China duplica el tonelaje naval de EE.UU. y estrecha la brecha, según Euronaval

El informe World Defense Shipbuilding constata el primer vuelco de la serie: en 2022-23 EE.UU. botaba más tonelaje que China. España queda fuera del top ten de constructores navales.

El tonelaje naval de China botó entre 2024 y 2025 más del doble que el estadounidense: 636.208 toneladas de buques de combate frente a 270.509, según el informe World Defense Shipbuilding que Euronaval publica antes de su edición de 2026. El salón, el mayor del mundo en defensa marítima, abre en París el 3 de noviembre con un 40% más de expositores que hace dos años.

La serie estadística tiene un punto de inflexión claro. En el bienio 2022-23, según la edición anterior del mismo informe, los astilleros chinos entregaron 202.520 toneladas y los estadounidenses 245.703. Es decir: Estados Unidos todavía ganaba. Dos años después la relación se ha invertido por un factor de 2,35. No es una corrección menor; es un cambio de régimen industrial.

Por qué el vuelco se ha producido en solo dos años

El contexto global acompaña. En 2024-25 se botaron 1,47 millones de toneladas de buques de combate en el mundo, frente a 959.671 en el periodo anterior, y el valor de esa producción saltó de 81.800 a 123.900 millones de dólares. China concentró más de un tercio del total. Los datos los firman Flottes de Combat y Gican, la patronal naval francesa, no una fuente improvisada. Puedes consultar el calendario y el programa de la feria en la web oficial de Euronaval.

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Hay un matiz que conviene no perder: China produce más, pero Estados Unidos aún tiene más flota a flote. A 1 de enero de 2026, la marina estadounidense sumaba 3,11 millones de toneladas de buques de combate de más de 200 toneladas, frente a 1,44 millones chinas. Dos años antes la foto era 3,22 contra 1,30. La conclusión se escribe sola: una flota se encoge y la otra crece.

Por qué el tonelaje construido pesa más que el tonelaje a flote

En dólares, la diferencia se estrecha aún más. La construcción de buques de combate chinos movió 43.500 millones en el último bienio, por 26.800 millones estadounidenses. El coste por tonelada de un astillero del Yangtsé y uno de Virginia no se parecen, y eso es precisamente lo que inquieta en el Capitolio: los investigadores del Congreso llevan dos legislaturas advirtiendo de que la capacidad china, sumada a los cuellos de botella de la industria estadounidense, erosiona la ventaja naval de Washington.

‘Estamos viendo una expansión bastante sustancial de las fuerzas navales y, en consecuencia, de la construcción naval’, resumió Philippe Missoffe, director general de Gican, en la presentación del informe. Mencionó en concreto el incremento de los submarinos nucleares de ataque, el indicador que de verdad separa a una marina de aguas verdes de una marina oceánica. Para más contexto sobre esa fuerza, la entrada de la Armada del Ejército Popular de Liberación en Wikipedia ofrece la cronología de su expansión. El resto del ránking lo completan Rusia (149.056 toneladas), India (76.430) e Italia (53.700), con Turquía, Francia, Japón, Corea del Sur y Rumanía cerrando el top ten. España no aparece.

El tonelaje no gana guerras por sí solo, pero marca cuántos cascos puede permitirse perder un país antes de que su flota deje de existir.

Equilibrio de Poder

La primera lectura es para Washington. La administración Trump ha convertido el Indo-Pacífico en su prioridad declarada y, al mismo tiempo, exige a Europa que pague su propia defensa. Ambas cosas son compatibles con el dato de Euronaval y explican por qué Bruselas ha acelerado la compra conjunta y la Estrategia Industrial de Defensa europea: si el Pacífico absorbe los cascos estadounidenses, el Atlántico y el Mediterráneo quedan más solos. Moscú, tercera potencia constructora pero con una cartera centrada en submarinos y buques lanzamisiles, juega otro tablero: menos tonelaje, más letalidad por unidad.

Para España el informe tiene una lectura incómoda. No figuramos entre los diez primeros constructores, pese a que Navantia sostiene programas como las fragatas F-110, los submarinos S-80 y la corbeta de patrulla europea. La base industrial española es técnicamente solvente y comercialmente pequeña: fabricamos bien lo que vendemos, pero vendemos poco volumen. A eso se suma la dependencia del sostenimiento de los cuatro destructores AEGIS de Rota, que siguen siendo el mayor despliegue antimisiles permanente estadounidense en Europa.

La aritmética a cinco años permite poner fecha aproximada al sorpasso. Si China mantiene el ritmo de los últimos dos ejercicios —unas 318.000 toneladas anuales frente a 135.000 estadounidenses— y se ignoran las bajas por retirada, la diferencia de inventario actual, de 1,67 millones de toneladas, se cerraría en torno a una década. Es un cálculo grueso, con descomisiones de por medio que pueden adelantarlo o retrasarlo dos o tres años. Pero la dirección del vector no admite discusión.

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Europa, en conjunto, produce menos que China y de forma fragmentada: astilleros nacionales compitiendo por los mismos contratos, con Italia como única presencia relevante en el ránking. La consolidación que Bruselas predica en defensa terrestre sigue pendiente en el agua. Ahí hay una oportunidad industrial para España si Navantia logra entrar en los programas cooperativos antes de que se reparta el mapa.

Conviene introducir el contrapeso antes de que el titular se coma el matiz. El tonelaje mide acero, no capacidad de combate: un portaaviones nuclear, un SSBN o un destructor con 96 celdas verticales pesan lo mismo que cuatro patrulleros de altura y no valen lo mismo. Sumando a Japón, Corea del Sur, Italia, Francia y el Reino Unido, el bloque occidental y sus aliados del Indo-Pacífico siguen por delante en valor y en tecnología de sensores. La ventaja se está comiendo, no se ha comido.

Lo observamos con la mirada puesta en dos citas concretas. La primera es la feria de París: del 3 al 6 de noviembre, en Villepinte, con más expositores que nunca y una delegación asiática que no va solo a mirar. La segunda es la próxima edición del World Defense Shipbuilding, previsiblemente en 2028. Si el ratio de 2,35 se mantiene o crece, la conversación habrá dejado de ser sobre construcción naval y habrá pasado a ser sobre quién pone las reglas en el mar de la China meridional, en el Golfo, y en el Atlántico norte.