Madrid instala 1.123 cámaras lectoras de matrículas en 564 puntos de pueblos pequeños

El despliegue, con 17 millones a cinco años, no llegará hasta el segundo semestre de 2027 y deja en el aire quién custodiará las matrículas. En los pueblos sin Policía Local los datos pasarán por el CECOM de Madrid 112.

La Comunidad de Madrid instalará 1.123 cámaras lectoras de matrículas en 564 puntos de control de los 142 municipios de menos de 20.000 habitantes. El despliegue no arranca hasta el segundo semestre de 2027.

El programa se llama Pueblos con Vida y mueve 17 millones de euros a cinco años, según los datos difundidos por el Gobierno regional. La administración autonómica asumirá el coste de los aparatos, el mantenimiento, la plataforma tecnológica y la nube donde se custodiarán las imágenes. Traducido: los ayuntamientos no ponen un euro, pero tampoco deciden del todo cómo se usa lo que graban.

No es una compra de cámaras y ya está. El sistema leerá matrículas y captará imágenes de los vehículos que pasen por esos 564 puntos, lo que sale a dos dispositivos por punto de control de media. La infraestructura se conectará con los servicios de emergencia y con la capacidad operativa de las policías locales.

Publicidad

Qué vigilarán las cámaras y quién podrá consultar las matrículas

En los municipios que tienen Policía Local, la lectura de matrículas quedará en manos de ese cuerpo. En los que no la tienen, la información se integrará con los servicios de emergencia y con el Centro de Coordinación Municipal (CECOM) de Madrid 112. Ahí está el detalle que cambia el juego: buena parte de esos 142 pueblos no cuenta con plantilla propia para vigilar nada.

La segunda fase abre más preguntas que respuestas. Los datos podrán ser utilizados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para prevenir situaciones de violencia y colaborar en la detección e investigación de delitos e infracciones. Es decir, Guardia Civil y Policía Nacional tendrían acceso a un registro generado en el ámbito municipal, con reglas que aún no se han publicado.

Un pueblo de 900 habitantes no gana seguridad por colgar una cámara: la gana si alguien lee la matrícula a tiempo y sabe qué hacer con ella.

Por qué 142 pueblos pequeños esperan estas cámaras con más urgencia que la capital

En la Sierra Norte, en la Campiña o en los municipios de la corona sur, la distancia entre una llamada al 112 y la llegada de una patrulla se mide en kilómetros y en turnos. Muchos de estos ayuntamientos llevan años pidiendo herramientas que no dependan de tener veinte agentes en nómina. La videovigilancia les ofrece lo que ningún convenio les ha dado: ojos sin plantilla.

De ahí que el anuncio se haya leído en clave de alivio más que de polémica. A eso se suma otro compromiso del mismo programa que sí tiene fecha cercana: 61 cajeros automáticos en municipios pequeños antes de que acabe el año. Los cajeros son la otra cara de la misma despoblación: sin efectivo no hay comercio, y sin cámara no hay matrícula que consultar.

Conviene medir la escala. 564 puntos de control en 142 términos municipales son una red de tamaño medio, muy lejos del despliegue masivo de las grandes ciudades. Para un vecino de un pueblo de 1.500 habitantes, la diferencia práctica es que su ayuntamiento pasa de cero registros a un histórico de vehículos que entran y salen. Eso sirve para un robo en un polígono y también para saber quién pasa por la calle Mayor un martes a las tres de la mañana.

El precedente de la ZBE y lo que la Comunidad no ha explicado todavía

Madrid capital lleva años leyendo matrículas en los accesos a la zona de bajas emisiones, con un marco jurídico propio y sucesivas correcciones en el camino. La experiencia de Madrid Central y su evolución normativa deja una lección que ahora conviene aplicar a los pueblos pequeños: la tecnología es lo barato; el procedimiento, lo caro.

Publicidad

Hablamos de datos personales. Una matrícula identifica a su titular, y su tratamiento exige base jurídica, plazo de conservación, y control de acceso. La referencia no es la nota de prensa, sino el criterio de la Agencia Española de Protección de Datos, que en los últimos años ha reclamado a los ayuntamientos justificar por qué graban, cuánto tiempo guardan y quién consulta. El texto completo de la iniciativa y los pliegos deberían publicarse en la web oficial de la Comunidad de Madrid; ahí se verá si el régimen de acceso se detalla o se deja a la carta de cada consistorio.

Analizamos esta operación como lo que es: una cesión de infraestructura con la letra pequeña pendiente. La Comunidad paga y mantiene; el municipio usa. Cuando el propietario de la herramienta y el responsable del uso son distintos, los conflictos llegan solos. Ya pasó con las ayudas del Plan Vive en materia de vivienda y pasará aquí con los datos: ¿quién responde si una consulta se hace fuera de supuesto?

Hay además un riesgo de calendario. Las próximas elecciones municipales llegan antes que el segundo semestre de 2027, y con ellas cambiará el signo de más de un ayuntamiento. Un sistema que aterriza después de los comicios se encontrará con alcaldes que no lo licitaron y con vecinos que no recuerdan haberlo pedido.

Queda un hito concreto al que agarrarse: la publicación de los pliegos y del régimen de tratamiento de datos antes de que se instale la primera cámara. Hasta entonces, los 1.123 dispositivos son una cifra en un comunicado. Para el vecino de Ambite, de La Hiruela o de Valdepiélagos, lo que cambia hoy es poco. Lo que cambiará en 2027 aún está por escribir.