Las tensiones México-Estados Unidos que amenazan el primer mercado exterior de BBVA e Iberdrola

BBVA, Santander e Iberdrola concentran en México buena parte de su beneficio y afrontan la revisión del tratado comercial y el pulso de Washington en seguridad. México envía más del 80% de sus exportaciones a Estados Unidos.

Más del 80% de las exportaciones mexicanas acaban en Estados Unidos. Esa dependencia es también la del dinero español: México es hoy el primer mercado exterior de BBVA y una pieza estratégica para Iberdrola y Santander.

Qué se está tensando entre México y Washington

La relación entre los dos vecinos vuelve a crujir. Lo analiza el podcast de Americas Quarterly, editado por Americas Society/Council of the Americas, con la exfuncionaria mexicana Vanessa Rubio-Márquez: exigencia desde Washington de una cooperación en seguridad mucho más profunda, solicitudes de extradicción que salpican a cargos de Morena y una incertidumbre de fondo sobre el futuro del T-MEC, el tratado comercial que desde 2020 sustituyó al NAFTA.

Tres frentes que no se pueden separar. Más de 60.000 millones de dólares en remesas entran cada año en México desde territorio estadounidense, según la fuente citada, y ese flujo sostiene el consumo de millones de familias y, con él, la salud del crédito en un país donde los bancos españoles ganan mucho dinero.

Publicidad

Por qué México es el primer mercado de BBVA y un activo para Iberdrola

Vamos al detalle que casi nadie cuenta. Ningún banco extranjero pesa en México lo que pesa BBVA: su filial, heredera de Bancomer, es la mayor entidad del país y ha llegado a aportar cerca de la mitad del beneficio del grupo. Santander tiene allí uno de sus mercados nucleares. Iberdrola conserva una posición relevante en generación después de haber reordenado su cartera mexicana en los últimos años.

La energía añade otra capa. La reforma eléctrica mexicana reserva a la Comisión Federal de Electricidad algo más de la mitad de la generación, lo que deja al capital privado un margen tasado por ley; sobre ese margen se calculan las inversiones que el nearshoring —la deslocalización industrial hacia México— debería traer en los próximos años.

La exposición de México supera el 80% de sus exportaciones; la de la banca española al mercado mexicano es igual de alta medida en beneficio.

BBVA México

El calendario aprieta. El tratado contempla una revisión conjunta a los seis años de su entrada en vigor, y esa cita, con 2026 como horizonte, se ha convertido en el epicentro de la negociación. A eso se suma el frente de la seguridad: las líneas rojas que ha fijado Claudia Sheinbaum —ni intervención militar extranjera ni cesión de soberanía— chocan con la presión estadounidense para golpear a los cárteles con más medios y menos trabas.

Y no conviene olvidar la reforma judicial que sustituyó la carrera judicial por la elección popular de jueces y magistrados. Los inversores la leen como una señal de riesgo institucional, una lectura que encarece el capital de quien opera allí y que ya ha pesado en decisiones de inversión en sectores regulados.

El sector de automoción es el otro gran canal. Las reglas de origen del T-MEC exigen un contenido regional elevado para que un vehículo no pague aranceles, y buena parte de los proveedores españoles de componentes, con plantas en el Bajío y en el norte del país, organiza su producción en función de ese umbral. Cualquier endurecimiento obliga a rediseñar cadenas enteras.

Publicidad

El precedente que mira Madrid: del NAFTA al T-MEC

No es la primera vez que un tratado comercial mexicano se convierte en moneda de cambio político. En 2017, la primera Administración de Donald Trump forzó la renegociación del NAFTA con la amenaza explícita de denunciarlo; el resultado fue el T-MEC, firmado en 2018 y en vigor desde 2020. Las empresas españolas aprendieron entonces una lección que hoy repiten: en Norteamérica, la seguridad jurídica depende también de la política interior de Washington.

La comparación que plantea el análisis de Americas Quarterly es reveladora. Canadá ha optado por una respuesta más confrontacional; México, por la negociación silenciosa y la defensa de sus líneas rojas. Para España la diferencia no es retórica: un choque abierto entre las dos economías más integradas del continente tensaría la financiación, frenaría la inversión industrial y pondría en el alero los flujos de remesas que sostienen el consumo.

Hay además un efecto de imagen que interesa en Madrid. México es uno de los grandes destinos históricos de la inversión española y cualquier episodio de fricción bilateral se lee en clave de riesgo país, aunque el riesgo sea compartido con decenas de multinacionales estadounidenses y asiaticas. La marca España empresarial se juega allí su prestigio de socio fiable en un momento en que América Latina entera negocia su lugar en la nueva arquitectura comercial.

Lo que toca seguir de cerca es la letra pequeña de esa revisión del tratado y el tono de las exigencias en seguridad. Si México mantiene el pulso sin romper el marco, los bancos españoles seguirán exprimiendo una rentabilidad que no encuentran en Europa; si el pulso se rompe, el primer mercado exterior de BBVA pasará la factura por la vía del tipo de cambio, del crédito y de la confianza.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: México y Estados Unidos afrontan un nuevo ciclo de tensión comercial y de seguridad en plena revisión del T-MEC, el tratado que ordena el comercio de la región.
  • Datos importantes: Más del 80% de las exportaciones mexicanas van a EE.UU.; las remesas superan los 60.000 millones de dólares al año. México es el primer mercado exterior de BBVA.
  • Resumen: La estabilidad del primer mercado exterior de la banca española depende de un pulso diplomático que España no controla y que golpea su cuenta de resultados.