RTX y Northrop Grumman cerraron el martes con carteras récord mientras el Pentágono repone los misiles gastados en la guerra con Irán.
Carteras récord y una factura de guerra de 38.000 millones
Los dos mayores contratistas de defensa de Estados Unidos presentaron sus resultados trimestrales con el mismo mensaje. RTX —la antigua Raytheon Technologies— declaró una cartera total de 340.000 millones de dólares, de los cuales 164.000 corresponden a pedidos de defensa. Northrop Grumman informó de 109.600 millones en contratos pendientes, un 15% más que al cierre de 2025, la cifra más alta de su historia.
Los ingresos de RTX subieron un 11% hasta casi 25.000 millones. Su división de defensa, Raytheon, facturó 8.000 millones (+14%) y elevó el beneficio operativo un 32%, hasta 1.130 millones, empujada por los misiles de crucero Tomahawk, los Patriot, los Standard Missile y el armamento naval. El consejero delegado, Chris Calio, situó en unos 23.000 millones los contratos de Tomahawk y en más de 14.000 los de misiles AMRAAM: entre ambos explican la mayor parte de los 59.000 millones en pedidos de defensa firmados en el trimestre.
Detrás de ese volumen hay una factura de guerra. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, el organismo no partidista que calcula el coste de las políticas federales) estimó en 38.000 millones de dólares el gasto de las operaciones contra Irán hasta el 1 de agosto, incluidos 21.700 millones para reponer munición: 13.100 en interceptores —Patriot, THAAD, SM-3 y SM-6— y 7.300 en misiles de ataque a tierra como el Tomahawk. Un informe de julio del CSIS situó el inventario de Patriot por debajo del millar de interceptores y el de THAAD en torno a 250.
El rearme que Bruselas y Madrid ya no pueden aplazar
La onda expansiva cruza el Atlántico. Los aliados acordaron en la cumbre de La Haya de 2025 elevar el gasto en defensa y seguridad hasta el 5% del PIB en 2035, con 3,5 puntos de gasto militar puro y 1,5 de infraestructura y resiliencia, según el texto publicado por la OTAN. Ese calendario sostiene la cartera de pedidos de RTX y Northrop Grumman tanto como la guerra: cada compromiso aliado se traduce, antes o después, en una línea de contrato.
La guerra con Irán no ha terminado en los inventarios: ha convertido la producción de misiles en el cuello de botella estratégico de Occidente.
Para España el asunto tiene dos caras. La primera es la defensa antimisiles: los cuatro destructores estadounidenses con base en Rota (Cádiz) son el componente naval del escudo aliado en Europa y sus interceptores SM-3 son precisamente los que la Marina de EE. UU. repone, con con un contrato de hasta 6.300 millones anunciado el 8 de octubre. El Gobierno español mantiene su compromiso del 2% del PIB en defensa para 2029 y sostiene que la senda debe medirse en capacidades.
La segunda cara es industrial. Indra, Airbus España, Navantia, ITP Aero y Escribano compiten por una parte de ese gasto europeo al alza, en un sector exportador que en los últimos ejercicios ha superado los 3.000 millones de euros anuales y que hasta ahora ha tenido en el mercado estadounidense una presencia limitada.
Los números explican la letra pequeña. Northrop Grumman ingresó 11.100 millones (+7%), con un 14% de crecimiento en Aeronautics Systems y un 12% en Defense Systems, y firmó 16.400 millones en nuevos contratos: 2.000 para el misil nuclear Sentinel, 1.400 para los submarinos de la clase Virginia y 1.300 para el F-35. De su cartera, 50.100 millones están financiados y 59.500 siguen sin fondos. Un pedido récord no es un misil en el silo.
La capacidad de producción es el otro límite. RTX acordó con el Pentágono en febrero elevar su producción anual hasta más de 1.000 Tomahawk, al menos 1.900 AMRAAM y más de 500 SM-6, pero esas cifras son objetivos declarados, no la fabricación actual. La CBO calcula que reconstruir los inventarios de interceptores llevará al menos cinco años, hasta 2031, por la lentitud histórica con la que se amplía la cadena y los plazos entre la firma del contrato y la entrega del arma.
Los ejecutivos de RTX señalan cuellos de botella en motores cohete, fundición y placas de circuito. Kathy Warden, consejera delegada de Northrop Grumman, proyectó un crecimiento de ventas del 5% al 7% en 2027 sobre inversiones en capacidad fabril, y en junio Lockheed Martin recibió hasta 35.000 millones para ampliar la producción del THAAD.
La Lógica de Washington
La decisión de fondo no es de las empresas, sino del Pentágono: reponer munición tras un conflicto limitado sin desmontar la disuasión frente a China. El precedente más exacto es 1950. La guerra de Corea pilló a Estados Unidos con un arsenal diezmado y el documento NSC-68 convirtió la reposición en política permanente: el gasto de defensa se triplicó en tres años y la producción de armamento pasó a tratarse como infraestructura. Lo que vemos hoy es la misma jugada con otro nombre: contratos plurianuales para dar visibilidad a los fabricantes, compras por lotes y compromisos con aliados para que la cadena tenga carga de trabajo estable durante una década.
La coalición política que sostiene este movimiento es amplia y bipartidista. El Partido Republicano lo presenta como rearme y disuasión; el Partido Demócrata lo acepta como mantenimiento del empleo industrial en sus distritos.
La Casa Blanca de Donald Trump añade su propio criterio: si Europa quiere el paraguas, que pague la factura. De ahí que el objetivo del 5% acordado en La Haya sea, para Washington, menos una meta presupuestaria europea que un argumento comercial.
Queda una incógnita. La consolidación de los años noventa dejó cinco grandes contratistas donde había decenas, y esa base industrial estrecha debe ahora multiplicar su ritmo justo cuando el Departamento de Defensa quiere producir más rápido. La próxima prueba llegará con los resultados del cuarto trimestre, a finales de enero de 2027, y con la reunión de ministros de Defensa de la OTAN que revisará los planes nacionales. Ahí se sabrá si el compromiso español del 2% en 2029 se queda ahí o se acelera.
Ficha del Caso
- El caso: RTX y Northrop Grumman cierran el trimestre con carteras récord mientras el Pentágono repone las municiones gastadas en la guerra con Irán y la OTAN presiona al alza el gasto aliado.
- Datos clave: 340.000 millones de cartera en RTX (164.000 de defensa) y 109.600 en Northrop Grumman; 38.000 millones de coste de las operaciones contra Irán hasta el 1 de agosto, con 21.700 para reponer munición; cinco años para reconstruir inventarios.
- Para España: los destructores de Rota dependen de los interceptores SM-3 en reposición; Indra, Airbus España, Navantia, ITP Aero y Escribano optan a un gasto europeo al alza, con la senda del 2% del PIB fijada para 2029.

