El Parlamento Europeo estudia ya si el expediente por acoso abierto contra Toni Comín sobrevive al cambio de mandato. El eurodiputado de Junts recogió el acta este jueves en Madrid y este sábado prevé cruzar a pie la frontera.
El limbo reglamentario en el que se ha metido la Eurocámara
El caso llevaba más de dos años en un cajón. Comín no había podido ejercer como eurodiputado desde las últimas elecciones europeas porque no había acatado la Constitución ante la Junta Electoral Central, un requisito que impuso la Mesa actual y que no figuraba en el mandato anterior, cuando bastaba con ser elegido. Ese trámite se desbloqueó el jueves.
Con el acta en la mano, la institución afronta una pregunta para la que no tiene respuesta: si una denuncia por acoso se mantiene de un mandato a otro. Según fuentes internas citadas por Crónica Global, en la casa no hay un criterio fijado y ‘se está estudiando’ si la reapertura sería automática o si haría falta una nueva denuncia. El órgano competente todavía no ha decidido nada, pero avisa de que resolverá ‘próximamente’.
Los protocolos de la Eurocámara son, según esas mismas fuentes, opacos por diseño —pensados para proteger a las víctimas— y muy recientes. No existe precedente sobre qué ocurre cuando el investigado deja de ser eurodiputado durante un tiempo y luego vuelve. Nadie sabe, en definitiva, si el reloj se detiene o si el contador regresa a cero.
El informe que el Parlamento Europeo cerró en marzo de 2026 describe un escenario de abuso de autoridad. El exasesor relata tocamientos no consentidos, preguntas constantes sobre su vida sexual, insinuaciones, broncas, humillaciones, y amenazas de despido si no se plegaba a las formas de trabajo de su superior. El resultado, según ese mismo documento, fue un cuadro de estrés y ansiedad.
Comín niega los hechos y niega también que esa persona le asesorara. Sostiene que nadie del Parlamento le llamó para contrastar el asunto mientras se redactaba el informe.
Un expediente por acoso no caduca porque el investigado gane tiempo, sino porque la institución que debe resolverlo prefiere no hacerlo.
De la Eurocámara a la frontera, a pie
El regreso físico está previsto para este sábado a las 12.00 horas. Comín cruzará la frontera hispanofrancesa caminando, en una marcha de menos de una hora que el independentismo ha vuelto a envolver de épica. Es el enésimo intento de escenificar un retorno que, por ahora, deja frío a propios y a extraños.

El precedente más cercano no ayuda a la liturgia. Lluís Puig, exconseller de Cultura, fue el primero en volver tras la amnistía del Tribunal Supremo. Junts le montó un recibimiento en su Terrassa natal el miércoles y el Parlament presidido por Josep Rull hizo lo propio el jueves, con los Cants per la Llibertat que la ciudad celebra a diario desde 2017 como telón de fondo. Reunió a unos pocos centenares de personas.
El mismo jueves, Oriol Junqueras celebraba en Sant Vicenç dels Horts algo bastante menos épico y bastante más terrenal: que podrá volver a dar clases en la universidad. Los focos, de nuevo, donde menos se le esperaba.
Por qué este regreso resta más de lo que suma
La amnistía se vendió como el regreso de los dirigentes del 1-O a la vida pública. Lo que observamos es una colección de retornos de perfil bajo, con actos de partido, aforos discretos y una épica que ya no llena plazas. El de Comín añade un ingrediente que los demás no tienen: un expediente abierto por acoso que puede reactivarse justo cuando por fin ocupa su escaño.
En el seno de los posconvergentes la broma no es nueva. Cuando se destapó la investigación ya se hablaba de ‘cadáver político’ y de alguien que ‘resta mucho más que suma’ entre el electorado independentista. Esa frase tiene ahora un problema añadido: quien la pronuncia no está hablando de un rival, sino de un compañero de candidatura que acaba de estrenar acta.
La paradoja es fina. Comín ha pasado más de dos años sin ejercer por negarse a un trámite, el acatamiento ante la Junta Electoral Central, que la Mesa del Parlamento Europeo convirtió en obligatorio. Ha terminado por pasar por el aro y es ese mismo gesto administrativo el que desbloquea la maquinaria que ahora puede investigarle. La política tiene estas cosas.
La trayectoria de Toni Comín, exconseller de Salut y una de las figuras más reconocibles del puigdemontismo en Bruselas, queda así en manos de un criterio que la propia Eurocámara admite no tener. Si el órgano competente decide que el expediente se extinguió con el mandato, el caso morirá sin resolución. Si decide lo contrario, el primer pleno con Comín sentado será también el primer pleno con una investigación por acoso viva sobre la mesa.
Ninguna de las dos salidas es cómoda para Junts. La primera deja la sensación de que la institución miró hacia otro lado. La segunda convierte a su eurodiputado en el único escaño de la delegación con un expediente disciplinario abierto. Y en ambos casos, el relato de la vuelta a casa se queda sin clímax.
La Eurocámara resolverá, dice, ‘próximamente’. Comín tiene este sábado una hora de caminata y una frontera que llevaba años sin pisar. El resto del trayecto no depende de él.

