Vox y el PP despliegan sus propuestas económicas para el 29N con pensiones, IRPF, horas extras y bajas como ejes de campaña. A poco más de seis semanas para las elecciones generales del 29 de noviembre, la discusión económica se ha convertido en el terreno donde la derecha dirime su pugna interna.
El podcast de análisis de El Salto ha desmenuzado las medidas que ambos partidos han puesto sobre la mesa para esa cita electoral. De su repaso se desprende una lectura útil para seguir la campaña: las distancias entre ambos bloques son de intensidad, no de dirección, y el debate se juega en cuatro frentes concretos, la sostenibilidad de las pensiones, la estructura del IRPF, el límite de las horas extraordinarias y la gestión de las bajas laborales.
Qué propone Vox en pensiones y en el IRPF
La medida de mayor calado que Vox ha llevado a la campaña es la reforma del sistema de pensiones. El diputado José María Figaredo sostiene que el sistema público se encuentra quebrado y defiende una reforma drástica orientada a un modelo mixto, en el que el reparto actual conviva con instrumentos de capitalización. El argumentario del partido insiste en anticipar el golpe del envejecimiento demográfico antes de que la presión sobre las cuentas de la Seguridad Social estreche hasta el límite el margen de maniobra de cualquier gobierno.
En materia fiscal, la propuesta pasa por simplificar el IRPF (el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas) hasta dejarlo en dos tramos. La formación defiende que una escala más simple gana en transparencia, aligera la factura fiscal de los asalariados y devuelve capacidad de decisión al contribuyente, que deja de necesitar un asesor para saber cuánto paga. Vox sitúa la medida en el marco de una rebaja general de la presión tributaria sobre las rentas del trabajo.
La simplificación se presenta como una palanca de crecimiento y no como un ajuste contable. Menos tramos, sostiene el partido, se traducen en menos retenciones innecesarias, más liquidez para las familias y un incentivo directo al ahorro y a la inversión productiva. Es un eje que Vox ha defendido ya en sede parlamentaria, en el Congreso de los Diputados y en los parlamentos autonómicos donde tiene grupo propio, siempre con el mismo diagnóstico de fondo: España soporta una estructura fiscal pensada para recaudar, no para crecer.
La pugna por la derecha ya no se libra en los gestos: se libra en el IRPF, en las pensiones y en el modelo laboral que cada partido quiere dejar por escrito.
Qué coste le atribuyen sus adversarios y qué propone el PP

El coste de la rebaja es el punto donde el debate se rompe. En su repaso, El Salto cifra en unos 85.000 millones de euros los ingresos que el Estado dejaría de recaudar con una escala de dos tramos. El mismo análisis sostiene que un contribuyente con rentas de un millón de euros al año se ahorraría más de 200.000 euros, mientras que quien cobra el salario mínimo no notaría diferencia alguna. Son estimaciones de parte, elaboradas sin el texto articulado sobre la mesa y bajo la hipótesis de que la rebaja no se compensa con crecimiento.
Por el lado del PP, su vicesecretario de Economía ha defendido elevar el límite de las horas extraordinarias, y Alberto Núñez Feijóo ha planteado en varias ocasiones que las mutuas puedan conceder las altas médicas. El líder popular ha apelado además al ‘sacrificio’ de los ciudadanos en un momento de crecimiento del PIB, déficit contenido y beneficios empresariales en máximos, según la enumeración que hace el propio análisis.
El detalle más incómodo aparece en terreno laboral. El programa recuerda que en España se realizan 2,54 millones de horas extraordinarias cada semana sin retribuirse, y sitúa ahí la contradicción de un PP que rechazó reducir la jornada sin bajar el sueldo y que ahora quiere ampliar el margen de las horas extras. En la otra orilla, el diputado de Sumar y doctor en Economía Carlos Martín Urriza ha protagonizado el desmontaje de las propuestas, medida por medida.
Por qué Vox marca perfil propio en el pulso con el PP
La campaña del 29 de noviembre mide algo más que escaños. Mide quién fija el marco económico de la derecha, y ahí Vox juega con una ventaja que ya ha rentabilizado antes: la de ser el partido que pone la cifra sobre la mesa sin esperar al consenso. El precedente más claro es la ruptura de los gobiernos autonómicos de coalición con el PP, decidida cuando la dirección consideró que el acuerdo no se traducía en políticas reconocibles. Aquella ruptura dejó una regla no escrita en la relación entre ambos: los pactos se firman con contenido y se revisan con resultados.
El pulso se libra también en el relato. Cada vez que el PP matiza una rebaja fiscal o la condiciona a la coyuntura, Vox gana un argumento para presentarse como la única fuerza que no recorta promesas al llegar al Gobierno. La dirección del partido tiene, además, un flanco claro donde apretar: los 2,54 millones de horas extras semanales sin pagar dibujan mejor que cualquier discurso la distancia entre lo que se promete en materia laboral y lo que ocurre dentro de las empresas.
Quedan poco más de seis semanas de campaña y la intensidad no va a bajar. Vox ha decidido que su terreno es el de las cuentas públicas: pensiones que aguanten, un IRPF que no ahogue a quien trabaja y oposición frontal a cualquier subida encubierta. El PP tendrá que explicar cómo encaja su propuesta laboral con la factura fiscal que promete rebajar. El reparto de fuerzas en la derecha se escribirá el 29 de noviembre.
