El secretario del Tesoro Bessent descarta la burbuja de la IA mientras los bancos bloquean los bots no autorizados

El Tesoro niega un colapso sistémico mientras Wells Fargo y JPMorgan restringen el acceso de agentes automáticos a las cuentas. La banca abierta europea queda en el punto de mira.

Scott Bessent descarta la burbuja de la IA: «Esto no es Pets.com», dijo esta semana en Nueva York.

El secretario del Tesoro no lo dijo en un mitin ni ante las cámaras. Lo dijo en voz baja, en la conferencia anual de inversores que JPMorgan Chase y Robin Hood celebran en Nueva York, en una conversación con Nir Bar Dea, consejero delegado de Bridgewater, y según el relato de tres asistentes recogido por el Financial Times. Habló donde habla el dinero.

«Se me da bien detectar cuándo hay problemas en los sistemas», sostuvo. «No veo un problema sistémico». La frase resume la posición del Departamento del Tesoro ante el ciclo de inversión más caro de la historia reciente: no hay burbuja de la IA, hay un despliegue industrial.

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La comparación que eligió no es casual. En 2000, el estallido de las puntocom arrasó con centenares de compañías que vendían promesas y no tenían caja. Entre ellas, el caso de Pets.com, la tienda de comida para mascotas convertida en símbolo del desastre.

«: los hyperscalers —las grandes plataformas de nube, con Microsoft, Google, Amazon y Meta a la cabeza— financian la inversión con su propio balance, no con deuda de tercera categoría. Ya lo había explicado el 3 de octubre en una entrevista con Axios: «Lo distinto respecto a los noventa es que las empresas más ricas en caja de la historia están dispuestas a usar su propio dinero».

La diferencia con 2000 no es la euforia: es quién paga la factura. Entonces la pagó el minorista; ahora, el balance de las grandes tecnológicas.

Pero mientras Bessent negaba la burbuja en un salón de Nueva York, la otra mitad del sistema financiero americano se movía en dirección contraria. No en los mercados. En las cuentas corrientes.

De los bots que leen a los bots que firman: el cerrojo de los grandes bancos

Wells Fargo lo confirmó: «Hemos tomado medidas para bloquear a agentes no autorizados que acceden a cuentas de clientes». JPMorgan Chase, coanfitrión del encuentro, optó por el aviso preventivo: no compartir usuario y contraseña con nadie y canalizar los accesos a través de proveedores de open banking (la banca abierta, el marco que permite a terceros autorizados leer datos con permiso del titular).

Morgan Stanley asegura que todavía no ha detectado actividad irregular de agentes de IA en sus plataformas. Bank of America no respondió a las preguntas y Citi no había facilitado declaración al cierre de la información. No es una tormenta. Es un control de credenciales a escala nacional.

La distinción técnica importa. JPMorgan y Citi permiten agentes de IA con acceso de solo lectura a la información de la cuenta, según recoge PYMNTS. Lo que se corta no es la inteligencia artificial: es la inteligencia artificial con permiso de firma, la que inicia una transferencia en nombre de un humano que quizá no está mirando la pantalla.

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Y ahí se cruzan las dos noticias. El país que presume de que sus mayores tecnológicas financian la IA con caja propia descubre que esa misma IA ya está llamando a la puerta del banco. El mercado ya lo ha descontado: la confianza en el modelo y la confianza en el sistema de pagos son dos cosas distintas.

Qué significa esto para España: banca abierta, ahorro indexado y reglas europeas

En Madrid la película se ve con otro cristal. Los dos grandes bancos españoles, Santander y BBVA, llevan años construyendo su estrategia sobre la banca abierta europea, el marco regulatorio que obliga a las entidades a compartir datos con terceros bajo consentimiento del cliente. Esa ventaja se convierte ahora en obligación de vigilancia: cuanto más ancho es el conducto, más fino tiene que ser el filtro de identidad.

A eso se suma el canal del ahorro. Buena parte del dinero de los hogares españoles colocado en fondos indexados globales acaba teniendo su mayor peso en las siete grandes tecnológicas americanas. Si la tesis de Bessent se rompiera, el primer golpe no llegaría desde La Moncloa, sino desde el valor liquidativo de miles de partícipes españoles. Un ajuste de valoración, eso sí, no es una quiebra sistémica: es una corrección que se digiere con tiempo.

Y queda el flanco industrial. La inversión en centros de datos compite por energía y por suelo con los proyectos de renovables de grupos como Iberdrola o Acciona, y depende de una cadena de suministro, la de los chips, que Washington administra a golpe de arancel y control de exportación. Ahí España no es actor. Es cliente.

Scott Bessent

La Lógica de Washington

Entender por qué el Departamento del Tesoro sale a desactivar el relato de la burbuja exige mirar hacia dentro del sistema, no hacia el gráfico del Nasdaq. La IA se ha convertido en el principal motor de inversión privada de la economía americana y, por extensión, en uno de los sostenes del crecimiento que alimenta la recaudación federal. Un secretario del Tesoro no es un analista de mercados: es el responsable de que el Estado coloque deuda a tipos razonables. Si el mercado entra en pánico con el sector que explica buena parte del PIB, el Tesoro lo paga en cada subasta.

Hay también una lógica de coalición. El Partido Republicano lleva una década asentando su mayoría sobre dos patas: desregulación tecnológica y capitalismo de balance. La doctrina no es «el Estado invierte», sino «las empresas más ricas del mundo invierten y el Estado no estorba». Bessent es su portavoz natural. El precedente histórico está a la vista: es la misma lógica con la que la administración Reagan defendió la expansión del capital riesgo en los ochenta y con la que la administración Clinton convivió con la euforia de las puntocom sin tocar el precio de la tecnología. En ambos casos, Washington decidió que su trabajo no era marcar el precio del futuro.

Lo que observamos es una divergencia que va a marcar los próximos trimestres: el discurso oficial defiende la solidez del despliegue mientras los departamentos de riesgo de los bancos, que responden con su propio capital, aplican prudencia. Ninguna de las dos cosas es contradictoria. Es la misma separación que en 2008 dejó a los supervisores políticos de de las mesas de riesgo. Y la incógnita real no es si hay burbuja, sino si el sistema de pagos está preparado para que millones de agentes automáticos actúen por personas que no están delante de la pantalla.

La próxima ventana no está en el calendario del Congreso, sino en los reguladores. La SEC y la Reserva Federal tienen sobre la mesa la pregunta de si un agente de IA es un usuario o un intermediario a efectos de responsabilidad, con el ciclo presupuestario como telón de fondo en el Capitolio. Mientras tanto, los bancos seguirán afinando el cerrojo. Washington no pide permiso para mover ficha. Wall Street tampoco.

Ficha del Caso

  • El caso: El secretario del Tesoro, Scott Bessent, negó en privado ante inversores en Nueva York que la IA sea una burbuja sistémica, mientras varios grandes bancos americanos bloquean agentes automáticos no autorizados en cuentas de clientes.
  • Datos clave: «Esto no es Pets.com», dijo Bessent en la conferencia de JPMorgan y Robin Hood, según tres asistentes citados por el Financial Times. Wells Fargo confirmó el bloqueo; Morgan Stanley no ha detectado actividad irregular; JPMorgan y Citi permiten acceso de solo lectura.
  • Para España: Santander y BBVA operan bajo el marco europeo de banca abierta, lo que eleva la exigencia de verificación de identidad, y el ahorro indexado de los hogares españoles tiene su mayor peso en las grandes tecnológicas americanas.