Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora este 10 de octubre, ACAIP-UGT, sindicato mayoritario en el ámbito penitenciario, quiere poner el foco en la crítica realidad que atraviesan las prisiones españolas, donde la salud mental se ha convertido en uno de los problemas estructurales más graves y desatendidos del sistema penitenciario. El 30 por ciento de los presos padece algún tipo de enfermedad mental.
Más del 30% de la población reclusa en España padece algún tipo de patología mental o se encuentra bajo tratamiento psicofarmacológico. Sin embargo, esta realidad choca con el colapso asistencial de las prisiones: el déficit de personal médico supera ya el 77% de las plazas, según datos del portal de transparencia de octubre de 2026, con prisiones como Alicante II, Burgos, Cáceres, El Dueso, Jaén, Valdemoro o Zuera, que no cuentan con ningún médico en la plantilla. Un problema que no resuelve Instituciones Penitenciarias.
El medio penitenciario es de por sí un entorno cerrado, hostil y de alto impacto psicológico. La privación de libertad, la ruptura de vínculos y la incertidumbre actúan como un severo estresor ambiental capaz de activar patologías psiquiátricas latentes o de actuar como disparador de graves cuadros depresivos y trastornos de adaptación.
En este contexto, «la ausencia casi total de facultativos hace inviable realizar una detección precoz en el momento del ingreso. En muchos casos, la enfermedad mental de un interno no se identifica a través de una evaluación médica preventiva, sino de forma reactiva, una vez que ya ha protagonizado un altercado grave, un intento autolesivo o una agresión. A esto se suma la imposibilidad de llevar un seguimiento
continuado de los tratamientos prescritos, lo que provoca descompensaciones psiquiátricas en el interior de los módulos ordinarios», añaden desde ACAIP.
Desatención de las patologías mentales
La desatención médica redunda directamente en el deterioro de la seguridad en los centros penitenciarios. Un porcentaje muy significativo de los incidentes regimentales, episodios de violencia y agresiones que se registran a diario en las prisiones son protagonizados por reclusos que sufren alteraciones mentales no tratadas o descompensadas.
Los empleados públicos penitenciarios se ven obligados a gestionar en primera línea brotes psicóticos, crisis de agresividad descontrolada o conductas autolesivas sin contar con la formación clínica especializada ni los medios adecuados para el manejo psiquiátrico. Esta sobreexposición diaria convierte los módulos en un entorno de alto riesgo para la integridad física de los trabajadores, que deben suplir con su propia seguridad las carencias del sistema sanitario.
Desde ACAIP-UGT insisten en que, «si bien existen programas específicos de atención integral a enfermos mentales (como el PAIEM), los centros penitenciarios ordinarios no reúnen las condiciones estructurales ni asistenciales para funcionar como centros psiquiátricos. El sistema apenas dispone de dos hospitales psiquiátricos penitenciarios (Sevilla y Alicante-Fontcalent), concebidos para medidas de seguridad judiciales por lo que se deriva el grueso de la patología psiquiátrica crónica a módulos y enfermerías sin facultativos ni medios suficientes en centros ordinarios».
Asimismo, ACAIP-UGT urgen al «cumplimiento de la Disposición Adicional Sexta de la Ley 16/2003 de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, que fijaba hace más de dos décadas la transferencia de la sanidad penitenciaria a las comunidades autónomas; un mandato legal sistemáticamente incumplido mientras el servicio sanitario penitenciario agoniza.
Por todo ello, desde el sindicato «exigimos a las administraciones competentes, en un contexto de elecciones próximas el compromiso para una solución urgente e inmediata a la sangría de personal médico, un refuerzo real de los recursos especializados de salud mental y la dotación a la plantilla de las herramientas, protocolos y formación necesarias para que ni la salud de las personas privadas de libertad ni la vida de los trabajadores sigan estando en permanente peligro».
