Los Reyes encadenan la Fiesta Nacional con una visita oficial de dos días a Ceuta y Melilla. Será la primera de Felipe VI desde su proclamación y arranca apenas 24 horas después del desfile del 12 de octubre, con las elecciones generales del 29 de noviembre ya en el horizonte.
La agenda, consensuada entre el Gobierno y la Casa del Rey, se reparte entre el martes 13 y el miércoles 14 de octubre con un esquema casi idéntico en ambas ciudades autónomas. Los acompañarán los presidentes Juan Jesús Vivas, en Ceuta, y Juan José Imbroda, en Melilla, además de dos ministros del Ejecutivo en representación del Gobierno.
El viaje que rompe 19 años de espera institucional
No es una visita cualquiera. La última vez que unos Reyes de España pisaron Ceuta y Melilla fue en noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I y la reina Sofía completaron un desplazamiento que todavía se estudia en los manuales de política exterior. Casi dos décadas después, Felipe VI y Letizia retoman el recorrido en un escenario sensiblemente distinto.
En Ceuta, la jornada del martes arrancará a las 12:30 horas con la visita al Ayuntamiento, en la Plaza de África. Por la tarde, a las 16:45, los Reyes recorrerán el colegio de educación infantil y primaria Vicente Aleixandre. A las 18:00 participarán en un acto ecuménico de recuerdo a las víctimas que fallecieron en el mar los días 30, y 31 de julio, celebrado en el cementerio musulmán de Sidi Embarak. Cerrarán la jornada, a las 19:00, con un encuentro con la sociedad ceutí en el que el Rey tomará la palabra.
En Melilla el programa será simétrico. Comenzará a las 11:45 con la visita a la Asamblea, seguirá a las 16:15 en el colegio pintor Eduardo Morillas y concluirá a las 17:45 con otro encuentro con la sociedad civil, en el que Felipe VI volverá a intervenir. El gesto no es casual: la Corona replica en las dos orillas del Estrecho el mismo mensaje de continuidad institucional.
En Ceuta y Melilla la Corona no cumple un trámite protocolario: escenifica ante Europa que la defensa de la frontera sur es una cuestión de Estado.
El mensaje de firmeza territorial que ya ha defendido en Europa
El viaje no llega en un momento neutro. Durante la cena de Estado ofrecida el 29 de septiembre al presidente francés, Emmanuel Macron, el Rey calificó de inaceptable la intrusión masiva de personas registrada este verano en Ceuta y advirtió de que constituía un desafío en materia de seguridad, orden público y dimensión humanitaria.
Días más tarde, en la visita de Estado a Finlandia celebrada entre el 5 y el 7 de octubre, Felipe VI introdujo un argumento que Zarzuela viene repitiendo con insistencia: España, como el país nórdico, es frontera exterior de la Unión Europea. Ante el presidente Alexander Stubb defendió la protección de esa frontera una, en singular, y la misma para todos los ciudadanos europeos, y reclamó una respuesta común y solidaria de los socios comunitarios.

La cita, por si fuera poco, se produce en plena cuenta atrás electoral. Habrá, según ha trascendido, un despliegue de seguridad reforzado: un grupo antidisturbios de la Policía Nacional, agentes de antiterrorismo de la Comisaría General de Información, drones y la propia escolta de la Casa Real. El contexto migratorio añade una dimensión especialmente sensible a un desplazamiento pactado antes del verano.
El pulso diplomático que Rabat ya ha anticipado
Casi dos décadas después de 2007, la geometría diplomática ha cambiado, pero la sensibilidad hacia Rabat no ha desaparecido. Aquella visita de los eméritos provocó una crisis bilateral severa: Marruecos llamó a consultas a su embajador y Mohamed VI calificó el desplazamiento de lamentable, describiéndolo como un acto nostálgico de una era superada.
El viernes 9 de octubre, en su discurso ante el Parlamento marroquí, el monarca alauí reconoció avances en la cooperación con España, sobre todo en la lucha contra la inmigración irregular, pero advirtió de que esa asociación ha llegado a su límite por disposiciones legales obsoletas y decisiones judiciales alejadas de la realidad. Una advertencia a cuatro días de la visita real que conviene leer con la debida atención.
Eso sí, el riesgo diplomático existe y la Casa del Rey lo sabe. Los expertos consultados por EFE subrayan que Rabat puede interpretar el viaje como una reafirmación de soberanía, justo cuando el acuerdo migratorio funciona con dificultades. Por eso el programa se ha cuidado al detalle: actos con la sociedad civil, homenaje a las víctimas del mar y ningún gesto simbólico que eleve la temperatura.
Lo que sigue es la prueba de fuego. La visita se celebrará entre el 13 y el 14 de octubre, con paradas cuidadosamente simétricas y una intención que la Casa del Rey ha verbalizado en privado: subrayar que ambas ciudades son España.
Zarzuela todavía no ha desvelado si habrá otras citas institucionales de calado antes de que acabe el año, pero el calendario apunta a una legislatura intensa marcada por las elecciones del 29 de noviembre. La Corona, mientras tanto, seguirá administrando su papel de árbitro: símbolo de unidad, garante de continuidad y, ahora, vector de un mensaje sobre fronteras que ya no admite lecturas ingenuas.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: primera visita oficial de Felipe VI a Ceuta y Melilla desde su proclamación, con una carga simbólica que enlaza con el desplazamiento de Juan Carlos I y Sofía en noviembre de 2007.
- El detalle de protocolo: los Reyes replicarán un esquema idéntico en las dos ciudades, con actos de mañana y tarde, presencia de los presidentes autonómicos y ningún gesto que tense la relación con Rabat a cuatro días del discurso de Mohamed VI.
- Próximos pasos: la Casa del Rey no ha confirmado nuevas citas de calado para las semanas siguientes; la agenda vuelve a mirar al calendario electoral del 29 de noviembre.

