Zelenski ve deliberadas las restricciones de Starlink en Ucrania: la dependencia que inquieta a la defensa europea

Zelenski sostiene que las limitaciones de Starshield solo se aplican en territorio ucraniano y responsabiliza a Washington. El episodio expone la dependencia europea de infraestructuras privadas para sostener su defensa.

Un interceptor ucraniano pierde la señal de Starlink a 161 kilómetros por hora. El dron ruso al que persigue vuela a 400. Esa brecha de velocidad resume el problema que Volodímir Zelenski puso encima de la mesa en las últimas horas: las restricciones de la red en Ucrania no parecen un fallo técnico, sino una decisión.

El presidente ucraniano lo dijo sin rodeos en unos mensajes de audio enviados a periodistas. Las limitaciones de velocidad en Starshield, la versión militarizada de Starlink que SpaceX opera para el Pentágono, siguen vigentes en toda Ucrania. Ucrania llevó vehículos equipados con el sistema a Europa para medir velocidades. Allí funcionaban con normalidad. Las restricciones se aplican solo en territorio ucraniano, concluyó: ‘es una operación planificada’.

La respuesta de Washington llegó antes. Donald Trump aseguró que no había ordenado ninguna limitación y que tampoco creía que la hubiera ordenado Elon Musk. El propio Musk había escrito días antes que cualquier tope de velocidad o de uso lo deciden las fuerzas armadas estadounidenses y, en última instancia, el presidente. Traducido: la llave del sistema no está en Kiev ni en Bruselas. Está en Washington.

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Por qué 161 kilómetros por hora deciden una defensa aérea

El dato es tan concreto que parece sacado de un manual. Los interceptores ucranianos pierden la conexión con Starshield por encima de los 161 kilómetros por hora, cien millas. Los drones de reacción que lanza Rusia viajan a unos 400. ‘Perdemos Starlink y perdemos el interceptor’, resumió Zelenski.

Ucrania no usa ese sistema para navegar. Lo usa para dirigir la artillería y para cazar drones en el cielo de Kiev y de otras ciudades, atacadas cada noche. Los cazas F-16 derriban en torno al 60% de los aparatos propulsados a reacción, según el propio mandatario ucraniano, y parte de la munición de refuerzo está en camino. El resto depende de una conexión que se corta a cierta velocidad.

El contexto no ayuda. Funcionarios de defensa ucranianos habían advertido de que el acceso al sistema se estaba ralentizando, en medio de la tensión creciente entre Washington y Kiev y del acuerdo sobre el diésel que Trump firmó con Vladímir Putin.

Una red privada, gobernada desde un despacho extranjero, sostiene hoy la defensa aérea de un país en guerra.

En paralelo, Rusia lanzó uno de sus mayores ataques contra la red energética ucraniana: quince instalaciones críticas de generación y transmisión alcanzadas. Zelenski responsabilizó a Trump y a Musk de las limitaciones y de las muertes de civiles que, a su juicio, han provocado. Es su palabra contra la suya. No hay auditoría posible.

La dependencia que también llega a Torrejón de Ardoz

Aquí está la parte que nos toca. España no libra una guerra, pero su defensa se apoya en la misma arquitectura: comunicaciones por satélite, imagen, mando y control. El Centro de Satélites de la Unión Europea, el organismo que analiza imágenes para las misiones comunitarias, tiene su sede en Torrejón de Ardoz, en Madrid. Buena parte del material que procesa procede de constelaciones comerciales, muchas de ellas estadounidenses.

España cuenta con capacidad propia: los satélites SpainSat NG de Hisdesat, pensados para comunicaciones gubernamentales seguras, y una industria de defensa —Indra, Navantia, Airbus España, GMV— que quiere entrar de lleno en el negocio espacial. El problema no es la falta de talento. Es la escala y el calendario.

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defensa europea

La Unión Europea lleva años intentando cerrar esa grieta con IRIS², la constelación de conectividad segura llamada a dar a los Estados miembros una alternativa a las redes de terceros países. El contrato ya está adjudicado a un consorcio industrial y el despliegue avanza, pero no estará completo a corto plazo ni cubrirá por sí solo todo lo que hoy hacen sistemas privados.

Mientras tanto, la OTAN fijó en 2025 el rumbo del gasto: elevar la inversión en defensa hasta el 5% del PIB en 2035, con un 3,5% de gasto militar puro. Ese dinero va a comprar tecnología. La pregunta es a quién, y con qué margen de decisión.

El precedente que Europa no puede ignorar

No es la primera vez que una red privada se convierte en variable de guerra. En febrero de 2022, horas antes de la invasión, un ciberataque contra la red KA-SAT de Viasat dejó sin servicio miles de terminales en Ucrania y provocó fallos en aerogeneradores de Alemania. Meses después, Musk confirmó que había frenado la cobertura de Starlink en aguas próximas a Crimea para evitar una escalada. Quien controla la constelación controla el ritmo del combate.

Para España, el precedente tiene dos lecturas. La primera es industrial: cada euro gastado en defensa sin capacidad propia acaba siendo un euro invertido en una dependencia. La segunda es política: en una crisis, un freno técnico no se negocia en Bruselas. Se decide en otro sitio y puede llegar sin aviso.

El despliegue de IRIS², los SpainSat NG pendientes y la integración de la industria española en los programas europeos marcarán los próximos presupuestos. Zelenski ha puesto una cifra sobre la mesa —161 frente a 400— que vale como advertencia para cualquier Estado Mayor del continente. La soberanía tecnológica ya no es un capítulo de la política industrial: es el primero de la defensa.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Zelenski denuncia que las limitaciones de velocidad de la red militar Starshield solo se aplican en territorio ucraniano y las califica de operación planificada.
  • Datos importantes: Los interceptores pierden la conexión por encima de 161 km/h, mientras los drones rusos vuelan a unos 400 km/h; Rusia alcanzó quince instalaciones energéticas en un solo ataque.
  • Resumen: El episodio demuestra que la defensa europea, incluida la española, depende de infraestructuras privadas ajenas y de decisiones que se toman fuera de la Unión Europea.