Feijóo confirma su llamada a Abascal y abre el pacto PP Vox en el Senado si Vox renuncia a provincias.
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha desvelado en una entrevista en la Cadena SER emitida este viernes que la conversación con el líder de Vox se produjo el miércoles. ‘La última vez que hablé con él fue antes de ayer’, ha asegurado al ser preguntado por los contactos directos con Santiago Abascal. Las conversaciones siguen abiertas y ninguna de las partes ha detallado su contenido.
Alcanzar los tres quintos de la Cámara Alta es el objetivo compartido: es la mayoría reforzada que exige la Constitución para renovar órganos como el Tribunal Constitucional. La izquierda ya ha cerrado una lista única para el Senado, de modo que la aritmética institucional vuelve a depender de un acuerdo entre los dos partidos de la derecha. Ahí empieza todo.
Qué pide Vox y con qué argumentos
El intercambio sobre la mesa responde a una lógica de reciprocidad que el propio Feijóo dio por conocida: Vox pide al PP que renuncie a presentar candidatura en circunscripciones donde nunca ha tenido senador, y a cambio el partido de Abascal no concurriría en varias provincias. No es un capricho de reparto. En provincias pequeñas, donde el último escaño se decide por puñados de votos, dos candidaturas del mismo espacio político garantizan que ninguno de los dos lo consiga.
Ese argumentario se sostiene en dos piezas. La primera es aritmética: sin un mapa pactado, la derecha no llega a los tres quintos y la renovación de los órganos constitucionales queda en manos de la mayoría que ya han tejido el PSOE y sus socios. La segunda es política: si Vox es decisivo para ese objetivo, debe serlo también a la hora de fijar las candidaturas que lo hacen posible.
Quien decide el Senado decide la renovación de los órganos constitucionales, y Vox quiere convertir ese peso en un acuerdo por escrito.
La negociación se circunscribe a la Cámara Alta y a las candidaturas provinciales. Nada de lo trascendido afecta a las listas al Congreso, donde cada partido conserva su libertad de movimientos. Eso permite hablar de un pacto técnico sin que ninguno de los dos tenga que asumir por ahora un acuerdo de legislatura.
Qué ofrece el PP y cuánto recorrido tiene

Feijóo ha calificado de ‘desactualizada’ la formulación que había circulado sobre las provincias, aunque acto seguido ha aceptado el principio. ‘Lo lógico, si Vox no se presenta en determinadas provincias, es que el PP corresponda a ese gesto’, ha afirmado, sin concretar de qué forma se materializa esa correspondencia.
Sobre la mesa hay dos mecanismos. El primero pasa por ceder senadores autonómicos a Vox. El segundo consiste en facilitarle la formación de grupo parlamentario propio cediéndole representantes de forma temporal al constituirse las Cortes, de manera que después cada partido mantenga a los suyos durante el resto de la legislatura. Es una operación que el PSOE ya hizo con sus socios.
La pregunta de fondo, la de gobernar con Vox, ha quedado respondida en términos elípticos. ‘Haré lo que me manden los españoles, soy un demócrata’, ha dicho el líder del PP, que ha evitado suscribir el compromiso de 2023 de no gobernar si no es la lista más votada. ‘No contemplamos otra hipótesis’, ha insistido. El estado de la negociacion, según su versión, es de conversación abierta.
El recorrido real del acuerdo depende de dos factores que no controla el PP. El primero es cuántas provincias están dispuestas a ceder ambas partes sin que sus bases locales lo lean como una rendición. El segundo es el resultado de las elecciones generales del 29 de noviembre: la aritmética de los tres quintos se calcula sobre el Senado que salga de las urnas, no sobre el actual.
La lectura estratégica: el precio del gesto
Hay un precedente que explica la desconfianza de Vox. En el verano de 2023 el partido rompió los gobiernos de coalición autonómicos que compartía con el PP tras el giro de los populares en política migratoria. Desde entonces, cada acuerdo entre ambos se negocia con la memoria de aquella ruptura. Feijóo lo sabe, y por eso ha preferido desvelar la llamada del miércoles antes de que lo hiciera el otro lado.
La contradicción del adversario está fechada. En 2023 el PP se comprometió a no gobernar sin ser la lista más votada; ahora su presidente se declara demócrata disponible para lo que manden las urnas y se limita a descartar el escenario en el que no gana. Es el mismo dirigente que reclama a Vox un gesto de generosidad provincial mientras se reserva la decisión sobre la investidura. Ahí tiene Vox su argumento más rentable.
Lo que se decide en las próximas semanas no es solo un puñado de senadores. Es si el pulso por la derecha se resuelve con un reparto pactado o con dos campañas compitiendo por el mismo electorado. Las candidaturas se registran antes del 29 de noviembre y las Cámaras se constituyen después. Para entonces, el teléfono del miércoles tendrá que haberse convertido en algo más que una llamada.
