NVIDIA es hoy el caso más visible de greenwashing en la inteligencia artificial: los centros de datos que consumen sus chips disparan una demanda eléctrica que la compañía no incluye en su plan de descarbonización.
Las emisiones de Alcance 3 crecen un 725% desde 2020
La acusación no salió de un tuit. Salió de un panel de la Semana del Clima de Nueva York titulado ‘Confronting the data center energy crisis’. Josh Parker, responsable de sostenibilidad de NVIDIA, defendía el compromiso climático de la compañía cuando una activista de Greenpeace desplegó una pancarta con dos palabras: ‘STOP GREENWASHING’. En los 35 minutos que duró el debate hubo tres interrupciones más.
El episodio destapa una tensión que ningún informe de sostenibilidad maquilla. NVIDIA diseña las GPU que alimentan casi todo el desarrollo de la IA, pero no fabrica: es una empresa fabless. Taiwán concentra más del 90% de los chips avanzados y Corea del Sur produce más del 60% de las memorias, según los datos recogidos por Greenpeace International.
El resultado está en su propia contabilidad. Las emisiones de Alcance 3 declaradas, las de su cadena de suministro, han subido un 725% desde 2020. El dato procede del informe coordinado por el analista Ketan Joshi con Greenpeace International y un consorcio de organizaciones civiles, entre ellas Stand.Earth, Friends of the Earth y Climate Action Against Disinformation. No es una estimación de ONG: es el propio reporte de la compañía, leído completo.
Ahí está la asimetría que sostiene la denuncia. El objetivo de 100% energía renovable de NVIDIA se limita a sus oficinas e instalaciones propias y cubre menos del 1% de sus emisiones totales. Mientras, las emisiones de la fase de uso de los chips vendidos, que la empresa no declara, podrían ser casi el doble de las ya estimadas en su cadena de suministro. El consejo recomendó a los accionistas rechazar una propuesta para ampliar esa divulgación.
Un objetivo de renovables que cubre menos del 1% de la huella no es un plan climático: es una vitrina bien iluminada.
La letra pequeña: tres relatos verdes bajo la lupa
El análisis identifica tres narrativas con las que la compañía presenta la IA como solución climática mientras acelera la infraestructura que más energía consume. La primera es la más ambiciosa: ‘la IA resolverá el cambio climático’. Sus beneficios son hipotéticos, están poco respaldados y, en buena parte, se refieren a aplicaciones concretas de la IA tradicional, no a la IA generativa que dispara el consumo.
Presentar la IA como solución climática mientras se multiplica la demanda eléctrica de la red no es liderazgo: es el argumento de venta de siempre.
La segunda es la del centro de datos flexible. NVIDIA sostiene, junto a socios como Emerald AI y Google, que estas instalaciones funcionan como amortiguadores de la red porque reducen o desplazan consumo en horas punta. El problema es la escala: la respuesta de la demanda puede cubrir menos del 1% de las horas del año en escenarios de crecimiento alto y, en ciertos mercados, incluso eleva las emisiones si el consumo se mueve a horas con generación fósil más barata.
La tercera es la eficiencia. La empresa presume de rendimiento por vatio y de arquitecturas como Blackwell, pero eficiencia por cálculo no equivale a menos energía total. Es la paradoja de Jevons: cuando la IA se abarata, se despliega más y se usa de forma más intensiva. La capacidad total de los chips vendidos sigue creciendo, y con ella el consumo absoluto.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Emisiones declaradas: el Alcance 3 de NVIDIA sube un 725% desde 2020, según su propio reporte y el análisis de Greenpeace.
- Fase de uso: las emisiones del uso de los chips vendidos podrían ser casi el doble de las estimadas en la cadena de suministro.
- Objetivo renovable: cubre menos del 1% de las emisiones totales y se limita a instalaciones propias.
- Exigencia de Greenpeace: extender ese objetivo a toda la cadena de fabricación en 2030, Taiwán incluida.

Del chip al informe anual: el efecto dominó que ya llega a Europa
Lo que piden las organizaciones ecologistas no es un gesto simbólico. Son tres cosas concretas: inversión sustancial en energía renovable nueva y adicional, extender el objetivo de 100% renovable a toda la cadena de fabricación en 2030 y, publicar un Alcance 3 completo que recoja el uso de los chips vendidos. Ninguna de las tres exige una tecnología que no exista.
El efecto dominó ya está en marcha. La directiva europea CSRD obliga a las grandes empresas a reportar sus emisiones de Alcance 3, y eso arrastra a sus proveedores tecnológicos: un fabricante que no declara la fase de uso de sus productos deja a toda su cadena de valor a ciegas. Los fondos de inversión responsable lo tienen claro. La etiqueta se cae cuando el dato no la sostiene.
Hay precedentes que marcan el listón. Iberdrola, Ørsted o Acciona llevan años demostrando con contratos de compra de energía y potencia conectada que su objetivo renovable toca su consumo real, no solo sus oficinas. La diferencia con NVIDIA es de perímetro: la eléctrica asume su huella completa y el fabricante sin fábrica la externaliza para llamarla ajena.
Externalizar la producción no externaliza la responsabilidad.
La presión social tampoco es teórica: hay comunidades que se oponen a la expansión de centros de datos en Estados Unidos y en otros países, y en Asia Oriental la fabricación de chips se asocia ya a contaminación atmosférica y estrés hídrico. En la conferencia GTC, Greenpeace USA llevó un camión de vallas con un mensaje directo a Jensen Huang sobre unos procesadores que se calientan tanto como el planeta. La factura climática de la IA no se paga en la nube.
Queda la pregunta incómoda. Si el mercado fuera a resolver esto solo, como sostiene Huang, no haría falta ni pancarta ni informe. El crecimiento de la capacidad de chips vendidos lo desmiente cada trimestre. La transición no avanza por optimismo de consejo de administración: avanza cuando alguien publica una cifra y la cumple.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: declarar el uso real de los chips pondría cifra a una huella que ya suma un 725% más de Alcance 3 en seis años.
- Modelo que cambia: desaparece el fabricante sin fábrica que traslada su impacto al proveedor y solo mide lo que ocurre dentro de sus oficinas.
- Para las próximas generaciones: con la cadena de suministro en renovables en 2030, los centros de datos crecerían sin añadir presión sobre la red ni sobre las cuencas que los refrigeran.

