La retirada de Microsoft del macrocentro de datos IA de Nscale no es un problema de chips: es un problema de enchufes.
El gigante de Redmond ha puesto fin a su plan de financiar el supercomputador del complejo que la empresa británica levanta en Loughton, en el condado de Essex: una instalación de unos 2.700 millones de dólares llamada a ser la mayor del Reino Unido. La presentación del proyecto, en septiembre de 2025, se enmarcó en un paquete de 30.000 millones de dólares para infraestructura de IA en el país. El equipo debía alojar más de 23.000 chips de Nvidia, con entrega prevista para principios de 2027.
Qué ha pasado en Loughton: 2.700 millones y 23.000 chips sin fecha de conexión
Ningún laboratorio ni ninguna sala de servidores explica el retraso. A Nscale se le comunicó que la conexión a la red eléctrica en Loughton no llegará hasta la década de 2030, según informó The Telegraph. Un portavoz de Microsoft sostuvo que la decisión ‘se refiere a un único emplazamiento’ y que la alianza con el desarrollador sigue intacta.
El cuello de botella ya no está en el silicio.
Durante dos años el debate sobre la IA se midió en tarjetas gráficas y en litografías. Hoy se mide en megavatios. Los proyectos que esperan conectarse a la red de PJM, el operador que cubre trece estados del Este y del Medio Oeste, tardan de media más de ocho años en entrar en servicio, según el Rocky Mountain Institute. La cifra explica por qué Washington ha convertido la generación eléctrica en asunto de seguridad nacional.
El mapa de la inteligencia artificial ya no lo dibujan los ingenieros de silicio: lo dibujan las subestaciones eléctricas y los permisos de obra.
El repliegue tiene geografía. La empresa mantiene sus acuerdos con la tecnológica en Estados Unidos, Noruega y Portugal, y sostiene que el problema londinense no contamina el resto de su cartera. Se presenta, eso sí, como ‘el único proveedor de infraestructura de IA soberana de pila completa del Reino Unido’, en palabras de su consejero delegado, Josh Payne.
Hay un matiz que ordena el debate. No es que las tecnológicas estén abandonando Europa: es que llegan a los sitios donde la energía todavía no está lista. Ese es el repliegue inversor tecnológico del que se habla en medio continente, y su explicación es más prosaica de lo que sugiere el titular.
Por qué España mira de cerca el repliegue británico

Un centro de datos IA consume como una ciudad mediana y firma contratos de suministro a veinte años. Por eso la decisión interesa en España más de lo que parece: el país compite con Reino Unido, Irlanda, Alemania y los países nórdicos por el mismo tipo de inversión, y su argumento de venta es el precio de la luz.
Los polos de Aragón y Madrid han atraído proyectos de hiperescala, y grandes eléctricas como Iberdrola y Endesa han situado la conexión de nuevos consumidores en el centro de su planificación.
Sin red no hay nube.
El operador del sistema advierte de que las solicitudes de acceso se acumulan y de que no todas podrán atenderse al ritmo que reclama el sector. ACS y Ferrovial pujan por la obra civil; las telecos, por la capacidad.
La Lógica de Washington
En Washington la electricidad ha dejado de ser un asunto regulatorio para convertirse en un asunto de Estado. La razón es simple: sin potencia instalada no hay liderazgo en IA, y sin liderazgo en IA no hay ventaja frente a China. El plan de acción para la IA impulsado en 2025 se apoya en tres patas: permisos más rápidos, más generación de base, y redes reforzadas. Detrás hay una coalición poco habitual: gobernadores republicanos que compiten por atraer centros de datos, fondos tecnológicos y los sindicatos de operarios de red que ven empleo en cada nueva subestación.
El precedente está en la propia historia americana. La Autoridad del Valle del Tennessee, creada en 1933, no construyó fábricas: construyó presas. La industria llegó después. Ocho décadas más tarde, el guion se invierte: primero se promete la energía y luego se espera la inversión. La red, sin embargo, no se levanta al ritmo de un decreto, y ahí está la tensión que comparten Londres y Washington.
Para España la ventana es real, pero estrecha. El país parte con ventaja en precio mayorista y con una red que ha absorbido mucha renovable, aunque las colas de acceso y la contestación local en zonas como Aragón empiezan a pesar. Quien resuelva el suministro se queda con la inversión.
La próxima prueba llegará con los chips de Nvidia, cuyo despliegue en Loughton está previsto para principios de 2027: si para entonces la compañía ha encontrado una fuente de energía alternativa, el episodio quedará en un susto; si no, el mayor centro de datos IA de Reino Unido podría quedarse a oscuras. En Bruselas, el debate sobre el acceso prioritario de los grandes consumidores a la red sigue abierto.
Ficha del Caso
- El caso: Microsoft retira la financiación del supercomputador del macrocentro de datos IA que Nscale construye en Loughton (Essex), después de saber que no habrá conexión eléctrica hasta la década de 2030.
- Datos clave: Inversión prevista de unos 2.700 millones de dólares; más de 23.000 chips de Nvidia con llegada en principios de 2027; el proyecto se presentó en septiembre de 2025 dentro de un paquete de 30.000 millones para Reino Unido; en EE. UU., la cola de conexión a PJM supera los ocho años de media.
- Para España: El país compite por la misma inversión con el precio de la luz como argumento, pero las colas de acceso a la red y la contestación local empiezan a limitar proyectos de hiperescala en Aragón y Madrid.
