Cuánto cobra Cocituber por promocionar un restaurante: un cocinero destapa sus tarifas

El cocinero Carlos, del restaurante El Casino (Aldeanueva del Camino), detalla que pagó 1.500 euros por tres vídeos al creador Alfonso Ortega. Su conclusión: la promoción da visibilidad, pero no sostiene por sí sola un negocio.

Pocas cosas duelen más en una cocina que pagar una factura y no saber qué has comprado con ella. Cuando alguien pone cifras encima de la mesa —cuánto cobra Cocituber por promocionar un restaurante, por ejemplo— la conversación se enciende en dos minutos.

El dato no sale de una filtración ni de una hoja de tarifas oficial, porque esa hoja no existe. Lo cuenta Carlos, el cocinero del restaurante El Casino, en Aldeanueva del Camino, un municipio cacereño de unos 700 habitantes donde cocina junto a su madre y donde ahora le va pasando el relevo entre los fogones. Lo hizo en una serie de vídeos para la cuenta El Xef en Cocina.

Su experiencia con el creador —Alfonso Ortega, Cocituber en redes— la resume él mismo en tres palabras: ‘no fue mala’. Pagó 1.500 euros por tres vídeos y cierra el balance con un ‘nos fuimos encantados con él’. La frase que más ha circulado, sin embargo, es la contraria: ‘no se lo puede recomendar a nadie’. Y aclara el motivo, que no tiene nada que ver con el resultado: ‘cada uno en su negocio hace lo que quiere’.

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Ahí está la clave de todo el debate. No estamos ante un desmentido ni ante una queja: estamos ante un hostelero que considera que su dinero estuvo bien gastado y que, aun así, no le dirá a otro lo que tiene que hacer con el suyo. Es la diferencia entre contar tu caso y vender una fórmula.

Lo que cobra Cocituber: 1.500 euros por tres vídeos

Tres piezas por 1.500 euros son 500 euros por vídeo. En el mercado español de creadores gastronómicos, esa cifra no es ni un escándalo ni una ganga: depende del alcance de la cuenta, del tipo de contenido y de si la visita incluye grabación, edición y publicación cruzada en varias redes.

Lo llamativo no es el precio, es la opacidad. Casi ningún creador del sector publica tarifas, y los nombres que más suenan —Cenando con Pablo, Alberto de Luna o el propio Cocituber— negocian siempre a puerta cerrada. El hostelero se queda así solo ante una decisión de inversión y sin ninguna referencia de mercado.

Un creador puede llenarte una noche concreta; lo que no hace es sostener la cuenta de resultados de un restaurante que no funciona el resto del mes.

Un ‘empujoncillo’ que no sostiene un negocio

tarifas influencers gastronómicos

Carlos lo cuenta sin dramatizar: ‘son promociones que te dan un empujoncillo que te pueda hacer falta’. Empujón, no motor. Y lo remata con la frase más sensata de toda la conversación: ‘al final lo que tú hagas es lo que te va a mantener’. Traducido a la vida real: si el negocio no funciona solo, un vídeo no lo va a arreglar. ‘Porque venga Cocituber tu negocio no va a ser boyante’, dice.

Conviene poner números a ese empujón, aunque sean de cosecha propia. Si el ticket medio de tu casa ronda los 30 euros y el margen por cubierto se queda en unos 20, necesitas alrededor de 75 cubiertos extra para recuperar los 1.500 euros. No es imposible con una cuenta grande, pero tampoco es automático: hablamos de un restaurante lleno a mayores, no de un par de mesas.

Ojo con esto: muchas de esas visitas generan picos de reservas concentrados en las dos semanas siguientes a la publicación, y después caen a cero. Lo que queda, si queda algo, es el nombre del restaurante en la cabeza de la gente de la comarca.

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No es la primera vez que Cocituber aparece en el debate público del sector. Hace un tiempo denunció la agresión de un hostelero de Comillas, en Cantabria, al que había puesto una mala reseña años antes. También le recordó amablemente a otro hostelero que cobrar el servicio está prohibido por ley.

La mayoría de los hosteleros que contrata este tipo de servicios no lo cuenta en público. Lo comenta en privado, cuando compara facturas con un compañero de la misma plaza. Por eso el caso de Carlos tiene valor: es una cifra real, dicha en voz alta y sin adornos.

Cómo decidir si te compensa pagar a un creador

Primero define qué compras. No es lo mismo una pieza para darte a conocer en una ciudad donde nadie te ubica que una visita para anunciar una carta nueva a tu clientela habitual. En el primer caso pagas alcance; en el segundo, recordatorio.

Segundo, exige datos. Un creador serio enseña las cifras de su cuenta: seguidores, alcance medio por publicación y ciudad donde está su audiencia. Si no las da, negocia a ciegas, y a ciegas cuesta justificar 500 euros.

Tercero, mide el retorno como puedas: pregunta en caja de dónde viene el cliente, usa una reserva con nombre reconocible, compara las visitas con el día de publicación. Nada de esto es infalible, pero es mejor que la intuición.

Y cuarto, asume lo que dijo Carlos: el vídeo no te salva. Si tu problema es la carta, arréglala tú. Si es el servicio, el servicio.

Un empujoncillo, dijo. Y esa palabra lo explica casi todo: se agradece cuando vas cuesta arriba, pero nadie llega a la cima empujado. Si el presupuesto te sobra y el creador encaja con tu público, adelante. Si esperas que esos 1.500 euros te devuelvan el mes, guárdalos para otra cosa.