Hegseth aterriza en la base de Uvda y aborda con Netanyahu la amenaza iraní

El Pentágono no ha confirmado ni desmentido el encuentro, celebrado a una semana de las elecciones israelíes. Trump respaldó a Netanyahu el domingo y ambos líderes han descartado un ataque antes de sus respectivas citas con las urnas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, se reunió el lunes con Benjamin Netanyahu en la base aérea de Uvda, en el sur del Néguev, en una visita que no había sido anunciada.
  • ¿Quién está detrás? La oficina del primer ministro israelí confirmó el encuentro por boca de su portavoz, Doron Spielman. El Pentágono, de momento, guarda silencio.
  • ¿Qué impacto tiene? Coordinación ofensiva y defensiva contra Irán a una semana de las elecciones israelíes del 27 de octubre y con el estrecho de Ormuz en tensión abierta.

Hegseth ha abordado la amenaza iraní con Benjamin Netanyahu en la base aérea de Uvda, en una visita no anunciada al sur del Néguev. La reunión, confirmada por la oficina del primer ministro israelí, se celebra a una semana de las elecciones legislativas de Israel y con el estrecho de Ormuz en tensión abierta.

El portavoz del premier, Doron Spielman, explicó a Reuters que ambos dirigentes conversaron sobre ‘las amenazas en la región’ y sobre la asociación entre Estados Unidos e Israel para hacerles frente, tanto en el plano ofensivo como en el defensivo. Hegseth, añadió, agradeció a Israel que acoja a fuerzas estadounidenses, que según esa misma fuente suman miles de efectivos.

El Departamento de Defensa no ha emitido ninguna nota sobre el viaje. Hegseth se limitó a publicar en X que había visitado a militares desplegados en el área de responsabilidad del Mando Central de EE.UU., una franja que cubre Oriente Próximo, el noreste de África y parte de Asia. No concretó el lugar. La ausencia de comunicado oficial no es un detalle menor: cuando el Pentágono quiere mandar un mensaje a Teherán, lo publica; cuando quiere dejar un mensaje sin firma, lo filtra a medias y deja que la otra parte lo lea en el silencio.

Publicidad

Qué se dijo en Uvda y qué quedó fuera del comunicado

El resumen oficial es deliberadamente escueto. Dos conceptos, ‘amenazas’ y ‘asociación’, y una cortesía protocolocolaria sobre el alojamiento de tropas. Ni mención a plazos, ni a objetivos, ni a represalias. Spielman sí añadió un elemento político: ‘Hay una relación personal profunda que estuvo en el centro de esta conversación’.

La elección del escenario tampoco parece casual. Uvda está en pleno desierto del Néguev, lejos de la presión de las cámaras de Tel Aviv y Jerusalén, y permite que un avión oficial aterrice, descargue a su pasajero y lo vuelva a subir sin que nadie lo vea salir. Nadie firma una visita así por cortesía.

La discreción no era estética: era parte de la operación. Lo que no se anuncia no se puede negociar en público, y lo que no se negocia en público no genera vetos.

Lo que sí quedó fuera del comunicado fue cualquier referencia a Irán por escrito. Ni un solo párrafo. Eso, en la gramática diplomática de la región, se traduce en margen: margen para decidir, margen para desmentir y margen para que el adversario se equivoque al interpretar. Este mismo domingo, antes del aterrizaje, Trump respaldó públicamente a Netanyahu de cara a los comicios del 27 de octubre, las primeras elecciones israelíes desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Por qué el calendario electoral pesa más que el militar

Netanyahu declaró este mes a medios israelíes que no busca atacar Irán antes de los comicios. Trump ha dicho, por su parte, que no ordenará una acción contra Teherán antes de las legislativas estadounidenses de noviembre. Dos relojes, dos electores.

La lógica es sencilla y vieja: quien vota no quiere funerales con su nombre en el sobre. Pero la infraestructura ya está montada. Desde al menos febrero, Israel aloja fuerzas y aeronaves estadounidenses adicionales como parte de la guerra con Irán, y a finales de ese mismo mes Washington y Tel Aviv lanzaron ataques conjuntos contra objetivos iraníes que abrieron el conflicto regional actual. Aviones de reabastecimiento, cazas, y plataformas de mando: el paquete de fuerzas ya está sobre el terreno. Lo que se negocia ahora no es si habrá operación, sino cuándo y con qué reparto de tareas.

Publicidad

A eso se suma el frente que no depende de ninguna de las dos capitales. Los hutíes, aliados de Irán, han intensificado sus ataques contra Arabia Saudí, y la tensión en Ormuz mantiene en vilo el tráfico marítimo. Dejémoslo en un ‘ya veremos’. La próxima chispa no la decidirá una rueda de prensa en el Néguev, sino un dron mal calculado sobre el mar Rojo.

Equilibrio de Poder

Washington juega con dos barajas y no lo esconde. Por un lado, mantiene la presión militar sobre Teherán con una arquitectura de fuerzas que ya está desplegada y que el propio Hegseth ha ido a inspeccionar en la región. Por otro, la Casa Blanca subordina cualquier escalada a su propio calendario interno: noviembre. Es la misma tensión que atravesó la política estadounidense en 1968 y en 2004, cuando el Pentágono tuvo que explicar por qué una operación esperaba a que cerraran los colegios. La diferencia es que ahora el candidato de referencia no es un presidente en funciones, sino un primer ministro extranjero al que Trump ha endorsado sin disimulo.

Moscú observa con la comodidad del que no paga la factura. Cada portaaviones que se desplaza al golfo Pérsico es un portaaviones que no está en el Mediterráneo oriental ni en el mar Negro. Cada ciclo de atención de la inteligencia estadounidense dedicado a Irán es un ciclo menos dedicado a Ucrania. No hace falta que el Kremlin mueva una pieza: le basta con que Washington mueva las suyas en otra dirección. Pekín, entretanto, mira el precio del crudo y calcula.

Bruselas, como casi siempre en este expediente, llega tarde y por la vía económica. La Unión Europea no tiene voz en la mesa donde se decide el calendario de ataques, pero sí tiene buques en el mar Rojo bajo la Operación Aspides, la misión naval que protege el tráfico mercante de los ataques hutíes. Y tiene una economía que absorbe cada repunte del Brent como un impuesto invisible.

Para España el cálculo es directo. Las bases de Rota y Morón sostienen el grueso de la huella militar estadounidense en el sur de Europa, y cualquier reequilibrio de fuerzas hacia CENTCOM se paga con menores medios en el flanco sur de la OTAN, justo donde Rabat y Argel observan. A eso se suma el precio de la energía: una interrupción del tránsito en Ormuz no dispara solo el crudo, arrastra al gas licuado y golpea la factura industrial española en un momento sin colchón fiscal. Y en el Sahel, cualquier distracción occidental se traduce en más espacio para los grupos yihadistas y en más presión migratoria sobre Canarias y el Estrecho.

El precedente que conviene tener a mano no es el de febrero, sino el de 1973. Entonces la inteligencia israelí descartó la guerra porque el calendario político no la hacía conveniente. La historia no se repite, pero rima con una facilidad incómoda. La ventana crítica se abre el 28 de octubre: un día después de las urnas israelíes, y con las legislativas estadounidenses aún por delante, Netanyahu recuperará margen y Trump seguirá sin él. Ese hueco de cuatro semanas es el que hay que vigilar. Seguimos de cerca la próxima comparecencia del Mando Central y el primer informe del ISW posterior a los comicios.