó que otro podía pensar igual. Los 200 de margen fueron su red de seguridad.

Durante semanas comió guacamole casi a diario, se lo bebió con pajita y acabó tapizando nevera y congelador con tarrinas hasta ocupar tres cajones completos. Lo contó él mismo en Bluesky con una frase que ya funciona como meme: ‘Creo que tengo guacamole para tres vidas’.
El esfuerzo tuvo recompensa. Cerrado el plazo, llegó el mensaje esperado: era el ganador. Taco Bell le abonará el importe de un año de alquiler según su contrato en vigor, siempre con el tope de 14.400 euros netos que fijaban las condiciones legales. A un euro la tarrina, la inversión ronda los 1.200 euros. Las cuentas salen.
La hazaña se ha hecho pública ahora, con la vivienda otra vez en todos los titulares, y ha reavivado la polémica que ya acompañó al concurso: frivolizar con un problema muy serio y regalar un año de alquiler mientras buena parte de la plantilla llega justa a fin de mes. El premio existe porque el problema existe.
Cosas que pasan en 2026. Y la parte gastronómica también tiene su miga: tener 1.200 tarrinas en casa es un problema logístico de primer nivel.
El problema del guacamole en casa
El guacamole envejece fatal. El aguacate se oxida en cuanto toca el aire y en menos de dos horas pasa del verde brillante a un marrón tristón, tanto en la tarrina industrial recién abierta como en el bol casero. El truco que mejor funciona es el film a contacto: cubrir la superficie sin dejar bolsas de aire, apretando bien, y guardarla en la zona más fría de la nevera. Un chorrito de limón por encima ayuda, aunque no hace milagros. Y sí, congela mejor de lo que parece: pierde algo de textura, pero para untar cumple de sobra.
Variaciones y maridaje
Para beber, lo clásico acierta: una margarita bien fría o una cerveza clara con gas limpian la grasa del aguacate sin aplastarla. Si preferís algo sin alcohol y con acidez, un agua de Jamaica hace el mismo trabajo. Y conviene recordarlo, porque a veces se olvida: un guacamole de base vegetal es vegano por definición, así que la tarrina de Taco Bell encaja en ese perfil sin cambiar nada.
Si os apetece algo más casero, la versión express son cinco minutos: aguacate maduro aplastado con tenedor, sal, media lima, cebolla muy picada y cilantro si os gusta. Para cantidades grandes, triturad solo la mitad y dejad el resto en trozos; la textura gruesa marca la diferencia entre un guacamole y un puré verde.
Y con 1.200 tarrinas en casa, la logística pesa más que la receta.
