Feijóo acepta debatir con Santiago Abascal en Atresmedia y Mediaset y descarta TVE para los debates electorales del 29-N.
El Partido Popular ha cerrado este viernes su calendario de debates para la campaña de las elecciones generales del 29 de noviembre. La decisión, adelantada por Libertad Digital, rompe el guion de 2023: la dirección de Génova se ha marcado como objetivo no repetir los errores del 23-J y acepta por primera vez un cuerpo a cuerpo televisado con el líder de Vox en un formato de cuatro candidatos. Abascal compartirá plató con Pedro Sánchez y con Alberto Núñez Feijóo.
Qué defiende Vox y por qué entra en el debate a cuatro
Vox ha venido defendiendo que los debates reflejen el mapa parlamentario real y no una foto pactada entre los dos grandes partidos. Con 33 diputados, la formación de Abascal es la tercera fuerza del Congreso de los Diputados y afronta su primera cita en un debate a cuatro con presencia simultánea del presidente del Gobierno y del candidato del PP. El argumentario del partido es conocido: ningún formato puede decidirse a espaldas de quien representa a millones de votantes, y menos cuando la cita llega con Vox consolidado como llave del bloque de la derecha.
Los ejes que la formación ha fijado para la campaña son los que su líder llevará al plató: inmigración, seguridad, fiscalidad y campo y agua. A eso se suma la crítica sostenida a la imparcialidad de RTVE, una tesis que Vox ha repetido en cada cita electoral y que ahora aparece, en parte, en las condiciones que el PP ha puesto por escrito para las entrevistas de campaña. No es un gesto de cortesía. Es el reconocimiento de un peso parlamentario que ningún formato puede ignorar.
Cómo queda el calendario y qué exige el PP a la televisión pública
El calendario tiene tres fechas. El cara a cara entre Feijóo y Sánchez se celebrará el 16 de noviembre, en la primera semana de campaña, y lo organizará Mediaset. El debate de portavoces de los grupos con representación parlamentaria llegará el 23 de noviembre, con Ester Muñoz en representación del PP, y correrá a cargo de RTVE. El debate a cuatro —Sánchez, Feijóo, Abascal y la persona que designen las izquierdas— se celebrará el 26 de noviembre en Atresmedia, tres días antes de la votación.
La televisión pública queda así fuera de los debates de candidatos. El PP solo acudirá a RTVE para la cita de portavoces y lanza un aviso sobre las entrevistas electorales, reguladas por la Junta Electoral Central: Feijóo valorará su asistencia siempre que la entrevista se desarrolle en un espacio de producción propia, lo que descarta los formatos encargados a productoras externas. ‘Deben ser ellos y no una productora externa quienes asuman el reto’, sostiene el comunicado difundido por el partido.
El PP corrige en tres fechas el error de 2023 y acepta un plató en el que Vox ya no es invitado: forma parte del cartel.
Con lo que respecta a las entrevistas en medios de titularidad pública, el PP mantiene la puerta abierta con condiciones estrictas y justifica la cautela en la ‘innegable parcialidad y sumisión a los intereses de la dirección de RTVE’ que atribuye al ente público. Es una crítica que Vox viene formulando desde hace años y que sitúa a ambas formaciones en el mismo flanco del debate sobre el uso de la televisión pública en campaña.
La primera batalla del 29-N: qué gana y qué arriesga Vox
El movimiento del PP tiene una lectura interna. En 2023, Feijóo rechazó el debate a cuatro y el coste político fue evidente: el candidato quedó fuera de la principal cita televisiva de la campaña, con Sánchez y Abascal compartiendo plató. Repetir esa ausencia era, para Génova, un riesgo innecesario. Tres años después, el PP acepta el formato que entonces evitó, con el objetivo declarado de mejorar el resultado del 23-J.
Para Vox, el escenario tiene dos caras. La primera es la oportunidad: Abascal comparece ante la mayor audiencia de la campaña y traslada sus propuestas sin intermediarios, en un terreno donde su discurso sobre inmigración, seguridad y fiscalidad ha crecido en los sondeos. La segunda es el riesgo conocido: el PP jugará a concentrar el voto de la derecha, y cada aparición conjunta alimenta el marco del voto útil que el partido rechaza con un argumento propio. Sin Vox, sostienen, no hay mayorías posibles.
La dirección afronta la campaña con ese doble cálculo y con un precedente que pesa: el pulso permanente con el PP por el espacio de la derecha, la exigencia de condiciones para futuras investiduras y la ruptura de los gobiernos de coalición autonómicos como recordatorio de que los acuerdos no salen gratis. Los debates electorales del 29-N son la primera batalla de esa pugna. La campaña arranca en noviembre y, antes de la primera urna, Vox ya ha logrado algo que no tenía hace tres años: que su líder no sea una nota al pie del cartel.
