PSOE y Frente Amplio pactan una candidatura conjunta al Senado en Andalucía salvo en Sevilla para el 29N

El acuerdo, bautizado Senado de Progreso, deja fuera a Podemos y a Adelante Andalucía y obligará a revisar las listas ya aprobadas en siete provincias. El PP parte con 21 de los 32 escaños andaluces en la Cámara Alta frente a los once del PSOE.

El PSOE y el Frente Amplio han pactado una candidatura única al Senado en siete provincias andaluzas: Sevilla queda fuera.

La coalición, bautizada como Senado de Progreso, concentrará el voto de los socialistas, IU, Sumar, Iniciativa por el Pueblo Andaluz y Verdes Equo en las listas de la Cámara Alta para las elecciones del 29 de noviembre. El acuerdo se cerró a última hora del viernes y lo confirman fuentes de la dirección regional del PSOE andaluz.

Fuera del paraguas quedan Podemos y Adelante Andalucía. Los morados todavía no han decidido si concurrirán en todas las provincias y la formación andalucista mantiene su hoja de ruta: no entrará en ninguna coalición, ni para el Congreso ni para el Senado. La unidad, por tanto, es parcial.

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Siete provincias con lista única y una excepción: Sevilla

El mapa es desigual y responde a la aritmética. En Sevilla el PSOE logró tres de los cuatro senadores en liza en 2023 y ya ocupa el techo posible, de modo que mantiene sus nombres sin cambios: Eva Patricia Bueno, Rosario Andújar y Antonio Gutiérrez Limones. En Huelva los socialistas conservan dos plazas; en Málaga, Granada, Jaén, Córdoba, Cádiz y Almería, una por circunscripción.

Para la izquierda, el punto de partida es adverso. Andalucía elige 32 senadores —cuatro por provincia— y el PP controla 21 frente a los once del PSOE. Ese es el mayor desequilibrio territorial de la Cámara Alta y lo que el acuerdo pretende corregir sumando papeletas en lugar de restarlas.

La negociación obligará a revisar las candidaturas ya aprobadas por la dirección regional, si bien el equipo de la secretaria general, María Jesús Montero, no prevee cambios en todas las provincias. Montero ya había situado como cabezas de lista al Senado a los secretarios generales de Cádiz, Huelva, Córdoba y Almería, una decisión que ahora queda condicionada por el reparto con los socios.

El Senado no decide gobiernos, pero sí condiciona su día a día: 21 de los 32 escaños andaluces están hoy en manos del PP.

Al margen de estas plazas están los senadores por designación autonómica que ratificó el Parlamento de Andalucía: la propia Montero y los ex secretarios generales Juan Espadas y Susana Díaz. Ese bloque no se toca con el pacto electoral.

Once escaños frente a 21: la aritmética que la izquierda quiere revertir

El Senado funciona con reglas distintas a las del Congreso y eso explica la estrategia. El voto nominativo, las listas abiertas y la posibilidad de marcar tres nombres de cualquier formación —no necesariamente en el orden de la papeleta— convierten cada circunscripción en un tablero donde la dispersión de siglas a la izquierda del PSOE se traducía en escaños perdidos. Con una sola candidatura, el cálculo cambia.

A nivel federal, el pacto abarca más de 40 provincias —todas salvo las cuatro catalanas, las dos canarias y Sevilla— y persigue un objetivo declarado: arrebatar al PP la mayoría absoluta en la Cámara Alta, que ha condicionado buena parte de la legislatura.

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PSOE Frente Amplio

El precedente inmediato está en 2023, cuando el PP se hizo con el control total del Senado y Andalucía aportó 21 de los 32 escaños. La lectura que hacen en la dirección socialista es que ese resultado no reflejó tanto el peso real de cada partido como la fragmentación del voto. De ahí la apuesta por la coalición en siete provincias y el respeto escrupuloso a Sevilla, donde tocar las listas habría supuesto renunciar a plazas seguras.

En las otras siete provincias la negociación sigue abierta y puede haber modificaciones en los nombres ya aprobados. El calendario aprieta: las candidaturas deben quedar cerradas y proclamadas antes del arranque de la campaña electoral, con el 29N como fecha límite en el horizonte.

La Lectura Andaluza

Andalucía es la comunidad que más escaños aporta al Senado y, sin embargo, la que más ha notado el castigo del sistema mayoritario. Con 32 senadores en juego —cuatro por provincia—, la región pesa en la Cámara Alta más que ninguna otra y ese peso se ha traducido en los últimos años en una representación monolítica del PP. La coalición que ahora se firma no cambia las reglas del juego, pero sí la forma de jugarlo: donde antes había tres o cuatro siglas compitiendo por los mismos votos, habrá una sola papeleta en Cádiz, Huelva, Málaga, Granada, Jaén, Córdoba y Almería.

Para el votante de a pie el efecto es doble. Por un lado, la papeleta del Senado se simplifica: menos casillas y una referencia clara. Por otro, el resultado puede alterar la capacidad de la Junta de Andalucía y de los ayuntamientos para defender sus inversiones en Madrid, porque la Cámara Alta tramita los vetos territoriales y da o quita margen al Gobierno en la negociación presupuestaria. En provincias como Almería, con el agua y el campo como asuntos capitales, o en Huelva, pendiente de su conexión ferroviaria con Sevilla, la aritmética del Senado acaba teniendo traducción en infraestructuras y en precios.

La proyección es inmediata. La dirección regional del PSOE tiene por delante poco más de un mes para cerrar los nombres definitivos antes del 29N, con los secretarios provinciales ya designados en cuatro provincias y la incógnita de dónde coloca a sus socios. La clave estará en el orden de las listas, porque en el Senado la papeleta no obliga a respetarlo. Ahí se medirá la solidez real del acuerdo. Y ahí se sabrá si la izquierda andaluza ha entendido que, en la Cámara Alta, la unidad pesa más que cualquier discurso.