Libia del Este ratifica el acuerdo marítimo con Turquía y desafía a Grecia y Chipre por la ZEE

La Cámara de Representantes de Tobruk aprueba por unanimidad el memorando de 2019 y anula la ruptura de lazos con Ankara decidida en 2020. Atenas advierte de que defenderá sus derechos soberanos y Bruselas aún no ha fijado posición.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Cámara de Representantes del Este de Libia ratificó este martes por unanimidad el memorando de delimitación marítima con Turquía firmado en noviembre de 2019 y anuló la ruptura de lazos políticos con Ankara que había decidido en 2020.
  • ¿Quién está detrás? El legislativo de Tobruk, alineado con el mariscal Khalifa Haftar, frente al rechazo frontal de Grecia y Chipre y al respaldo explícito del Ministerio de Exteriores turco.
  • ¿Qué impacto tiene? Reactiva la disputa por la zona económica exclusiva y el gas del Mediterráneo oriental, tensa el flanco sur de la OTAN y devuelve a Bruselas un expediente que llevaba cinco años congelado.

La Cámara de Representantes del Este de Libia ratificó este martes por unanimidad el acuerdo marítimo con Turquía de noviembre de 2019. Grecia y Chipre lo consideran ‘ilegal, nulo y sin valor’ y han advertido de consecuencias.

La votación no fue un trámite. Los diputados de Tobruk anularon además la decisión de 2020 con la que el legislativo oriental rompió los lazos políticos con Ankara. En una sola sesión, el Este libio ha pasado de ser el socio incómodo de El Cairo y Abu Dabi contra la influencia turca a avalar el reparto marítimo que más irrita a Atenas.

La línea que Turquía dibuja y que Atenas niega en cada foro

El memorando firmado en noviembre de 2019 entre Ankara y el Gobierno de Acuerdo Nacional de Fayez al Sarraj trazaba una frontera marítima que corre desde la costa turca, a la altura de la provincia de Muğla, hasta el litoral libio al norte de Tobruk. La línea ignora de facto la fachada marítima de Creta y de Rodas. Turquía la defiende con el argumento de la equidad: sostiene que una isla no puede generar espacios marítimos que ahoguen la plataforma continental de un Estado con costa continental.

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Atenas y Nicosia responden con el derecho del mar. Grecia es parte de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar; Turquía no la ha firmado. El Ministerio de Exteriores griego calificó la decisión de ‘unilateral y jurídicamente infundada’ y recordó que el memorando ‘sigue siendo ilegal, nulo y sin valor’. Chipre empleó la misma fórmula. La advertencia de Atenas incluye adoptar ‘las medidas necesarias’ para defender sus derechos soberanos, una expresión que en el Egeo se lee siempre en clave naval.

El trasfondo es el gas. Desde el hallazgo de Tamar en 2009, el Levante se ha convertido en una de las provincias gasistas más codiciadas del planeta: Zohr en aguas egipcias, Leviathan frente a Israel, Aphrodite en el bloque chipriota. Grandes compañías como Chevron y Eni han aterrizado en la zona, según recoge un informe de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Quien fija la ZEE fija, en la práctica, quién perfora.

Quien firma un papel no gana un mar. Pero quien controla el mapa de la zona económica exclusiva decide qué barco perfora y cuál se queda mirando.

El pulso tampoco es nuevo. Grecia y Egipto firmaron en 2020 su propio acuerdo de delimitación, que Ankara rechaza. Atenas autorizó además exploraciones al sur de Creta por un consorcio liderado por Chevron en 2025, lo que provocó objeciones turcas. Cada mapa que se publica en el Mediterráneo oriental nace ya impugnado.

De socios de El Cairo a valedores de Ankara: el giro de Haftar

El hombre fuerte del Este, el mariscal Khalifa Haftar, fue durante años el cliente predilecto de Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Rusia. En 2019 y 2020 lanzó una ofensiva para tomar Trípoli. La frenaron los drones Bayraktar TB2 turcos y los asesores enviados por Ankara. Seis años después, el mismo hombre bendice el acuerdo que Ankara necesita. La explicación es material: contratos de reconstrucción, obra pública y comercio en un territorio con dos Gobiernos y un solo yacimiento que repartir.

Los dos Ejecutivos rivales celebraron la votación. El Ministerio de Exteriores de Trípoli la llamó ‘desarrollo positivo’ para las relaciones bilaterales; Saddam Haftar, subcomandante del Ejército Nacional Libio y heredero político de su padre, habló de superar diferencias y de anteponer el interés nacional. Ese doble aplauso es la noticia de fondo: Libia sigue partida entre el Gabinete de Abdul Hamid Dbeibah y la administración oriental de Osama Hammad, pero en política marítima habla con una sola voz. Una voz que no es la de Atenas.

Equilibrio de Poder

Washington mira el expediente con la distancia de quien tiene el grueso de sus medios en el Indo-Pacífico. La administración de Donald Trump sostiene a Grecia y a Chipre como socios —Souda sigue siendo una base clave y Nicosia ha recibido material estadounidense—, pero no está dispuesta a castigar a un aliado de la OTAN que controla los estrechos y que compró sistemas S-400 rusos. Moscú mantiene canales con Ankara y con Haftar: es el único actor con interlocución a ambos lados del mapa. Bruselas es la más débil. La UE no reconoce el memorando de 2019 y ya sancionó en 2020 a una empresa turca por sus prospecciones, pero el grueso de las cancillerías europeas consideran que abrir ahora un frente con Turquía es un lujo que no pueden permitirse.

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Para España el asunto no es ajeno. Nuestro suministro de gas depende en buena medida de Argelia y del GNL que cruza el Mediterráneo, y cualquier reordenación de la ZEE altera rutas, seguros, y precios. España participa en la operación Irini de la UE y en la Sea Guardian de la OTAN, las dos misiones que patrullan la zona. Hay además un precedente propio que conviene no olvidar: la zona económica exclusiva española en el Mediterráneo se declaró en 2013 con la delimitación con Marruecos y Argelia expresamente aparcada. El acuerdo turco-libio funciona como plantilla de lo que ocurre cuando un país firma su frontera marítima sin consenso regional. El mapa se publica, y la disputa queda para la siguiente década.

El riesgo inmediato no es jurídico, es cinético. La crisis de los islotes de Imia en 1996 y la colisión entre las fragatas Limnos y Kemal Reis en agosto de 2020, durante el despliegue del buque sísmico Oruç Reis, demuestran lo poco que separa la retórica del abordaje. Bastará una escolta que se cruce en el rumbo equivocado.

El siguiente examen no será parlamentario. La próxima reunión de ministros de Exteriores de la UE y el Consejo Europeo de diciembre de 2026 dirán si Bruselas se limita a lamentar el hecho o si activa el reglamento sancionador. Grecia guarda en el cajón la extensión de su plataforma continental al sur de Creta. Si la saca, Ankara ya ha dicho lo que responderá. Cosas que pasan en el Mediterráneo, un mar que se reparte más rápido de lo que se legisla.