El mapa electoral del 29-N inclina 27 provincias hacia el PP, mientras Pedro Sánchez se impone en solo cinco circunscripciones. La foto provincial del último panel de Sigma Dos dibuja un cambio de bloques que se explica asiento a asiento, no en el agregado nacional.
El sondeo, elaborado para El Mundo entre el 1 y el 14 de octubre con 3.007 entrevistas y un margen de error de ±2,1%, sitúa al PP en el 31,5% de intención de voto —medio punto menos en una semana y 1,6 puntos por debajo de su resultado de 2023—, a Vox en el 19,5% y al PSOE en el 25,3%.
La traducción en escaños es la que ordena el debate interno en Génova: 201 diputados para el bloque de la derecha (136 del PP y 65 de Vox) frente a 117 de PSOE, Frente Amplio y Podemos. El 51% de los votos para el centro-derecha y el 36,2% para el espacio progresista. En la legislatura que se cierra, la derecha sumaba 171 escaños y la izquierda, 152.
Por qué el mapa se rompe provincia a provincia y no en el porcentaje nacional
El sistema electoral español reparte los 350 escaños de el Congreso de los Diputados por circunscripciones provinciales, de modo que la Ley Orgánica del Régimen Electoral General convierte cada provincia en un pequeño colegio donde un puñado de votos mueve un diputado entero. Ahí, y no en la media nacional, es donde el PP construye su ventaja.
De las 23 provincias donde la izquierda pierde escaños con seguridad, en 21 la derecha es la beneficiaria directa. Solo Vizcaya se sale del patrón —el asiento que libera Frente Amplio viaja a Bildu— y Sevilla queda en el aire, con un escaño de Sumar que apunta a Adelante Andalucía y otro del PSOE que pelea Vox. A esas 23 se suman otras seis en disputa, entre ellas Zaragoza, Asturias, Cantabria,, Alicante y Ávila.
En la pugna por la primera plaza, Feijóo puede ganar en 27 provincias —19 de ellas garantizadas— frente a las cinco en las que Sánchez tiene opciones: Barcelona y Tarragona aseguradas, y Lérida, Gerona y Sevilla pendientes del último recuento. En 2023 el PSOE se impuso en esas mismas cinco, con Navarra en lugar de Gerona.
La brecha ya no se mide en votos: se mide en provincias, y ahí el PP tiene 27 casillas frente a las cinco que todavía resiste Sánchez.
Por bloques, el PP y Vox se imponen a la suma del resto de formaciones en 40 provincias, el 80% del mapa, cuando hace tres años lo hacían en el 56%. Las formaciones que sostuvieron al Gobierno solo tienen garantizada la mayoría en las cuatro provincias catalanas, las tres vascas y Navarra. Soria y Sevilla registran empate técnico.
Santiago Abascal se consolida como tercera fuerza en hasta 41 circunscripciones —en 2023 lo fue en 24— y Frente Amplio se queda en seis o siete: Sevilla, Barcelona, Alicante, Valencia, Baleares, Madrid y, quizá, Zaragoza. Vox arrebata escaños al PP en siete provincias (Cádiz, Huesca, Valencia, Cuenca, Toledo, Salamanca y Madrid), pero los populares recuperan muchos más a costa de la izquierda: 1,2 millones de votos viajan de Feijóo a Abascal y cerca de 800.000 ex votantes socialistas o de Sumar se irían hoy a la derecha.
De Barcelona a Madrid: el desglose provincial del retroceso
Barcelona concentra la hemorragia: el PSOE cede dos diputados y Frente Amplio otros dos. En Madrid los socialistas bajan uno y la coalición de Ada Colau dos, aunque uno de ellos acaba en Podemos. Murcia, Pontevedra y, probablemente, Cádiz y Sevilla dejan otro escaño por el camino. Andalucía es el retrato más nítido: seis de sus ocho provincias pierden representación de izquierda, con Huelva y Jaén como únicas excepciones.

El dato que sostiene la lectura estratégica no es tanto la caída como su reparto geográfico: la izquierda se deja suelo en más de la mitad del mapa y lo hace, además, en los territorios donde el PP gobierna con más comodidad. Madrid, Murcia, la Comunidad Valenciana, Baleares, La Rioja o Castilla y León son a la vez feudos de gestión popular y circunscripciones donde el bloque progresista pierde asientos.
Queda margen para el Gobierno: en 29 provincias el último escaño se disputa entre bloques, y el 11% de los votantes de Sánchez y el 13,2% de los de Yolanda Díaz aún no ha decidido su papeleta. Entre los electores de Feijóo y Abascal, los indecisos son el 4% y el 3,1%. El problema para el PSOE es que, precisamente entre sus antiguos votantes, es donde más gente se plantea quedarse en casa el 29-N.
El Eje del Poder Popular
En Génova la lectura es de consolidación, no de euforia. La dirección nacional que preside Alberto Núñez Feijóo trabaja con la hipótesis de que el 29-N se decide en un puñado de provincias pequeñas —Soria, Teruel, Cuenca, Ávila, Zamora— donde un escaño vale lo mismo que cuatro en Madrid y donde el PP ya gobierna o ha gobernado con holgura. Ese es el eje del poder popular: 11 comunidades autónomas, alrededor del 60% del PIB y una red de diputaciones y ayuntamientos que funciona como maquinaria de movilización territorial mucho antes de que arranque la campaña.
El aterrizaje autonómico del sondeo invita a mirar con lupa. Madrid, Murcia y la Comunidad Valenciana aparecen como plazas donde el retroceso de la izquierda se traduce en escaños para el PP; en Andalucía, el mapa premia la gestión de Juanma Moreno con seis provincias en las que el bloque progresista pierde suelo; en Galicia, con Alfonso Rueda al frente, la izquierda cae en La Coruña y Pontevedra. Son las mismas comunidades que el PP exhibe como argumento de gestión económica y de política de agua frente al Ejecutivo central.
El precedente histórico obliga a la prudencia. En noviembre de 2011, el PP de Mariano Rajoy convirtió una hegemonía provincial muy parecida en mayoría absoluta, pero llegó a ella con un PSOE en descomposición y sin un competidor a su derecha en plena forma. Hoy ese competidor existe y crece: Vox sube en 18 de las 23 provincias donde la izquierda pierde y absorbe 1,2 millones de votos del granero popular. Ahí está el reto estratégico: capitalizar el desgaste del Gobierno sin alimentar la fuga por el flanco derecho, el voto útil como marco y no como eslogan.
La segunda derivada es interna. Los barones con mayor peso —Isabel Díaz Ayuso en Madrid, Juanma Moreno en Andalucía, Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana y Fernando López Miras en Murcia— leen el panel como aval a su gestión y como argumento para reclamar peso en la confección de listas y en el reparto de recursos de campaña. Génova, por ahora, deja hacer: la consigna es no abrir frentes a menos de seis semanas del 29-N y concentrar el mensaje en la alternativa de Gobierno. Nada de celebraciones anticipadas.
Queda un riesgo que el propio sondeo señala y que conviene no ignorar: el PP pierde medio punto en una semana y sigue 1,6 puntos por debajo de su dato de 2023, con un 31,5% que aún no alcanza lo que ya obtuvo. Con 136 escaños en el escenario central, la mayoría absoluta no está en juego; la gobernabilidad, sí. Y esa ecuación pasa por sostener las 27 provincias en las que hoy es primera fuerza, varias de ellas conquistadas hace tres años y otras recuperadas ahora a costa de un PSOE que no levanta cabeza.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: La mayoría de centro-derecha ya existe en el mapa; al PP le corresponde convertirla en alternativa de Gobierno sin depender de nadie.
- Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del Partido Popular).
- Próximo hito: Nuevo panel de Sigma Dos a finales de octubre y arranque formal de la campaña electoral a mediados de noviembre.
