EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El gas TTF holandés ha superado los 91 euros por megavatio hora, su cota más alta desde el 23 de diciembre de 2022, tras subir un 4,8% en la sesión y acumular un 185% desde el estallido del conflicto en Oriente Medio.
- ¿Quién está detrás? El mercado holandés de referencia, la tensión geopolítica en el Golfo Pérsico y unos almacenes europeos al 75% de capacidad cuando el Reglamento (UE) 2022/1032 exige el 90% para el 1 de noviembre.
- ¿Qué impacto tiene? Presión directa sobre la inflación de la Eurozona y sobre el recibo de la luz en España, donde el gas sigue fijando el precio marginal del pool; el Ibex se dejó más de un 2% en la misma jornada.
El gas TTF holandés ha superado este jueves los 91 euros por megavatio hora, máximo desde diciembre de 2022, y devuelve al BCE un debate que Bruselas daba por cerrado: la energía vuelve a empujar los precios.
La referencia europea llegó a cotizar a 91,416 euros/MWh a las 15:18 horas, con un repunte del 4,8% frente al cierre del miércoles, y a las 18:30 se movía en 90,885 euros, todavía con un avance del 4,46%. En el acumulado del año el gas natural en Europa se dispara más del 220%; desde el estallido del conflicto en Oriente Medio, más del 185%.
El movimiento no se quedó en el mercado mayorista. El Ibex español se dejó más de un 2% en una jornada en la que la escalada del crudo y del gas y el temor a una crisis de deuda arrastraron a las bolsas europeas. La Bolsa española, como siempre que sopla viento del Este, actuó de pararrayos.
El guion ha cambiado.
Por qué los almacenes al 75% rompen el calendario de Bruselas
El Reglamento (UE) 2022/1032, aprobado en plena crisis tras la invasión rusa de Ucrania, obliga a los Estados miembros a situar sus almacenes subterráneos al 90% de capacidad antes del 1 de noviembre. Este año la media europea ronda el 75%, un nivel que las fuentes de XTB consultadas califican de ‘excepcionalmente bajo’ para estas alturas del calendario, cuando el ciclo de llenado ya está cerrando.
Europa no tiene un problema de precio del gas: tiene un problema de margen físico con el invierno ya empezado y diez días para cerrar el expediente.
Los analistas de la firma sitúan el soporte del TTF entre 90,96 y 94,52 euros si la escalada continúa. La logística explica el resto: con menos reservas, cualquier interrupción de los flujos procedentes del Golfo Pérsico se traduce en prima de riesgo inmediata, porque el mercado europeo ha perdido el colchón que le daba el gas ruso por tubería.
Quedan diez días.
El BCE mira al TTF y España mira su factura

Para el Banco Central Europeo, el problema tiene nombre técnico: efecto de segunda ronda. Un encarecimiento del gas que dure todo el invierno se cuela en la electricidad, en los costes industriales y, con retraso de dos o tres trimestres, en los salarios. Si el TTF se instala por encima de los 90 euros hasta marzo, el escenario de inflación que el Consejo de Gobierno tiene sobre la mesa dejará de sostenerse, y la senda de tipos tendrá que reescribirse otra vez.
En España el canal es más directo de lo que parece. Aunque la Península tiene una cuota renovable alta y apenas consume gas ruso, el mercado ibérico sigue funcionando con tecnología marginal: la central de gas más cara que entra en el despacho fija el precio de casi todas las horas. Un TTF a 91 euros arrastra al pool y, con él, a la factura doméstica y a los contratos industriales indexados.
Los sectores que lo notan primero son los de siempre: cerámica, química, papel, alimentación y fertilizantes, todos ellos electrointensivos y expuestos a la competencia de productores con energía más barata. A eso se suma el transporte, porque el gasóleo cotiza en el mismo vendaval geopolítico que el gas. La cuenta llega igual, con o sin tope al consumo.
En el plano político, el margen de La Moncloa es estrecho. La excepción ibérica, el tope al gas que España y Portugal arrancaron a Bruselas en 2022, expiró a finales de 2023 y no hay mecanismo equivalente en vigor. El debate sobre los impuestos energéticos y las ayudas directas vuelve a la casilla de salida sin que nadie haya confirmado por ahora qué instrumentos se activarían si el invierno se tuerce.
El Eje del Poder Europeo
La geometría de esta crisis es la misma que la de 2022, con un matiz decisivo: ahora no hay un culpable único al que señalar. Países Bajos alberga el hub que marca el precio, pero sufre tanto como el resto; Alemania, que reconstruyó su industria sobre gas barato, vuelve a mirar con envidia los precios industriales estadounidenses; los frugales del norte (Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Austria, Finlandia) rechazan de nuevo cualquier intervención estructural del mercado y defienden que el precio es la señal. El sur, con España, Italia, Portugal y Grecia a la cabeza, reclama compras conjuntas con más músculo, almacenamiento estratégico y, sobre todo, desacoplar la electricidad del gas. Visegrado, mientras, hace equilibrios: Polonia presume de haber cortado con Moscú, pero paga la factura del sustituto.
El precedente está a la vista. En 2022 Bruselas cedió a la excepción ibérica no por convicción técnica, sino porque el eje franco-alemán necesitaba mantener cohesionado al sur mientras negociaba el embargo al crudo ruso. Cuando el Consejo de Energía vuelva a reunirse, la pregunta será la misma que entonces: cuánto está dispuesta a pagar Berlín para que Roma y Madrid no rompan la fila. El nuevo diseño del mercado eléctrico, pactado a finales de 2023, permitió a los Estados subsidiar la industria con más flexibilidad, pero no tocó la esencia marginalista que España lleva años discutiendo.
Observamos, eso sí, un riesgo que Bruselas no verbaliza: si el invierno es duro y los almacenes llegan a febrero por debajo del 30%, la Comisión tendrá que elegir entre relajar la disciplina fiscal para permitir ayudas nacionales o asistir a una fragmentación de facto del mercado interior energético, con Alemania subvencionando a su industria y el sur sin capacidad fiscal para seguirla. La cuenta no es de este invierno. Es estructural.
Nadie quiere asumirlo en público. El próximo hito verificable es el 1 de noviembre, cuando Eurostat y la Comisión publiquen el grado de cumplimiento del reglamento de almacenamiento; después, la reunión de los ministros de Energía y, por encima de todo, la cita del BCE, donde el TTF habrá dejado de ser una variable exógena para convertirse en el factor dominante.

