El director del FBI viaja al Kremlin como invitado del FSB mientras Alemania arresta a su jefe de espionaje

Altos cargos del FBI intentaron disuadir a Patel sin éxito antes de que los demócratas Himes y Raskin exigieran cancelar la visita. En Alemania, el exdirector del BND August Hanning queda imputado por 'espionaje traicionero'.

El director del FBI, Kash Patel, planea viajar a Moscú como invitado del FSB en plena negociación entre Trump y Putin. En paralelo, Alemania ha detenido a August Hanning, su ex jefe de espionaje, por ‘espionaje traicionero’, junto a un antiguo subordinado acusado de pasarle secretos durante doce años.

La noticia adelantada por SpyTalk ha caído como una bomba dentro del bureau. Varios altos cargos del FBI y del Departamento de Justicia intentaron disuadir a Patel con lo que la fuente describe como una ‘campaña discreta’. No sirvió de nada. Cuando comprobaron que el director no pensaba dar marcha atrás, elevaron el asunto a los demócratas de mayor rango en los comités de Inteligencia y Justicia de la Cámara, Jim Himes y Jamie Raskin.

Los dos congresistas enviaron a Patel una carta en la que le pedían ‘reconsiderar’ y ‘cancelar este viaje’, según publicó The Atlantic. El director no ha respondido. Mientras tanto, sigue jugando al hockey en una liga de aficionados del área de Washington con su equipo de seguridad pegado a la espalda, ajeno al ruido que levanta su agenda. Se lo cuento tal cual llega: con la misma ligereza con la que un alto cargo se desplaza a la guarida del servicio que asesina fuera de sus fronteras.

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Christopher O’Leary, ex alto ejecutivo de la división de contraterrorismo del FBI, no oculta su extrañeza: ‘Si existiera una preocupación real por la interferencia electoral, el director del FBI debería estar en Estados Unidos liderando el esfuerzo las 24 horas’, declaró. Recuerda O’Leary que hoy el bureau presiona a sus propios agentes para sostener teorías conspirativas sobre el voto que la inteligencia rusa amplifica sin descanso.

Y su jefe se marcha a Moscú.

En paralelo, la misma SpyTalk desvelaba hace unos días un plan del servicio ruso para reclutar sicarios mexicanos con el que matar a Vladimir Kara-Murza, disidente asentado en Washington. No es un detalle menor: el FBI habría detectado ese complot la misma semana en que su director acepta la hospitalidad del FSB.

El oficio no prohíbe sentarse con el enemigo. Lo que prohíbe es hacerlo sin haber leído antes a quién se lleva entre manos.

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El servicio federal de seguridad ruso tiene un repertorio perfectamente catalogado. Los oficiales de la CIA destacados en Moscú conocen bien el detalle: al volver a casa encontraban excrementos dejados en el baño por quienes les seguían. Es la tarjeta de visita histórica del servicio. Una veintena de parlamentarios finlandeses sospecha que agentes rusos llevan meses entrando en sus domicilios para dejar el mismo recado. Tradecraft de patio de colegio, sí, pero también una declaración de intenciones muy clara: sabemos dónde vives.

El currículum del FSB fuera de Rusia no es folclórico. Es letal. Alexander Litvinenko, envenenado con polonio-210 en Londres en 2006. Sergei Skripal y su hija, atacados con novichok en Salisbury en 2018, en una operación que el Reino Unido atribuyó al GRU con respaldo técnico, de la OPCW. La lista de disidentes perseguidos bajo jurisdicción extranjera es larga y está documentada. Si Patel quiere entender a quién va a estrechar la mano, no necesita más que releer los informes que el propio FBI guarda sobre estos casos.

¿Por qué, entonces, el viaje? Fuentes del oficio consultadas por este medio apuntan a dos lecturas. La primera, la obvia: un gesto político del entorno Trump hacia Moscú en plena negociación sobre Ucrania. La segunda, más incómoda: la sensación, compartida por veteranos del bureau, de que a la actual cúpula del FBI le interesa menos la contrainteligencia que la narrativa interna. Nadie en el servicio cree que Patel vaya a reclutar fuentes en Lubyanka. Eso no es lo que está en juego.

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Hanning: el jefe del BND que sirvió a los dos bandos durante doce años

Mientras el FBI mira hacia el este, Alemania cierra sus propias heridas. August Hanning, de 80 años, dirigió el BND entre 1998 y 2005, bajo el canciller Gerhard Schröder, y después fue secretario de Estado del Ministerio del Interior con Angela Merkel hasta 2009. La fiscalía federal le imputa ahora ‘espionaje traicionero’, según adelantó Der Spiegel. Con él ha caído su antiguo jefe de gabinete, identificado únicamente como Manfred D., acusado de ‘complicidad’.

El dato que hiela la sangre de cualquier contrainteligente es el siguiente: Manfred D. permaneció en el BND y, presuntamente, cobró por pasarle a Hanning material clasificado de forma continuada durante doce años, hasta 2022. Doce años. Una década larga de documentos secretos fluyendo desde dentro del servicio hacia un ex director con cartera de clientes rusos y azerbaiyanos. Se lo digo sin rodeos: si eso se confirma en juicio, será uno de los fallos de control interno más graves de la historia del BND.

Hanning no es un novato. Su nombre va ligado al caso Curveball, la fuente falsa que alimentó la acusación de armas de destrucción masiva en Irak y que Colin Powell llevó al Consejo de Seguridad de la ONU en 2003. El entonces director de la CIA, George Tenet, dedicó páginas amargas de sus memorias, At the Center of the Storm (2007), a explicar cómo Hanning y sus propios ayudantes le habían utilizado. Ese es el oficio: el mismo hombre que engañó a Washington a principios de siglo aparece ahora imputado por pasar secretos alemanes a intereses extranjeros.

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Vector de amenaza: infiltración HUMINT de largo recorrido. En el caso Hanning, un topo interno dentro del propio BND exfiltrando documentación clasificada durante doce años hacia un ex director convertido en consultor con clientela rusa. Ese patrón recuerda al clásico que Estados Unidos vivió con Aldrich Ames y Robert Hanssen: no el novato infiltrado, sino el veterano de confianza que en algún punto decide cambiar de bando. En el caso del FBI se añade un riesgo de contaminación operativa: la presencia del director en territorio del servicio adversario expone a cualquiera de su entorno y abre la puerta a operaciones de influencia rusas.

Agencias implicadas: ataca el FSB en la parte rusa y, en la alemana, un exdirector del BND con presunta colaboración interna. Defiende el propio BND, con la Fiscalía Federal alemana al frente, y en el flanco estadounidense el aparato de contrainteligencia del FBI, que se ha visto obligado a elevar el asunto al Congreso por la falta de respuesta de su cúpula. Como terceros observan el CNI español, el MI5 británico y, muy especialmente, los socios de Five Eyes, que ya han expresado en privado su incomodidad con la línea de la actual dirección del FBI.

Nivel de clasificación estimado: en el caso Hanning, material alemán de nivel ‘Secreto’ y superior durante más de una década; a juzgar por la naturaleza del flujo, estimo que una parte relevante alcanzó la categoría Top Secret y comprometió fuentes humanas del BND en Rusia y Oriente Próximo. En el viaje de Patel, la información sensible es el propio calendario y la agenda de la visita: material ‘Reservado’ que, en manos del FSB, se convierte en oro operativo.

España no es ajena a esta dinámica. El CNI y el CCN-CERT llevan años documentando cómo el FSB y el SVR instrumentalizan las redes de desinformación que operan en suelo español, muy especialmente en Cataluña, para amplificar narrativas de fractura interna. Que el director del FBI se siente con el FSB sin haber neutralizado antes el relato ruso sobre las elecciones estadounidenses debilita, por ósmosis, a toda la comunidad occidental. Y lo digo con la boca pequeña, porque Madrid tampoco es un dechado de contrainteligencia ágil.

La lectura confidencial es dura: la alianza atlántica mira hacia lados distintos. Washington juega a la distensión, Berlín se lleva las manos a la cabeza por un topo de doce años, Londres refuerza bases que siguen sin protección antiaérea adecuada —los dos letones detenidos en RAF Molesworth y liberados bajo fianza son solo la punta del iceberg— y Copenhague acusa a Moscú de sabotaje contra su industria de defensa. Mientras tanto, el director del FBI coge un avión hacia Moscú.